DEPREDADOR DELIRANTE

El murmullo de un temor sin nombre se esparció como un rumor, éste hablaba sobre un ser que chupaba la sangre de los animales, sobre todo de las cabras y, a veces, de seres humanos, produciéndoles en ocasiones la muerte.

Carlos Álvarez
El nombre de este ser justificaría su inclusión en un libro de zoología fantástica, sin embargo, sugiere más la locución de un ser imaginario que de una creatura mítica engendrada por la fantasía de los hombres.
No obstante, ignoramos si este ser pertenece ya a la realidad tangible de la ciencia, empero hubo un hombre que en la década de los años noventa se dedicó a seguir su rastro por distintas latitudes, respondiendo no sólo al llamado de la verdad, que exige siempre el trabajo de un reportero, sino al deseo imperdonable de agrandar el número de curiosos que gustan de misterios.
Noel F. Alvarado, reportero de LA PRENSA, comenzó a rastrear el camino de esta bestia que nació casi de la noche a la mañana. No había registro de ella, ni siquiera había sido bautizada, pese a que algunos medios suponían que desde hacía varias décadas ya existía el rumor.

En busca de un origen que llegó como un rumor
Se afirma que el primer avistamiento del Chupacabras fue en 1995 en Puerto Rico, en una región llamada Canóvanas.
Se cuenta que hubo una testigo cuyo nombre era Madeylen Tolentino, quien afirmó haberlo visto, pues éste pasó frente a la ventana de su casa.
Después de ese primer avistamiento, también otros lugareños dijeron haberlo atestiguado su presencia, y aunque no lo distinguieron perfectamente sí pudieron dar una vaga imagen de ese animal al que describieron como una creatura bípeda, de entre 1.20 y 1.50 metros, cuyos grandes ojos eran terroríficos; tenía púas sobre su espalda y garras afiladas.
La gente comenzó a referirse a esa creatura como “la bestia”, y le atribuyeron la muerte del ganado, ya que le succionaba la sangre, tal cual al modo de los vampiros, a través de dos perforaciones en el cuello.
Tras hacerse públicos los ataques y luego de que los medios iniciaron a reportar sobre las víctimas que “aparecían desangradas”, dio inicio el mito del Chupacabras, el cual se extendió más allá de las fronteras de ese país.
Pero no sólo el mito salió para ser noticia en otras latitudes, sino que en sí misma esa creatura se hizo presente en México y el en sur de Estados Unidos, principalmente.

PÁNICO EN LA URBE
Para sorpresa y horror de los habitantes de la ciudad y su área conurbada, el mal era real y se encontraba más cerca de lo que podían imaginar.

ALFREDO SOSA

Después de que el Chupacabras sembró el temor en Puerto Rico, Centroamérica, México y varias entidades de los Estados Unidos, los habitantes del entonces Distrito Federal veían muy remota la posibilidad de que se aproximara a la gran urbe. Se tenía casi la certeza de que esa horrenda bestia sólo habitaba lugares apartados, como cerros, barrancos y entidades muy lejanas, propicias para atacar ganado, cerdos, gallinas y cabras.
Sin embargo, el 6 de mayo de 1996, los capitalinos se quedaron estupefactos al enterarse en su Diario LA PRENSA, sobre la noticia de que la mañana del día anterior, en la comunidad de San Miguel Cuatlinchán, en Texcoco, a escasos 25 kilómetros del Distrito Federal, el Chupacabras había atacado con toda su furia.
Al lugar de los hechos acudió nuestro compañero reportero Noel Alvarado, quien relató en su nota periodística que en el domicilio de la familia Hernández Flores, en el corral propiedad de don Domingo, aparecieron 18 aves, entre guajolotes, gallinas y patos, que fueron desgarrados con saña inaudita y presentaban mordidas, aparentemente, hechas por una bestia con grandes colmillos. Por si fuera poco el horror, su depredador también les había succionado la sangre.
Ante lo misterioso y aterrador de este certero ataque, los pobladores entraron en pánico, por ello decidieron armarse con lo que pudieron y junto con varias autoridades policiacas realizaron esa tarde una búsqueda para dar con la bestia asesina y realizaron guardias nocturnas para protegerse del depredador, sin embargo, no dieron con él.
Pero, los habitantes de esa comunidad todavía no se reponían del primer susto, cuando tres días después, el Chupacabras masacró de nueva cuenta a dos animalitos más. Se trataba de dos lechones, propiedad del señor Antonio Rivera Mancilla, quien dio aviso a la policía. Por su parte, investigadores de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, se hicieron cargo de los restos de los cerditos para analizarlos y conocer con precisión las causas de su muerte.
Pero esa madrugada la bestia misteriosa estuvo muy excitada y también aniquiló a Pancho, un borreguito de cuatro meses, propiedad de Salvador Silva Balderas, en la calle Cultivos número 217, en la Colonia Valle del Sur, en Iztapalapa. Y para concluir con su cacería aquella noche, el Chupacabras descabezó y destripó a una paloma muy cerca del taller eléctrico del señor Eduardo Villalobos Juárez, ubicado en el número 90 de la calle Alfredo Chavero, en la Colonia Obrera, quien mencionó que había visto en su local, a un animal parecido a una rata gigante y con alas.
En esos momentos, aquella monstruosa amenaza que había sembrado el terror y el pánico en zonas apartadas de varios estados del país, se encontraba en la gran urbe, para sorpresa y horror de los capitalinos. El mal era real y se encontraba más cerca de lo que podían imaginar.

