/ viernes 11 de diciembre de 2020

Temerario atentado contra León Trotsky

En mayo de 1940, el pintor David Alfaro Siqueiros y un grupo de comunistas armaron una conspiración para liquidar al comisario ruso

Abel González Ortiz, policía capitalino, se acercó al grupo numeroso de militares que se aproximaban a la caseta, para dar el “parte de novedades” de aquella noche.

-Buenas noches, mi sargento –dijo-, mientras hacía el característico saludo militar. –Hasta el momento todo en calma, sin alguna novedad.

El hombre que encabezaba el grupo no respondió al saludo del policía y contestó en tono arrogante:

-¡Ah! ¿Con que no tienen novedad? Bueno, pues ahorita la van a tener. Y con movimientos rápidos se fueron encima de Abel y sus tres compañeros, quienes resultaban pocos para la veintena que eran sus atacantes.

Mientras un grupo de militares golpeaban y sometían a los policías, otro avanzó por una vereda hasta llegar a la entrada de la residencia. Colocaron una escalera sobre la barda y se brincaron. Se desplazaron por el amplio jardín y antes de llegar a la puerta que daba hacia las habitaciones, se toparon con cuatro guardias más; se trataba de Charles Cornell, Harold Robinson, Sheldon Harte y Walter Kelly, quienes antes de poder accionar sus armas, también fueron sometidos.

Un militar sacó su pistola para volar la chapa de la puerta, pronto se encontraron en la biblioteca. Se movían con mucha precisión y como si conocieran bastante bien el domicilio.

-Ahí duerme el Comisario rojo –gritó uno de ellos, y señaló una puerta.

-No la abran, tiene un mecanismo que activa un cañón –alertó el mismo sujeto.

Entonces se desplegaron en distintas posiciones alrededor del cuarto donde dormía su enemigo, a quien sin duda, se disponían a aniquilar.

Foto: Archivos Secretos de Policía

-¡Ahora sí, te llegó tu hora, León Trotsky! -amenazó uno de los militares.

Y la oscuridad de aquella casa se iluminó, debido a las ráfagas de las ametralladoras y pistolas que accionaron aquellos sicarios. Llovieron balas en todas direcciones de aquella habitación durante varios segundos, quizás minutos, no se tuvo esa certeza.

Cuando los asaltantes creyeron culminada la agresión, emprendieron la huida. En el camino robaron dos autos que estaban en la cochera, propiedad del señor León Trotsky, y en uno de ellos metieron a Robert Sheldon Harte, hombre de confianza del Comisario soviético. Lo tomaron como rehén y se perdieron entre la bruma de la noche.

Después de varios minutos, Trotsky salió de su habitación y pidió a su esposa que se resguardara. De inmediato desató a Charles, Walter y Harold, a quienes ordenó que dieran aviso a la policía y trataran de seguir a sus agresores.

A la brevedad, a la casa de León Trotsky, ubicada en la calle de Viena y Morelos, en Coyoacán, acudieron decenas de policías, tanto del Servicio Secreto como de la Policía capitalina. También llegó el ministerio público, el licenciado Salvador Mora y el comandante de la Policía Reservada, Jesús Galindo, quienes dieron las primeras órdenes para inspeccionar el domicilio del revolucionario ruso.

Acto seguido, un reportero y fotógrafo de La Prensa se dieron cita en el lugar de los hechos, donde León Trotsky habló con ellos sobre lo sucedido:

-Amigos míos, la causa del atentado no proviene de elementos mexicanos, esto fue obra de los agentes de Stalin de la GPU, quienes han tratado de asesinarme. La política de Stalin es la causante de los últimos atentados que he sufrido –señaló Trotsky, quien invitó a pasar a los periodistas a su jardín, para continuar con la charla.

El líder moscovita continuó con su relato: -Yo, en otros atentados que he sufrido, pues éste es el tercero, he cobrado alguna experiencia, por ello, cuando escuché los primeros disparos que cruzaron por mi alcoba, vi una posibilidad de salvación. Así que con la rapidez que el caso requería, ordené a mi esposa que se apostara en una esquina, yo hice lo mismo en otra, y fue así, como mientras los proyectiles cruzaban por la habitación en todas direcciones, ni una sola bala nos tocó.

-¡Me he sacado la lotería del millón! –exclamó sonriente Trotsky -¡He vuelto a nacer!

Banda de Sicarios ametralló su alcoba

Por sus ideales políticos, el revolucionario ruso fue víctima de persecusión y de varios atentados en distintas partes del mundo; sufrió el exilio y la pérdida de colaboradores y familiares a manos de sus temibles enemigos

El jefe del Servicio Secreto, Leandro Sánchez Salazar, después de realizar una minuciosa inspección en el cuarto del matrimonio Trotsky, contabilizó más de 70 impactos por proyectil de arma de fuego de distintos calibres: .45, .38 y 32mm, respectivamente.

