Constitución de vanguardia

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La Constitución Política de la Ciudad de México es producto de una ardua lucha de las fuerzas políticas progresistas y democráticas del país, mismas que permitieron que ésta hoy se vea consolidada. Ya en vigor, la Constitución local integra a la capital del país como una entidad federativa más, con autonomía constitucional en su régimen interior y una nueva conformación en su organización político-administrativa.

Entre las innovaciones, considera la figura de alcaldes y concejales, que sustituyen a las anteriores jefaturas delegacionales, para conformar gobiernos colegiados de contrapesos; así como la nueva composición del Congreso que tiene una distribución paritaria, es decir, 50% hombres y 50% mujeres.

La Carta Magna de la ciudad está a la vanguardia en materia de derechos, y sirve de referencia para el país en el debate sobre nuestro marco normativo nacional, que es aún asignatura pendiente.

Entre algunas de las bondades de la Constitución de la capital del país se puede mencionar las siguientes; la facultad que tienen los ciudadanos para iniciar leyes, revocar el mandato a las autoridades, participar en referéndum y plebiscito, elaborar presupuestos participativos. También incorpora el referéndum para la aprobación de las reformas constitucionales, así como la elaboración, ejecución y evaluación de las políticas públicas.

Además, faculta al Congreso de la Ciudad de México para participar en las reformas a la Carta Magna y establece mecanismos sencillos y accesibles a las personas para demandar ante los jueces el cumplimiento de sus derechos. Así también, reconoce los derechos sexuales de las personas y garantiza el acceso a servicios integrales de educación y salud, además de proteger los derechos sexuales y reproductivos, entre algunos otros.

Nuestra Constitución es un contrato social que se había postergando por muchos años. Afortunadamente, ya está en vigor e iniciamos con ello un nuevo proceso en la constante lucha para mejorar las condiciones de vida, derechos y libertades para los capitalinos, quienes podrán valerse de las leyes para lograrlo.