“SE TRATA DE COYOTES HAMBRIENTOS”
Ante el pánico y la angustia de los habitantes del Área Metropolitana generados por el hallazgo de animales muertos, la secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales y Pesca, Julia Carabias Lillo, señaló en una conferencia de prensa el día 14 de mayo, que los ataques al ganado no tenían nada que ver con algún ser extraño y mucho menos con vampiros. Aclaró que se trataba de una especie canina o felina salvaje, que ante la falta de alimento, acudía a las poblaciones cercanas para alimentarse del ganado. Advirtió que la versión del Chupacabras estaba causando severos daños al medio ambiente, debido a que la gente estaba quemando cuevas, con la idea de que ahí podría esconderse la extraña bestia, causando daños a la fauna y flora que habitaba esos lugares.
Por otro lado, el subsecretario de Fomento Agropecuario, Julio de la Mora Razura, señaló que en los casos conocidos en el norte del país, todo se debía a la severa sequía, la cual obligaba a coyotes, mapaches, zorros, chacales y perros salvajes, a bajar de los montes para merodear poblaciones donde había ganado y saciar su hambre y sed.
Por su parte, el director de la Facultad de Veterinaria y Zootecnia de la UNAM, Eduardo García Pliego, comentó que no existía una especie animal en la tierra capaz de consumir la cantidad de sangre, que supuestamente succionaba el Chupacabras, por lo tanto, exhortó a la población a no alarmarse ante los rumores.
Por otra parte, el subsecretario de Agricultura, Romárico Arroyo Marroquín, recalcó que conforme a los estudios de los veterinarios de la UNAM, el Chupacabras no era una nueva especie de depredador, ni mucho menos. Que los ataques registrados al ganado se debían seguramente, a una jauría de perros o coyotes.

LAS METAMORFOSIS DE LA BESTIA
El día 8 de mayo, su Diario LA PRENSA le informó a usted, sobre la captura de un supuesto Chupacabras en Nayarit. La noticia mencionaba que tres hombres de la comunidad de Acaponeta, capturaron en el patio del domicilio de uno de ellos, a un extraño animal, que tenía un hocico largo, grandes colmillos, patas engarrotadas como de rapiña, unas alas largas y era de un tamaño del doble de grande que una gallina. En entrevista con el subcomandante de la Policía de Nayarit, Gerardo Montiel, señaló que el extraño ser se parecía a un murciélago gigante y llevaba varios días atacando el ganado y que lo habían visto rondar cerca de la costa.
Al día siguiente, en la presa Abelardo Rodríguez, a dos kilómetros del centro de Hermosillo Sonora, habitantes del lugar encontraron a otro misterioso ser, quienes, según ellos, se trataba del Chupacabras, el cual también afirmaron que tenía un aspecto bastante raro, con hocico largo como el de un ratón, ojos de sapo y unas alas largas y emplumadas, como si fuera un murciélago bastante grande.
Fue así como durante los meses de abril y mayo de 1996, se reportaron varios casos sobre ataques del Chupacabras; desde Sonora, pasando por Guerrero, Guadalajara, San Luis Potosí, Querétaro y el mismo Distrito Federal, fueron el centro de atención en los distintos medios de comunicación.
Asimismo, decenas de personas y animales muertos fueron los protagonistas de una histeria colectiva, que hizo pensar que una extraña y macabra especie, venida de quién sabe dónde, no sólo atacaba el ganado, sino también a seres humanos.