Por otra parte, los casquillos percutidos encontrados en la biblioteca, sala y comedor sumaban más de 300 y todos correspondían a armas de uso exclusivo del Ejército.

EN PARÍS TAMBIÉN INTENTARON MATARLO

Trotsky relató a nuestro reportero que los individuos que intentaron asesinarlo, son los mismos agentes de la GPU que en París mataron a su hijo León Sedov, y quienes robaron también sus archivos, documentos y escritos relacionados con sus ideales políticos.

-Eran tan adelantados los sistemas que usaron para violar la cerradura de mi casa, que la misma policía parisina declaró desconocerlos –mencionó -Aquel método sólo era usado por gánsteres de Chicago, con quienes se instruyeron los elementos de la GPU.

UNA SIERRA ELÉCTRICA Y UNA BOMBA

Conforme pasaban los minutos, los detectives se hallaron más sorpresas en la casa del moscovita. Descubrieron que los asaltantes llevaban una sierra eléctrica y una bomba de fabricación casera, no por eso menos peligrosa. El artefacto se encontraba listo para ser conectado a la corriente eléctrica, pero por alguna extraña razón, no alcanzaron a activarla, para fortuna de Trotsky y su familia, pues de ser así, todo hubiera quedado en ruinas.

Por otro lado, la sierra eléctrica era evidente que la llevaron para abrir puertas, ventanas, rejas, todo aquello que les impidiera llegar hasta la alcoba del señor Trotsky. No obstante, en su frenética huida, les fue imposible llevarse aquellas herramientas.

EL SECUESTRO

Por otra parte, el comandante Jesús Galindo interrogó a los policías que resguardaban la caseta. Ellos relataron cómo fueron golpeados y atados por un grupo de sicarios, mientras varios más ingresaban al domicilio de Trotsky. Indicaron que en su fuga, abordaron los dos autos que estaban en la cochera y en uno de ellos, subieron a punta de golpes a Sheldon Harte, secretario de toda confianza del moscovita.

-Tengo la seguridad –intervino Trotsky-, de que para estos momentos, Sheldon ya debe de estar muerto.

Mientras el reportero y Trotsky continuaban con la charla, llegó el motopatrullero Zacarías de la Torre e informó al comandante Galindo que, a unas cuantas cuadras, lograron recuperar uno de los autos del moscovita. El coche al parecer, fue abandonado por los agresores y en su interior se hallaron algunas prendas: un pantalón de mezclilla, una chamarra, unas pinzas de electricista, un botiquín médico y dos bombas más de fabricación casera. El ministerio público Salvador Mora ordenó que el vehículo fuera llevado a la Delegación para que se inspeccionara con minuciosidad, con el objetivo de encontrar alguna pista que los condujera con los criminales.

Foto: Archivos Secretos de Policía

Aquella mañana, antes de retirarse, el reportero de La Prensa hizo una última pregunta al señor Trotsky: -¿Confía usted, en que la policía mexicana dará con los responsables que han atentado contra su vida? –Tengo la absoluta seguridad de que se dará con los culpables. No dudo en que se pondrá todo el empeño para dar buen término a esta investigación y se castigue con toda energía a quien quiera que haya participado en este asunto –concluyó el fundador del Ejército Rojo.

EL PERIPLO DE TROTSKY

Hablar de la vida de León Tortsky es una tarea bastante compleja y casi interminable. Para algunos fue una figura trascendental en la historia de Rusia y el comunismo en todo el mundo y para otros, simplemente fue un sujeto ambicioso y enfermo de poder.

Empecemos por precisar que su nombre verdadero fue Lev Davídovich Bronstein y nació en 1879, en Yánovka, Ucrania, en el seno de una familia judía. Muy joven creó conciencia de los problemas sociales de su patria, Rusia y comenzó a comulgar con los ideales de izquierda y con las clases más desprotegidas: campesinos, obreros y estudiantes.

Antes de cumplir los 20 años, se afilió al Partido Comunista y por su intenso activismo político fue perseguido y encarcelado varias veces. En 1900, el régimen zarista lo condenó al destierro a Siberia, junto con su primera esposa Alexandra Lvovna y sus dos hijas.

Sin embargo, Lev Davídovich sintió la obligación de continuar su lucha para liberar a su pueblo del yugo zarista, así que se fugó del “infierno de hielo”. Lev se ocultó entre las cortinas y sábanas sucias y escapó en el camión que las recogía.

