La extorsión y el robo de identidad

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José Melton

Ya que la vida ahora se desarrolla en las redes sociales y por la gran necesidad de aceptación en estas que tienen muchas personas, es común que cualquiera acepte a más de un desconocido sólo por tener un mayor número de “amigos”, ya que esto es sinónimo (?) de una vida exitosa, por lo menos en la vida virtual.

Este tipo de práctica deja vulnerables a los usuarios de la red a una infinidad de ilícitos que se pueden cometer por la vía virtual, los más comunes, el robo de identidad, información, fotos y hasta la extorsión. Esto es más fácil para los amantes de lo ajeno cuando nosotros compartimos demasiada información personal, sin tener algo de cuidado.

Por lo regular, se estila subir a estas redes sociales fotografías acompañadas de textos, no siempre reales, sobre un nuevo ascenso en el trabajo, auto nuevo, vacaciones, lujos o cualquier cosa que implique, de alguna manera, llevar un ritmo de vida muy ostentoso, mientras más lo sea, es mejor… ¿para quién?

Sin duda es mejor para los ciberdelincuentes, pues mientras más información personal tengan, más fácil se les hace despojarnos de algo. En este caso, nuestra identidad, con todo lo que conlleva, nombre, fotografías, estilo de vida y lo más importante, nuestros contactos.

Todo inicia con copiar el nombre, las fotos y enviar una solicitud de amistad a todos los contactos, acto seguido, les envían un mensaje diciendo que ha sucedido una tragedia y que necesitan de su ayuda, por supuesto monetaria, y aprovechando que las relaciones interpersonales son mínimas, hay quien sí cae y deposita alguna cantidad.

En otros casos, la extorsión no es a los contactos sino a la misma persona a la que le robaron identidad; usando sus fotos y la información publicada, amenazan con hacerle daño o algún familiar si no les es entregada una cantidad de dinero. Y la culpa no es de los delincuentes, es de quien publica la información.

Aunque creamos que nunca nos va a suceder, es mejor mantener alejada nuestra información personal de las redes sociales, y no es por esconderla, pero ante la inseguridad, es mejor no compartirla, sobre todo si la realidad que vivimos no es la que mostramos en la web.