EL MONSTRUO ATACA EN TEXAS
En 2007, en la comunidad de Cuero, Texas, un extraño depredador mató a varias gallinas en el rancho de una mujer de nombre Phylis Canion, quien una tarde tuvo la oportunidad de ver al extraño animal y la dejó estupefacta. Al ver los tremendos colmillos de la bestia, no dudó en pensar que éste era sin duda, el que estaba matando a su ganado. Pero lo que más llamó la atención de ella y de sus vecinos, fue que la alimaña no se comiera a sus presas o se las llevara, sino que sólo les extraía la sangre. Días después, Phylis tuvo la oportunidad de encontrar en la carretera al extraño animal muerto, recogió su cuerpo y lo entregó a un equipo de tres investigadores para que le realizaran varias pruebas.
La apariencia del Chupacabras encontrado por Canion era muy peculiar; su piel era gruesa como la de un elefante, sus patas delanteras eran mucho más cortas que las traseras, su pelo era escaso y tenía unos colmillos muy largos.
Así que el equipo de investigadores hizo tres pruebas distintas para conocer con más certeza la especie a la que pertenecía este extraño ser. El genetista Irving Kornfield se encargó de analizar el pelo, la veterinaria Joanne Mansell la piel para precisar si el animal contaba con alguna enfermedad epidérmica y Tod Disotell, científico de la Universidad de Nueva York, estudiaría un pedazo de tejido para realizar una prueba de ADN.
Los resultados de la investigación de Irving Kornfield determinaron que el pelo de la extraña creatura no pertenecía a ninguna especie de mono, tampoco de murciélago, sino a un cánido, entre los cuales se encuentran: lobos, chacales, coyotes, zorros e incluso, perros domésticos.
La investigadora Joanne Mansell llegó a la conclusión de que se trataba de un animal carnívoro muy semejante a un lobo o a un chacal, pero no pudo comprobar que padeciera de una severa infección en la piel, como lo es la sarna. Mientras tanto, los estudios de ADN realizados por Tod Disotell, puntualizaron que era un coyote, animal muy común en el sur de Texas. De modo que por conclusión, los tres científicos coincidieron en sus estudios que al ser que llamaban Chupacabras no era más que un cánido, muy probablemente, un lobo, un coyote, o la cruza de ambos.
Sin embargo, los testigos que vieron o que fueron atacados por esta misteriosa bestia, desde Puerto Rico hasta Texas, incluyendo los de México, se mantuvieron escépticos ante la idea de que se tratara de un perro, lobo o coyote. Para ellos, la extraña creatura no se parecía a nada de lo que habían visto en sus vidas. Para ellos, el Chupacabras era la nueva encarnación del mal.
Realidad o imaginación, lo cierto es, querido lector, que el Chupacabras estuvo en boca de todo mundo, deambuló misterioso y se insertó en el ideario colectivo, no sólo de México, sino de otras latitudes. Algunos dirán que se convirtió en un mito por la popularidad que alcanzó en distintos medios de comunicación, algunos otros dirán que sólo fue un placebo para digerir muchas veces, el difícil andar cotidiano.
Otros piensan que el Chupacabras se alimenta del rebaño social, que ataca cuando cree conveniente y que su aspecto es tan absurdo como su misma existencia. ¿Usted qué opina, estimado lector?
Todas las culturas del mundo, desde tiempos muy remotos hasta la actualidad han encapsulado su memoria a través de los mitos. Nuestro país está lleno de ellos, por donde busquemos estamos llenos de símbolos y relatos que dan identidad a nuestra manera de ser y que expresan también, la conciencia histórica de la nación que somos.