Mientras tanto, su esposa Alexandra engañó a los custodios diciéndoles que su esposo se encontraba muy enfermo en cama, e hizo un muñeco con varias ropas, que simuló el cuerpo de Lev. Cuando los carceleros se dieron cuenta del ardid, Lev llevaba dos días viajando en el trineo de unos campesinos que lo ayudaron, oculto entre paja y heno.

Al llegar a la estación del ferrocarril que lo sacaría de Siberia, anotó en su pasaporte un nombre falso: “Trotsky”, el cual pertenecía a uno de los carceleros que lo custodiaban a diario. Desde ese momento, ese nombre lo acompañó hasta el final de sus días.

LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE

La revuelta socialista rusa logró derrocar al Zar Nicolás II en marzo de 1917. A cargo del gobierno ruso quedó Alexander Feodorovich Kerenski, quien no coincidía con las ideas políticas de Vladimir Ilich Lenin y de León Trotsky. Con el apoyo del pueblo, ellos se lanzaron con todo para despeñarlo. Así que el 25 de octubre de 1917, miles de militantes del Partido bolchevique y del Ejército Rojo tomaron los principales edificios gubernamentales en Petrogrado, entonces la capital de Rusia. Finalmente, el 7 de noviembre, Lenin y Trotsky toman el Palacio de Invierno, la principal sede del Gobierno y declaran la victoria de la revolución bolchevique.

Lenin se proclamó el primer gobernante de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, un régimen formado por el proletariado en el que se vislumbraba la igualdad social.

Tras la muerte de Lenin en 1924, todo indicaba que su lugar sería ocupado por León Trotsky, sin embargo se entrometió Josef Stalin, otro integrante del Partido Comunista, quien se apoderó del Gobierno y se volvió la peor pesadilla para Trotsky.

En 1925, Josef Stalin emprendió toda una campaña de desprestigio contra Trotsky, lo acusó de impulsar ideas antirrevolucionarias y lo destituyó de su cargo como comisario de guerra. Ese mismo año lo expulsó de la Unión Soviética, le privó de su nacionalidad y del derecho de regresar a su país.

De ese modo, fue como comenzó el prolongado exilio que llevaría al líder rojo por diversos países, donde no cesó de manifestar sus ideales en contra del gobierno estalinista.

Pero el encono de Stalin contra Trotsky le sacudía las entrañas, por ello entre agosto y diciembre de 1936, Stalin promovió un juicio en contra de varios enemigos políticos, para quitarlos de en medio. La resolución fue la pena de muerte contra León Trotsky, quien vivía entonces en Noruega y se enteró del terrible fallo por medio de telegramas que le hicieron llegar algunos aliados suyos. La persecución en su contra no cesó y eso lo llevó a cambiar de residencia una vez más.

SU LLEGADA A MÉXICO

El barco “Ruth” llegó al puerto de Tampico, cerca del mediodía. Era el 9 de enero de 1937, y a bordo venía León Trotsky y su esposa Natalia Sedova. La política cardenista en defensa de las víctimas de la guerra acogió al revolucionario ruso y su familia.

En Tampico abordaron el ferrocarril con destino a la Ciudad de México. En la estación de Lechería, (hoy Tultitlán, Estado de México), Frida Kalho y el pintor Diego Rivera ya los esperaban para hospedarlos en su casa de Coyoacán. Ahí vivieron cerca de dos años, hasta que Trotsky adquirió el inmueble marcado con el número 19 de la calle de Viena, donde erigió su domicilio. Consciente de que siempre sería perseguido por órdenes de Stalin, blindó su hogar y pidió al Gobierno de Lázaro Cárdenas que se le brindara un grupo de policías para que resguardaran su morada.

Pero lo cierto es que no existía sitio seguro para Trotsky. Aquella madrugada del 25 de mayo de 1940, quedó comprobado, cuando un comando de más de 20 hombres armados irrumpió en su casa y trató de asesinarlo.

PRIMERAS DETENCIONES

Una razón tuvo el general de la Policía Secreta, Manuel Núñez, para detener a los cinco policías que custodiaban la entrada del domicilio del señor Trotsky, y fue la de que el oficial Jesús Rodríguez Casas, quien estaba al mando, no se encontraba en su puesto al momento en que el comando irrumpió. Tal actitud se tomó por sospechosa y en su favor el policía Casas declaró que llevaba 50 horas de servicio y que se sentía muy cansado, por lo que se retiró a su casa a descansar, pues mencionó que no hay ser humano que soporte tantas horas despierto.

Por otra parte, Trotsky contó a La Prensa que atribuía la culpa a dos sujetos: Herbert Prissman, de origen alemán, quien en Suiza mató a uno de sus secretarios, y George Mink, un norteamericano, ambos bajo las órdenes de Stalin. Esta declaración puso a las autoridades de Gobernación a revisar si estos dos sujetos había ingresado al país, mientras continuaba el curso de la investigación.

