El Estado mexicano le falla a los jóvenes

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Por Adalberto Villasana

Salimos de casa, pero quién sabe si regresemos. En la Ciudad de México y zona conurbada los gobiernos locales se desviven por inhibir el uso del auto particular, pero carecen de un proyecto para brindar un transporte público suficiente, eficiente, eficaz y seguro.

Un joven no es uno entre cien mil, una cifra en una estadística, es el hijo de una madre, un padre, el hermano, el esposo, compañero, amigo. Venía de un lado iba a otro; trabajaba, jugaba, soñaba.

Los gobiernos de la Ciudad de México y el Estados de México fracasaron en su misión de brindar seguridad a la población, un día sí y otro también vemos en los diarios el asesinado de una persona que viajaba en el transporte público. En otros caso mueren porque el chofer de la unidad chocó, volcó, averió el automotor.

La Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) nos indica que el mes de diciembre de 2016, 74.1% de la población de 18 años y más residente en las ciudades de interés, consideró que vivir en su ciudad es inseguro.

En lo referente a la percepción de seguridad en espacios físicos específicos, 82% de la población de 18 años y más manifestó sentirse insegura en los cajeros automáticos localizados en la vía pública, 74.2% en el transporte público, 68.3% en el banco y 67.1% en las calles que habitualmente usa.

Y es el transporte público uno de los sitios más inseguros de la zona metropolitana en gran medida por la impunidad con la que operan los cobardes delincuentes que, incluso llaman “trabajo” a su reprobable acción.

Una vez más la reflexión: ¿qué hicimos? ¿qué dejamos de hacer?

Como sociedad nos vamos acabando, sin valores sin respeto. No me tocó escucharlo, me lo contaron: Un raterillo, pistola en mano en una “combi” le exige a un adolescente en dinero y el celular durante un atraco; el menor entrega una monedas y el delincuente le reprende: “Esto que mano”, el estudiante le explica que no trabaja y sólo tiene lo que le dan sus padres para ir a la escuela y regresar, por ende no tiene teléfono móvil; el ratero lanza un discurso moralino: “¡Pónte a trabajar mano, no puedes andar así por la vida!

No sabemos si llorar o reír, de la pena el coraje o la frustración. Hace unos días el joven Pedro Vega (Q.E.P.D) enfrento a sus agresores y murió. Es aquí donde el Estado mexicano le falla sus jóvenes a la ciudadanía, es incapaz de brindar seguridad y peor aún castigar a los responsables, vemos delincuentes que entran y salen de reclusorios como sí estuvieran en casa. Cortan vidas de gente valiosa para la nación, hombres y mujeres que trabajan por un México diferente.

Siento tristeza por el que se fue y por el que se queda; el primero es uno menos para el desarrollo de México, el que se queda, carente de oportunidades en educación y trabajo, anida un enorme resentimiento social, porque quizás fue un hijo no deseado.

Textualmente hay que decirlo: Los resultados mandan y el decimocuarto levantamiento de la ENSU reveló: en el cuartotrimestre de 2016, la población mencionó haber visto o escuchado conductas delictivas o antisociales en los alrededores de su vivienda fueron: consumo de alcohol en las calles (66%), robos o asaltos (65.6%), vandalismo (51.4%), venta o consumo de drogas (42.3%), bandas violentas o pandillerismo (34.7%) y disparos frecuentes con armas (34%). Ahora hay que cambiar este México por uno mejor para las futuras generaciones.

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