Armamento sin control

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Adalberto Villasana

 

El Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció la salida del país norteamericano, a partir del 2 de febrero, del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio de 1987 (INF, siglas en inglés). Es el siguiente paso de Washington en su camino de destrucción del sistema internacional de control de armas, del sistema que durante décadas garantizaba la estabilidad estratégica en el mundo.

Hay que recordar que el Tratado INF (por las siglas en inglés de Intermediate-Range Nuclear Forces) es un acuerdo entre los Estados Unidos y la, en ese entonces, Unión Soviética firmado en Washington DC el 8 de diciembre de 1987 entre el en ese momento Presidente estadounidense, Ronald Reagan, y el Secretario General del Partido Comunista de la URSS Mijaíl Gorbachov. Fue ratificado por el Congreso estadounidense el 27 de mayo de 1988, y entró en efecto el 1o. de junio del mismo año.

Ahora, es evidente que EUA de hecho paso a paso derrumba el mecanismo establecido en esa esfera. Confirmaría este punto de vista la salida de la Casa Blanca del acuerdo sobre el programa nuclear iraní, la ejecución concienzuda del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas (START), no ratificar el Acuerdo universal sobre la prohibición de los ensayos nucleares de 1996; rechazó categórico del convenio sobre la prevención de la instalación del arma en el espacio cósmico, la renuncia del mecanismo de verificación de la convención por la prohibición del arma biológica.

Ahora vemos que el INF no le interesa más a Estados Unidos porque obstaculiza la creación de nuevos tipos de armamento ofensivo. No es el primer año que Washington ya está violando sus compromisos. Como siempre para las autoridades estadounidenses, la mejor vía de librarse de las restricciones indeseables es acusar a otros estados. En este caso es de nuevo Rusia, que todo el periodo cumplía con alta responsabilidad y transparencia sus obligaciones en el marco de los tratados firmados.

Textualmente hay que decirlo: una vez más se confirma que a la Casa Blanca no le interesa la seguridad de sus aliados en Europa. Según la lógica en el caso de la instalación de los misiles norteamericanos en los países europeos, estos estados inmediatamente se hacen los objetivos de arma rusa.

 

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