INTRIGADO POR SU HIJO

Enterado de la desaparición de su hijo, el padre de Robert Sheldon, viajó de inmediato a la Ciudad de México. Acompañado del cónsul de Estados Unidos en México, el señor Jessie Sheldon se reunió con los comandantes de la policía para estar al tanto de la investigación. En una entrevista con La Prensa, el norteamericano relató que su hijo nunca había estado en Rusia y que su viaje a México fue para buscar trabajo. Esto llamo la atención, pues el señor Jessie era un hombre importante de negocios en Nueva York, así que resultaba extraño que su hijo viniera a nuestro país por esa causa.

También, esto contradijo lo mencionado por Trotsky, quien declaró a la policía, que se hizo de los servicios de Sheldon, gracias a la recomendación de un camarada suyo del Partido Comunista en Estados Unidos.

15 DETENIDOS POR EL CASO TROTSKY

El miércoles 12 de junio, las policías del entonces Distrito Federal señalaron que tenían resuelto el atentado contra el señor Trotsky. Dieron a conocer que tenían a 15 detenidos y que sólo faltaban por caer los autores intelectuales del ataque.

Manuel Núñez, jefe de la Policía Secreta, señaló que los aprehendidos estaban confesos y para no entorpecer la captura de “los pollos gordos”, se reservaba de dar más detalles. Pero afirmó, que la sociedad se iría de espaldas al saber quiénes estaban detrás del atentado al señor Trotsky.

En los separos de la Sexta Delegación se encontraban recluidos los comunistas: Luis Mateos Martínez, David Serrano, Águeda Martínez, el español Nicolás Toscana Arenas, quien fue detenido en el puerto de Veracruz, todos confesos de irrumpir en el domicilio del revolucionario moscovita.

Al hablar con los periodistas, el general de la Secreta Manuel Núñez comentó: -No desesperen, muchachos –y esbozo una ligera sonrisa –en dos o tres días se les informará de manera completa quienes fueron y cómo consumaron el ataque los asaltantes comunistas. ¡Vaya qué habrá sorpresas! –concluyó con una sonrisa mucho más expresiva.

Con dos disparos, hallaron el cadáver de Sheldon Harte

Las confesiones de los detenidos llevaron a la policía a dar con más involucrados en el asalto. El lunes 24 de junio, la Policía Judicial detuvo a Mariano Herrera Vázquez, quien hizo la tremenda revelación: Sheldon Harte, el secretario del señor Trotsky, fue asesinado la noche del 26 de mayo por los hermanos Leopoldo y Luis Arenal y enterraron el cuerpo en una casa de campo por los rumbos de Álvaro Obregón.

El coronel Sánchez Salazar de inmediato movilizó a sus hombres y se trasladaron hasta la mencionada finca. En efecto, en una granja de nombre Tlanininalpa, a 75 centímetros bajo tierra se encontró el cadáver de Robert Sheldon Harte, el cual se halló casi desnudo y con dos tiros: uno en la cabeza y otro en el pecho. Al lugar llegó el ministerio público, el licenciado Valeti y su secretario para levantar el acta de ley. Al indagar más sobre el inmueble, se supo que pertenecía a un señor de nombre Daniel Ruiz Benítez.

ANA LÓPEZ Y JULIA BARRADAS INCRIMINAN A ALFARO SIQUEIROS

Al dar con el cadáver de Sheldon, la madeja comenzó a desenredarse y las cosas se dieron de forma positiva para las autoridades policiacas. Cayeron más implicados y entre éstos se encontraron dos mujeres: Ana López Chávez y Julia Barradas Hernández, quienes confesaron que el famoso pintor David Alfaro Siqueiros las contrató para hacer labores de espionaje.

El plan fue muy sencillo: ellas tratarían de enamorar a los policías que cuidaban la caseta de seguridad en la entrada de la casa de León Trotsky, con el objetivo de sacarles información. Ellas al parecer hicieron muy bien su trabajo, porque consiguieron un plano de la casa del moscovita y detalles de todas las actividades que realizaba, así como las amistades que solían frecuentarlo.

Foto: Archivos Secretos de Policía

Después, Mariano Herrera, esposo de Ana López, también fue contratado por Siqueiros y por David Serrano Andonegui, para que vigilara la casa de León Trotsky y los mantuviera al tanto de todos sus movimientos.

La noche del atentado, Mariano fue enviado a cuidar la casa de campo en Santa Rosa, en Álvaro Obregón, donde declaró que los hermanos Arenal se escondieron junto con Sheldon Hartey dos sujetos más que habían participado en el asalto.

