Clave para CDMX, rescatar a Xochimilco como productor biointensivo de comida

Foto: Archivo La Prensa

Clave para CDMX, rescatar a Xochimilco como productor biointensivo de comida

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Para la Ciudad de México (CDMX) es clave rescatar a Xochimilco como productor biointensivo de comida “para aspirar a darle de comer al menos a una buena parte de la ciudad en forma local”, consideró el maestro Francisco Bonilla Sevilla, socio fundador y docente de la Universidad del Medio Ambiente (UMA).

La importancia de lo anterior ha propiciado que varias fundaciones estén trabajando en Xochimilco en cómo restaurar los sistemas de chinampas (método mesoamericano de agricultura que a través de balsas cubiertas con tierra sirve para cultivar flores y verduras, y ampliar el territorio en la superficie de lagos y lagunas), en “cómo revalorar la tierra de los sistemas de chinampas; para que la tierra valga más como chinampa que como predio urbano”.

En su conferencia ‘Sustentabilidad, resiliencia y regeneración: unas nuevas instrucciones de diseño’, que impartió en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México como parte del ‘Congreso de Ingeniería Física 2017’, Bonilla relató que antes de La Conquista los aztecas tenían chinampas en el sistema de lagos que había en parte de lo que hoy es la CDMX, y con este tipo de agricultura le daban de comer a un millón de personas.

Además, se ha documentado que las chinampas, “un verdadero experimento de ingeniería genética y de bioingeniería hecha por los aztecas”, son un tipo de intervención humana que ha mejorado el sistema ecológico, al aumentar el contacto de microorganismos, la superficie de procesamiento de nutrientes y la capacidad de carga del sistema hidrológico; lo que en conjunto incrementa las poblaciones de aves, peces y árboles.

Regeneración del agua

En su ponencia, el académico de la UMA también abordó el tema del agua, y dijo que en la Zona Metropolitana del Valle de México 24 millones de personas aspiran todos los días a abrir la llave y tener agua, pero lo que muchos no toman en cuenta es que 30% del líquido que se usa en la CDMX se bombea desde la cuenca del Cutzamala, ubicada a unos 100 kilómetros de distancia y a mil metros de desnivel respecto a la capital nacional; y tampoco se preguntan cuáles son los mecanismos de regeneración del agua que se tienen para garantizar su abasto.

“Llevamos cuatro siglos peleándonos contra el agua, cuando los aztecas tenían la respuesta de origen; tenían unos albarradones (diques de contención hidráulica), controlaban las subidas y bajadas del lago, tenían todo un sistema de producción de comida en chinampas, aumentaban la capacidad de carga del lugar y le daban de comer a un millón de habitantes. Eso se hacía hace cinco siglos en el valle”.

Mas el problema del agua en la CDMX, es decir, contar con la necesaria, se puede resolver, si se le trata, si se capta agua de lluvia y se potabiliza, si se emplean técnicas agroeconómicas eficientes, cultivos mejorados biológicamente para que demanden menos agua, eliminando agroquímicos en los cultivos y volviéndolos biointensivos con elementos orgánicos que maximicen la retención de nutrientes y la retención de agua, enunció el académico.

Transformar el modelo industrial

El otro tema que el maestro Francisco Bonilla trató fue el de una nueva revolución industrial, en la que para bien o para mal todas las personas van a estar insertas. Al contextualizar dijo que en los últimos 50 años la economía de mercado se ha comportado como si no hubiera un mañana, al ver a la Tierra como proveedora de recursos ilimitados e infinitos, y capaz de absorber todos los desechos generados, “donde pudiéramos seguir consumiendo como consumimos, donde pudiéramos generar basura y tirarla al mar como sea, y pensando que la Tierra aguanta”.

Sin embargo, las métricas demuestran que se está ya en la frontera de la viabilidad de esa idea. Por eso es necesario repensar la relación de los seres humanos con la Tierra.

“Si la Tierra nos provee servicios a gran escala que como humanos necesitamos para sobrevivir, como aire, agua limpia, polinización, suelo para producir comida, mares limpios que producen comida, arrecifes de coral que regulan la temperatura, que además nos dan oxígeno, etcétera. Si eso se destruye a gran escala o se agota a gran escala, qué camino tenemos que seguir para que entonces como humanidad podamos seguir creciendo y prosperando”.

Bajo esas condiciones, las empresas que alcanzarán el futuro serán aquellas capaces de entender que deben restaurarse los sistemas vivos que brindan servicios ambientales para vivir, para que asimismo las compañías puedan seguir contando con recursos para operar sus modelos económicos.

“Aquellos que sean capaces de operar esta magia tendrán cabida en esta economía del conocimiento, y aquellos que no sean capaces de operar esta magia, pues simplemente serán declarados obsoletos desde el principio, serán declarados trabajadores de segundo nivel; porque obedecerán las órdenes de aquellos que sean capaces de crear modelos intangibles que permitan multiplicar recursos; porque de eso se trata, cómo le hace la Tierra para multiplicar recursos”.

Empero, el modelo industrial actual, basado en un aparente abastecimiento inagotable de capital natural (metales, madera, agua, granos, ganado, carbón, tierra), ha permitido engordar las industrias a costa de recursos que se convierten en productos que terminan en cementerios.

Ni la salud de los sistemas naturales, ni la conciencia de su delicadeza, su complejidad e interconectividad son parte integral de la agenda del diseño industrial; porque en la infraestructura industrial que se tiene hoy en día es lineal: solamente está enfocada a hacer productos y llevarlos a los clientes rápido y barato sin considerar su ciclo final.

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