Historia truculenta: entre la verdad y el mito
Carlos Álvarez
Imprecisos son la fecha y el lugar de cuándo y dónde comenzó a circular el rumor del Chupacabras en México. Pero a partir de mediados de abril y con mayor fuerza en mayo de 1996, debido a la difusión mediática de un supuesto ser que chupaba la sangre del ganado, el tema se difundió rápidamente por todo el país en muy poco tiempo.
De tal modo que en El Diario de las Mayorías el asunto no fue para menos, sobre todo porque este rotativo se ha preocupado por desmitificar los asuntos más triviales y poner sobre la mesa las noticias más relevantes.
Así pues, además de tener corresponsales en los estados donde se propagó incialmente con mayor rapidez este fenómeno, El Periódico que Dice lo que Otros Callan tuvo presencia en el reportero Noel F. Alvarado, quien siguió la pista de ese supuesto ser del que nadie tenía certeza de cómo era y se le atribuían características sobrenaturales.
Sobre todo porque otros medios proyectaron una verdad ilusioria y llena de errores provenientes del propio vulgo; pues en un censo preliminar se anotó que el Chupacabras era un ser fugitivo y demoniaco que nadie había tocado, pero que muchos pretendían haber visto en el fondo de la oscura noche.
Así pues, a mediados de abril de 1996 comenzaron a llegar las noticias, tal como en el caso de Guadalajara, donde el corresponsal escribió: “Aparece ‘Chupacabras y ‘mujer loba’ en Jalisco!”; donde se detallaba que en el poblado de Tlajomulco de Zúñiga un campesino había denunciado la muerte de una decena de carneros por un supuesto “chupacabras”.
De tal manera, esos rumores contrastaban en dos contextos culturales diferentes de la sociedad mexicana y alguien tenía que constatar o desmentir los hechos. Ya que, por una parte, el sector rural le confirió gran verosimilitud al rumor del Chupacabras; en tanto que en la urbe esta nota carecía de fundamento científico, así como de verosimilitud.
Y todo en los medios de comunicación contribuía a reforzar la idea de un ser capaz de asolar poblaciones rurales apartadas de la urbanización, adonde pocas veces pasaba algo trascendente. Y a partir los titulares fue como se pudo extraer una realidad aparente, que lo describía como un “raro animal” que “atacaba” a sus víctimas y que “nadie podía atrapar”; prácticamente un ser “intocable”, pero que “causaba pánico” o “terror” y además era “escurridizo”.
Eso fue lo que apareció en las publicaciones, en general, pero pocas se tomaron el tiempo para dirigirse al sitio y desmentir, o bien, brindar un panorama más cercano a la realidad tangible. Y fue a partir de las imágenes y las notas transmitidas que el Chupacabras adquirió verdadera forma y cuerpo, aunque no fuera visible; y tenía características físicas específicas, aunque nadie lo había atrapado.
Y lo curioso del caso es que había unas representaciones tan extraordinarias, que por su propia naturaleza se desmentían. Entre ellas se decía que era un ser extraterrestre, o bien, un ser demoniaco, ya fuera un murciélago o vampiro agresivo que siempre estaba listo para atacar o al acecho. Y todo, con base en los testimonios de los testigos oculares que habían “creado” al Chupacabras.
Lo cierto es que ninguna evidencia real, verídica u oficial hubo de este críptido. Y respecto a los reportes forenses, nunca se logró comprobar, con base en algún procedimiento científico que ningún animal hubiera drenado la sangre de sus víctimas.
La realidad tiende a evadirse y pareciera más lógico aceptar la presencia de lo desconocido para explicar que la naturaleza tiene un modo peculiar de despistar al espectador ingenuo; la explicación más sencilla, versa un dicho, casi siempre es la correcta. De tal modo, era más sencillo creer que unos perritos salvajes o coyotes sarnosos, quizá algún animal mal hecho genéticamente, fueron los responsables de devorar animales de granja.
Ahora casi nadie cree en los chupacabras, quizá; pero no hace mucho dicen que volvió a reaparecer… Quizá fue sólo el rumor, ya que sucedió como algo trivial, pues los chupacabras ocupan un lugar intermedio entre los seres materiales y los inmateriales.

