LUPE VÉLEZ… ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

LUPE VÉLEZ… ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO

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La bella actriz mexicana consagrada en Hollywood, se cortó la existencia en pleno triunfo de su carrera y con un hijo en su vientre…

FUE HALLADA EN SU CAMA

En 1944 LA PRENSA informaba acerca de la trágica muerte de la actriz Lupe Vélez, una mujer hermosa pero atormentada por un amor no correspondido. En la década de los años veinte se consolidó como una de las grandes estrellas en la meca del cine norteamericano. Lupe se cortó la existencia y junto con ella se llevó al hijo que esperaba, producto del tórrido romance con el actor francés Raymond Harold. Fue otra de las luminarias que murió en aras del amor.

La tarde de aquel 14 de diciembre de ese año, la consentida artista mexicana, que fuera una de las impetuosas estrellas nacionales, decidió poner fin a un truculento romance sostenido con el frívolo galés, el que pasados los años, se supo, estuvo perdidamente enamorado de la diva, pero nunca se enteró que la pasión había generado un fruto que nunca nació.

Incrédula, la opinión pública leyó con avidez la noticia de que la famosa estrella prefirió la salida por la puerta falsa, antes de ver el honor mancillado, por el nacimiento de una criatura sin padre. La rutilante actriz mexicana, que siempre afrontó con una sonrisa en los labios los trágicos reveses de la vida, dejó conmovedoras cartas a su secretaria particular, y a quien fuera el amor de su vida, el propio Raymond Harold, el actor francés con quien rompió sus relaciones amorosas hacía sólo dos semanas antes de tomar la fatal determinación.

Impactado, tembloroso e inseguro, Raymond manifestó a los funcionarios encargados de la investigación del caso que, en realidad, él no estaba seguro  que Lupe estuviera a punto de dar a luz.

“A veces decía que sí, y otras que no; en realidad yo nunca supe con seguridad”, declaró.

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Su cuerpo fue encontrado tendido en su cama, escasas cinco horas después que su secretaria le hubo deseado las buenas noches de la manera acostumbrada. Un frasco de somníferos, a medio vaciar, estaba en la mesa de su alcoba, sobre las notas dirigidas a su secretaria y a Raymond, con quien tuvo su último disgusto apenas una semana antes del fatal suceso.

La nota enviada al actor, fue por demás patética: “que Dios te perdone y también a mí, pero prefiero quitarme la vida y la de mi bebé antes de concebirlo de manera vergonzante o de matarlo. ¿Cómo pudiste, Harold, fingir ese amor a mí y a nuestro bebé cuando nunca nos quisiste?, no he encontrado otra manera de resolverlo. Adiós y buena suerte. Amor, Lupe”.

El doctor Víctor Cefalau, quien hizo una autopsia posterior, en el Forest Lawn Memorial Park, confirmó en todo los exámenes del primer galeno.

 

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SU VIDA FUE TORMENTOSA

La nota a su confidente, Miss Kinder, su secretaria, decía lo siguiente: “tú y sólo tú conoces los hechos y la razón por las que me quito la vida. Perdóname y no pienses mal de mí. Te quiero “mammy”, encárgate de mi mamá. Adiós; trata de perdonarme. Di adiós a todos mis amigos y a la prensa norteamericana, que siempre se portó tan bien conmigo”.

Lupe Vélez fue descrita así en su muerte: “su cabellera, cuidadosamente peinada, se desbordaba por la almohada de seda blanca, que hacía destacar el color apiñonado de su cutis. La sábana, también de seda blanca, estaba doblada sobre el cobertor, revelando el azul plumbago de las pijamas de seda de la artista.

Tan grande dolor le causó el suicidio de su amiga, que Miss Kinder, casi sin poder hablar, entregó la nota a los detectives de Beverly Hills, sin siquiera haberla leído.

“Miss Vélez -dijo-, parecía estar perfectamente bien. Anoche estuvimos platicando y se metió a la cama a la hora de costumbre, como a eso de las cuatro de la mañana, nunca se acostaba temprano.

“Estuvimos hablando acerca de las cosas que había de empacar para que hiciera su viaje al este. Estaban programadas varias presentaciones personales por esas regiones de los Estados Unidos. Yo no leí la nota, no pude, la entregué a la policía. El primer impulso que tuve al verla fallecida, fue el de traer a alguien aquí”.

LUPE VELEZ

La actriz mexicana acababa de terminar lo que según las notas de los críticos, era su mayor éxito en dos décadas de actuaciones: el papel estelar de “Zaza”, cinta filmada en México. Ésta, junto con otra producción mexicana, “Naná”, en la cual también desempeñó el rol estelar, todavía no habían sido estrenadas en Estados Unidos.

En la mayor parte de sus dos décadas de actuaciones cinematográficas, el nombre de Lupe Vélez brilló más relumbrantemente en las páginas principales de los diarios de la nación, que en las marquesinas de los teatros.

Recordemos que la hermosa estrella mexicana que fue famosa en Hollywood, tuvo también un discreto romance con el galán del momento, Gary Cooper.

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Estuvo locamente enamorada de él. Al cabo de dos años terminó el romance por las continuas peleas entre ambos; tan sonadas eran que los magnates del cine decidieron enviar al galán a Europa, para evitar que su brillante carrera fuera estropeada por tanto lío pasional.