Cuando el general Núñez interrogó a Mariano, éste señaló que Sheldon no mostró en ningún momento estar temeroso o retenido por la fuerza. Sin embargo, la noche del 26 de mayo, Leopoldo y Luis mataron al norteamericano mientras dormía, pues tuvieron temor de que éste se escapara y los delatara con la policía.

TROTSKY, CONSTERNADO

Abatido, Trotsky acudió el martes 25 de junio al anfiteatro del Hospital Juárez a reconocer el cuerpo de su estimado secretario Sheldon Harte. Ahí, declaró a La Prensa que estaba convencido de que Sheldon jamás atentaría contra él, así que las acusaciones en su contra no eran más que calumnias, por lo que siempre honraría su memoria.

EL PINTOR, CAPTURADO EN LA SIERRA

David Alfaro Siqueiros fue aprehendido meses después en la sierra de Jalisco, cerca de un poblado llamado Hostotipaquillo. Hasta aquel remoto lugar, el coronel Leandro Sánchez Salazar, jefe del Servicio Secreto y el general Manuel Núñez, persiguieron y arrestaron al famoso muralista mexicano.

En sus primeras declaraciones, Alfaro Siqueiros confesó haber encabezado el atentado contra Trotsky y después de cometido, se escondió en Cuernavaca, Morelos, y luego huyó a la sierra del estado de Jalisco.

INDULTADO POR EL GOBIERNO

David Alfaro Siqueiros tuvo mucha fortuna, pues a principios de 1941, el Gobierno del presidente Ávila Camacho le concedió el indulto, en condición de exiliado. El pintor no lo pensó dos veces y se fue a Chile, donde recibió el apoyo de su amigo, el poeta Pablo Neruda.

Abel González Ortiz, policía capitalino, se acercó al grupo numeroso de militares que se aproximaban a la caseta, para dar el “parte de novedades” de aquella noche.

-Buenas noches, mi sargento –dijo-, mientras hacía el característico saludo militar. –Hasta el momento todo en calma, sin alguna novedad.

El hombre que encabezaba el grupo no respondió al saludo del policía y contestó en tono arrogante:

-¡Ah! ¿Con que no tienen novedad? Bueno, pues ahorita la van a tener. Y con movimientos rápidos se fueron encima de Abel y sus tres compañeros, quienes resultaban pocos para la veintena que eran sus atacantes.

Mientras un grupo de militares golpeaban y sometían a los policías, otro avanzó por una vereda hasta llegar a la entrada de la residencia. Colocaron una escalera sobre la barda y se brincaron. Se desplazaron por el amplio jardín y antes de llegar a la puerta que daba hacia las habitaciones, se toparon con cuatro guardias más; se trataba de Charles Cornell, Harold Robinson, Sheldon Harte y Walter Kelly, quienes antes de poder accionar sus armas, también fueron sometidos.

Un militar sacó su pistola para volar la chapa de la puerta, pronto se encontraron en la biblioteca. Se movían con mucha precisión y como si conocieran bastante bien el domicilio.

-Ahí duerme el Comisario rojo –gritó uno de ellos, y señaló una puerta.

-No la abran, tiene un mecanismo que activa un cañón –alertó el mismo sujeto.

Entonces se desplegaron en distintas posiciones alrededor del cuarto donde dormía su enemigo, a quien sin duda, se disponían a aniquilar.

Foto: Archivos Secretos de Policía

-¡Ahora sí, te llegó tu hora, León Trotsky! -amenazó uno de los militares.

Y la oscuridad de aquella casa se iluminó, debido a las ráfagas de las ametralladoras y pistolas que accionaron aquellos sicarios. Llovieron balas en todas direcciones de aquella habitación durante varios segundos, quizás minutos, no se tuvo esa certeza.

Cuando los asaltantes creyeron culminada la agresión, emprendieron la huida. En el camino robaron dos autos que estaban en la cochera, propiedad del señor León Trotsky, y en uno de ellos metieron a Robert Sheldon Harte, hombre de confianza del Comisario soviético. Lo tomaron como rehén y se perdieron entre la bruma de la noche.

Después de varios minutos, Trotsky salió de su habitación y pidió a su esposa que se resguardara. De inmediato desató a Charles, Walter y Harold, a quienes ordenó que dieran aviso a la policía y trataran de seguir a sus agresores.

A la brevedad, a la casa de León Trotsky, ubicada en la calle de Viena y Morelos, en Coyoacán, acudieron decenas de policías, tanto del Servicio Secreto como de la Policía capitalina. También llegó el ministerio público, el licenciado Salvador Mora y el comandante de la Policía Reservada, Jesús Galindo, quienes dieron las primeras órdenes para inspeccionar el domicilio del revolucionario ruso.