Alfredo Sosa y Carlos Álvarez
El tema del Chupacabras apareció en México en el 96, si no mal recuerdo en el sexenio de Salinas [(sic), pero es el de Zedillo]; empezó un rumor allá en Sinaloa, luego en Puebla si no mal recuerdo, ya después llegó a los municipios del Estado de México.
Cuando llega aquí a los municipios del Estado de México, mucha gente nos empieza a hablar por teléfono sobre la muerte de manera extraña de borregos, de gallinas, de guajolotes, de chivos; pero eran muertes de 10, 12, 15 borregos.
Lo curioso aquí es que cuando empiezan a hacer la investigación, es que resulta que todos los animales tenían unas marcas en el cuello; una marca muy singular, muy particular de la forma de morir de los animales. Digo, son animales de casa (sic, granja), y los dueños de los animales lo único que escuchaban en el caso de los guajolotes y las gallinas nada más el aleteo es lo que decían; que escuchaban nada más el aleteo.
Y en el caso de los borregos, pues nada más escuchaban el ruido y los gritos de los borregos y de los chivos. Entonces eso empezó a llamarnos la atención. En aquel entonces yo cubría el Estado de México, yo cubría Policía en el Estado de México y, bueno, pues por ende teníamos que ir a todos estos hechos que ocurrían; y me empecé a meter por ahí.
Entoces empezamos a escribir la historia de las muertes simultáneas de animales domésticos. Y resulta que empezó a llegar el rumor de que se trataba, porque nadie daba explicación de quién los mataba o cómo los mataban; o sea nadie… Todo mundo se preguntaba quién era el homicida, el asesino; todo mundo se preguntaba.
Entonces, surge la primera versión del famoso Chupacabras, porque en las noches los habitantes de las zonas apartadas de las comunidades a ver, pues prácticamente a espiar en la noche, ¿no? Y lo único que dicen es que veían un animal que llegaba y los atacaba, pero nunca lo vieron (en realidad). Ellos creen que se trataba del famoso Chupacabras; para entonces ya existía la versión del Chupacabras cuando viene de allá de Sinaloa.
En una ranchería de Sinaloa, hay una mujer que dice que cuando salió en la noche madrugada de un día, a hacer sus necesidades fisiológicas, y dice que ahí fue atacada por un animal que tenía dientes, que tenía garras, pero que no era un animal conocido; entonces dice que como pudo logró escapar, zafarse y pedir ayuda a su familia que dormía.
Entonces empieza a surgir el rumor por acá que se trataba del Chupacabras. Hay que resaltar que en ese entonces era el sexenio de Zedillo (heredado por Salinas) y estabamos sufriendo una crisis política bastante fuerte, entonces fue cuando surge todo este tema del Chupacabras.
Y, bueno, en el caso específico lo empezamos a cubrir. Fui a Texcoco, fui a Chiconautla. En varios municipios donde aparecían muertos los borregos, las gallinas, los guajolotes.
Me seguí enfocando en ese entonces, vieron que el tema daba para más, porque de manera constante iban apareciendo en días dos tres días, cuatro días, una semana, más casos; se iban sumando más casos. Entonces ya cuando empezamos a ver el tema que era más constante, pues ya me comisionaron con un compañero gráfico; únicamente y exclusivamente a seguirle las huellas al famoso Chupacabras; y sí empezamos a irnos a las rancherías; a revisar inclusive los propios animales muertos que encontramos ahí y, efectivamente, pues tenían las marcas de colmillos en el cuello; y en el caso de los guajolotes y las gallinas, pues practimente arrancados los pescuezos.
Pero nos quedamos en el mito porque nadie pudo matar al famoso Chupacabras y ya después, poco a poco se fue desapareciendo el caso, hasta que ya no volvió a aparecer y dejamos el caso por la paz. Así como él se desapareció, también nosotros.
Todo quedó en un mito, sin embargo, las evidencias de los animales que mató y de las personas que atacó quedaron ahí, plasmadas en las páginas de LA PRENSA. Pues, así como llegó, se esfumó. Esperamos que esta bestia no vuelva a aparecer en ningún sexenio.