Y también hubo el casamiento volátil, las discusiones agrias y el divorcio con Johnny Weismülleer, el “Tarzán” del celuloide, cuyos músculos nunca pudieron rivalizar con la forma de ser de la actriz potosina. Ya el matrimonio con “Tarzán” se había hundido porque “Vélez era como una planta carnívora”, decían los biógrafos.

Weismülleer no pudo controlar a Lupe, apodada la “escupefuego”, por sus amores volcánicos con Douglas Fairbanks, John Gilbert y Gary Cooper, etcétera. Las escenas de celos eran como estampidas diarias; ella golpeaba, mordía, arañaba el cuerpo de Weissmüller, obligando a las maquillistas a trabajar horas extras para disimular los moretones. Vivieron juntos seis años y la quiso a morir, pero los enfados crónicos de ella acabaron con la relación. Esa ruptura precipitó a Vélez a una búsqueda incesante de amantes. Tres veces apeló al divorcio, y entre ellas anunció que el amor no es amor a menos que reúna discusiones frenéticas.

Finalmente, Lupe Vélez permitió que el divorcio con “Tarzán” se llevara a cabo.

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A partir de entonces, no hizo mucho caso de sus emociones amorosas, hasta que conoció al galán francés, Raymond Harold, de quien dijo “era el único hombre que podía controlarme. Él sabe cómo tratarme. Siempre he estado acostumbrada a controlar a los hombres, pero cuando intenté hacerlo con Raymond, él supo a dónde mandarme”, expresó en cierta ocasión la actriz.

Dos semanas después de esto, el último sábado previo a su muerte, declaró que algo había sucedido en torno al control al que ella se refería. “Le dije que se fuera -manifestó-, mis perros me gustan más, y voy a llevármelos a Nueva York en mi viaje”. El motivo del disgusto final, fue a causa de las elecciones presidenciales en los Estados Unidos. Estuvieron discutiendo sobre el tema en tres idiomas.

Su vida estuvo prelada de conflictos entre la severidad que heredó de su padre, un coronel, y la furia emotiva de su madre, cantante de ópera.

El duelo de Lupe fue muy grande. Cuando arribó su ataúd, procedente de Los Ángeles, vía Ciudad Juárez hasta la estación, llegaron Mario Moreno “Cantinflas”, Jorge Negrete, Julián Soler y otros importantes histriones para dar el último adiós a la memorable figura de la meca del cine. Johnny Weismulleer ayudó a cargar el féretro.

Después de mucho tiempo de su muerte, e investigando acerca de la vida tormentosa de María Guadalupe Villalobos Vélez, encontramos interesantes fuentes biográficas que muestran otras  versiones sobre su suicidio. Durante años circuló la versión de que la actriz se había tomado 64 pastillas de seconal, un barbitúrico usado contra la angustia y la ansiedad, abatida porque Raymond Harold la había abandonado, cuando supo que ella estaba embarazada. Y se habló también de su relación con Arturo de Córdova…

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LUPE VELEZ Y ARTURO DE CÓRDOVA

Lupe Vélez y el actor Arturo de Córdova se conocieron en 1937 durante la filmación de “La Zandunga”. Por ese entonces ella era connotada estrella en Hollywood, adonde había llegado a los 17 años.

Cabría recordar que Lupe comenzó su carrera en México como bailarina y vedette del teatro de revista.

Lupe y Arturo de Córdova iniciaron una amistad que derivaría en amor, a pesar de que ambos estaban casados; ella, con Johnny Weismüller y él con Ena Arana.

Terminada “La Zandunga” cada uno tomó por su lado; Vélez regresó a Los Ángeles y Arturo se fue para Argentina, ahí filmó “Que Dios se lo pague”, la película que lo encumbró a la fama. El “affaire” quedó al descubierto por la propia Vélez, quien lo anunció a la prensa del corazón y esto provocó la ira de la despechada esposa de Arturo, que se vengó al no concederle el divorcio.

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Se afirmaba que Lupe esperaba un hijo de Arturo. Como él no podía divorciarse, buscaron a un hombre para casarse con ella: Raymond Harold, el incipiente extra de origen francés que, según Fernando Muñoz, biógrafo de Arturo, había actuado en una que otra película con el actor mexicano.

Raymond aceptó y se casó con Lupe, la cual seguía enamorada de Arturo, y le daba una vida infernal a su marido. Éste la aguantó un tiempo pero después la ignoró, sobre todo porque tampoco le hacía gracia ser el padre de un hijo que no era suyo.

Las constantes depresiones de Lupe alcanzaron su punto máximo la noche en que llegó por sorpresa al apartamento de Arturo y lo encontró muy a gusto con Raymond en la cama.

Eso la puso grave. Cabe anotar que siempre fue un tabú la bisexualidad del actor nacido en Mérida.

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Lupe entró en crisis emocional y decidió acabar sus días a los 36 años de edad. La estrella cinematográfica, que aprendió inglés de niña en un convento de monjas en San Antonio Texas, y que trabajó en una tienda de ropa antes de marcharse a Hollywood a probar fortuna, se apagó para siempre.

Una vida disipada y oscuras circunstancias rodearon sus últimos años y la llevaron a la fatal determinación de quitarse la existencia.

Su turbulenta personalidad y exótica belleza serán siempre recordadas.

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