Acto seguido, un reportero y fotógrafo de La Prensa se dieron cita en el lugar de los hechos, donde León Trotsky habló con ellos sobre lo sucedido:

-Amigos míos, la causa del atentado no proviene de elementos mexicanos, esto fue obra de los agentes de Stalin de la GPU, quienes han tratado de asesinarme. La política de Stalin es la causante de los últimos atentados que he sufrido –señaló Trotsky, quien invitó a pasar a los periodistas a su jardín, para continuar con la charla.

El líder moscovita continuó con su relato: -Yo, en otros atentados que he sufrido, pues éste es el tercero, he cobrado alguna experiencia, por ello, cuando escuché los primeros disparos que cruzaron por mi alcoba, vi una posibilidad de salvación. Así que con la rapidez que el caso requería, ordené a mi esposa que se apostara en una esquina, yo hice lo mismo en otra, y fue así, como mientras los proyectiles cruzaban por la habitación en todas direcciones, ni una sola bala nos tocó.

-¡Me he sacado la lotería del millón! –exclamó sonriente Trotsky -¡He vuelto a nacer!

Banda de Sicarios ametralló su alcoba

Por sus ideales políticos, el revolucionario ruso fue víctima de persecusión y de varios atentados en distintas partes del mundo; sufrió el exilio y la pérdida de colaboradores y familiares a manos de sus temibles enemigos

El jefe del Servicio Secreto, Leandro Sánchez Salazar, después de realizar una minuciosa inspección en el cuarto del matrimonio Trotsky, contabilizó más de 70 impactos por proyectil de arma de fuego de distintos calibres: .45, .38 y 32mm, respectivamente.

Por otra parte, los casquillos percutidos encontrados en la biblioteca, sala y comedor sumaban más de 300 y todos correspondían a armas de uso exclusivo del Ejército.

EN PARÍS TAMBIÉN INTENTARON MATARLO

Trotsky relató a nuestro reportero que los individuos que intentaron asesinarlo, son los mismos agentes de la GPU que en París mataron a su hijo León Sedov, y quienes robaron también sus archivos, documentos y escritos relacionados con sus ideales políticos.

-Eran tan adelantados los sistemas que usaron para violar la cerradura de mi casa, que la misma policía parisina declaró desconocerlos –mencionó -Aquel método sólo era usado por gánsteres de Chicago, con quienes se instruyeron los elementos de la GPU.

UNA SIERRA ELÉCTRICA Y UNA BOMBA

Conforme pasaban los minutos, los detectives se hallaron más sorpresas en la casa del moscovita. Descubrieron que los asaltantes llevaban una sierra eléctrica y una bomba de fabricación casera, no por eso menos peligrosa. El artefacto se encontraba listo para ser conectado a la corriente eléctrica, pero por alguna extraña razón, no alcanzaron a activarla, para fortuna de Trotsky y su familia, pues de ser así, todo hubiera quedado en ruinas.

Por otro lado, la sierra eléctrica era evidente que la llevaron para abrir puertas, ventanas, rejas, todo aquello que les impidiera llegar hasta la alcoba del señor Trotsky. No obstante, en su frenética huida, les fue imposible llevarse aquellas herramientas.

EL SECUESTRO

Por otra parte, el comandante Jesús Galindo interrogó a los policías que resguardaban la caseta. Ellos relataron cómo fueron golpeados y atados por un grupo de sicarios, mientras varios más ingresaban al domicilio de Trotsky. Indicaron que en su fuga, abordaron los dos autos que estaban en la cochera y en uno de ellos, subieron a punta de golpes a Sheldon Harte, secretario de toda confianza del moscovita.

-Tengo la seguridad –intervino Trotsky-, de que para estos momentos, Sheldon ya debe de estar muerto.

Mientras el reportero y Trotsky continuaban con la charla, llegó el motopatrullero Zacarías de la Torre e informó al comandante Galindo que, a unas cuantas cuadras, lograron recuperar uno de los autos del moscovita. El coche al parecer, fue abandonado por los agresores y en su interior se hallaron algunas prendas: un pantalón de mezclilla, una chamarra, unas pinzas de electricista, un botiquín médico y dos bombas más de fabricación casera. El ministerio público Salvador Mora ordenó que el vehículo fuera llevado a la Delegación para que se inspeccionara con minuciosidad, con el objetivo de encontrar alguna pista que los condujera con los criminales.

Foto: Archivos Secretos de Policía

Aquella mañana, antes de retirarse, el reportero de La Prensa hizo una última pregunta al señor Trotsky: -¿Confía usted, en que la policía mexicana dará con los responsables que han atentado contra su vida? –Tengo la absoluta seguridad de que se dará con los culpables. No dudo en que se pondrá todo el empeño para dar buen término a esta investigación y se castigue con toda energía a quien quiera que haya participado en este asunto –concluyó el fundador del Ejército Rojo.

EL PERIPLO DE TROTSKY

Hablar de la vida de León Tortsky es una tarea bastante compleja y casi interminable. Para algunos fue una figura trascendental en la historia de Rusia y el comunismo en todo el mundo y para otros, simplemente fue un sujeto ambicioso y enfermo de poder.

Empecemos por precisar que su nombre verdadero fue Lev Davídovich Bronstein y nació en 1879, en Yánovka, Ucrania, en el seno de una familia judía. Muy joven creó conciencia de los problemas sociales de su patria, Rusia y comenzó a comulgar con los ideales de izquierda y con las clases más desprotegidas: campesinos, obreros y estudiantes.

Antes de cumplir los 20 años, se afilió al Partido Comunista y por su intenso activismo político fue perseguido y encarcelado varias veces. En 1900, el régimen zarista lo condenó al destierro a Siberia, junto con su primera esposa Alexandra Lvovna y sus dos hijas.

Sin embargo, Lev Davídovich sintió la obligación de continuar su lucha para liberar a su pueblo del yugo zarista, así que se fugó del “infierno de hielo”. Lev se ocultó entre las cortinas y sábanas sucias y escapó en el camión que las recogía.

Mientras tanto, su esposa Alexandra engañó a los custodios diciéndoles que su esposo se encontraba muy enfermo en cama, e hizo un muñeco con varias ropas, que simuló el cuerpo de Lev. Cuando los carceleros se dieron cuenta del ardid, Lev llevaba dos días viajando en el trineo de unos campesinos que lo ayudaron, oculto entre paja y heno.

Al llegar a la estación del ferrocarril que lo sacaría de Siberia, anotó en su pasaporte un nombre falso: “Trotsky”, el cual pertenecía a uno de los carceleros que lo custodiaban a diario. Desde ese momento, ese nombre lo acompañó hasta el final de sus días.

LA REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE

La revuelta socialista rusa logró derrocar al Zar Nicolás II en marzo de 1917. A cargo del gobierno ruso quedó Alexander Feodorovich Kerenski, quien no coincidía con las ideas políticas de Vladimir Ilich Lenin y de León Trotsky. Con el apoyo del pueblo, ellos se lanzaron con todo para despeñarlo. Así que el 25 de octubre de 1917, miles de militantes del Partido bolchevique y del Ejército Rojo tomaron los principales edificios gubernamentales en Petrogrado, entonces la capital de Rusia. Finalmente, el 7 de noviembre, Lenin y Trotsky toman el Palacio de Invierno, la principal sede del Gobierno y declaran la victoria de la revolución bolchevique.

Lenin se proclamó el primer gobernante de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS, un régimen formado por el proletariado en el que se vislumbraba la igualdad social.

Tras la muerte de Lenin en 1924, todo indicaba que su lugar sería ocupado por León Trotsky, sin embargo se entrometió Josef Stalin, otro integrante del Partido Comunista, quien se apoderó del Gobierno y se volvió la peor pesadilla para Trotsky.

En 1925, Josef Stalin emprendió toda una campaña de desprestigio contra Trotsky, lo acusó de impulsar ideas antirrevolucionarias y lo destituyó de su cargo como comisario de guerra. Ese mismo año lo expulsó de la Unión Soviética, le privó de su nacionalidad y del derecho de regresar a su país.

De ese modo, fue como comenzó el prolongado exilio que llevaría al líder rojo por diversos países, donde no cesó de manifestar sus ideales en contra del gobierno estalinista.

Pero el encono de Stalin contra Trotsky le sacudía las entrañas, por ello entre agosto y diciembre de 1936, Stalin promovió un juicio en contra de varios enemigos políticos, para quitarlos de en medio. La resolución fue la pena de muerte contra León Trotsky, quien vivía entonces en Noruega y se enteró del terrible fallo por medio de telegramas que le hicieron llegar algunos aliados suyos. La persecución en su contra no cesó y eso lo llevó a cambiar de residencia una vez más.

SU LLEGADA A MÉXICO

El barco “Ruth” llegó al puerto de Tampico, cerca del mediodía. Era el 9 de enero de 1937, y a bordo venía León Trotsky y su esposa Natalia Sedova. La política cardenista en defensa de las víctimas de la guerra acogió al revolucionario ruso y su familia.

En Tampico abordaron el ferrocarril con destino a la Ciudad de México. En la estación de Lechería, (hoy Tultitlán, Estado de México), Frida Kalho y el pintor Diego Rivera ya los esperaban para hospedarlos en su casa de Coyoacán. Ahí vivieron cerca de dos años, hasta que Trotsky adquirió el inmueble marcado con el número 19 de la calle de Viena, donde erigió su domicilio. Consciente de que siempre sería perseguido por órdenes de Stalin, blindó su hogar y pidió al Gobierno de Lázaro Cárdenas que se le brindara un grupo de policías para que resguardaran su morada.

Pero lo cierto es que no existía sitio seguro para Trotsky. Aquella madrugada del 25 de mayo de 1940, quedó comprobado, cuando un comando de más de 20 hombres armados irrumpió en su casa y trató de asesinarlo.

PRIMERAS DETENCIONES

Una razón tuvo el general de la Policía Secreta, Manuel Núñez, para detener a los cinco policías que custodiaban la entrada del domicilio del señor Trotsky, y fue la de que el oficial Jesús Rodríguez Casas, quien estaba al mando, no se encontraba en su puesto al momento en que el comando irrumpió. Tal actitud se tomó por sospechosa y en su favor el policía Casas declaró que llevaba 50 horas de servicio y que se sentía muy cansado, por lo que se retiró a su casa a descansar, pues mencionó que no hay ser humano que soporte tantas horas despierto.

Por otra parte, Trotsky contó a La Prensa que atribuía la culpa a dos sujetos: Herbert Prissman, de origen alemán, quien en Suiza mató a uno de sus secretarios, y George Mink, un norteamericano, ambos bajo las órdenes de Stalin. Esta declaración puso a las autoridades de Gobernación a revisar si estos dos sujetos había ingresado al país, mientras continuaba el curso de la investigación.

INTRIGADO POR SU HIJO

Enterado de la desaparición de su hijo, el padre de Robert Sheldon, viajó de inmediato a la Ciudad de México. Acompañado del cónsul de Estados Unidos en México, el señor Jessie Sheldon se reunió con los comandantes de la policía para estar al tanto de la investigación. En una entrevista con La Prensa, el norteamericano relató que su hijo nunca había estado en Rusia y que su viaje a México fue para buscar trabajo. Esto llamo la atención, pues el señor Jessie era un hombre importante de negocios en Nueva York, así que resultaba extraño que su hijo viniera a nuestro país por esa causa.

También, esto contradijo lo mencionado por Trotsky, quien declaró a la policía, que se hizo de los servicios de Sheldon, gracias a la recomendación de un camarada suyo del Partido Comunista en Estados Unidos.

15 DETENIDOS POR EL CASO TROTSKY

El miércoles 12 de junio, las policías del entonces Distrito Federal señalaron que tenían resuelto el atentado contra el señor Trotsky. Dieron a conocer que tenían a 15 detenidos y que sólo faltaban por caer los autores intelectuales del ataque.

Manuel Núñez, jefe de la Policía Secreta, señaló que los aprehendidos estaban confesos y para no entorpecer la captura de “los pollos gordos”, se reservaba de dar más detalles. Pero afirmó, que la sociedad se iría de espaldas al saber quiénes estaban detrás del atentado al señor Trotsky.

En los separos de la Sexta Delegación se encontraban recluidos los comunistas: Luis Mateos Martínez, David Serrano, Águeda Martínez, el español Nicolás Toscana Arenas, quien fue detenido en el puerto de Veracruz, todos confesos de irrumpir en el domicilio del revolucionario moscovita.

Al hablar con los periodistas, el general de la Secreta Manuel Núñez comentó: -No desesperen, muchachos –y esbozo una ligera sonrisa –en dos o tres días se les informará de manera completa quienes fueron y cómo consumaron el ataque los asaltantes comunistas. ¡Vaya qué habrá sorpresas! –concluyó con una sonrisa mucho más expresiva.

Con dos disparos, hallaron el cadáver de Sheldon Harte

Las confesiones de los detenidos llevaron a la policía a dar con más involucrados en el asalto. El lunes 24 de junio, la Policía Judicial detuvo a Mariano Herrera Vázquez, quien hizo la tremenda revelación: Sheldon Harte, el secretario del señor Trotsky, fue asesinado la noche del 26 de mayo por los hermanos Leopoldo y Luis Arenal y enterraron el cuerpo en una casa de campo por los rumbos de Álvaro Obregón.

El coronel Sánchez Salazar de inmediato movilizó a sus hombres y se trasladaron hasta la mencionada finca. En efecto, en una granja de nombre Tlanininalpa, a 75 centímetros bajo tierra se encontró el cadáver de Robert Sheldon Harte, el cual se halló casi desnudo y con dos tiros: uno en la cabeza y otro en el pecho. Al lugar llegó el ministerio público, el licenciado Valeti y su secretario para levantar el acta de ley. Al indagar más sobre el inmueble, se supo que pertenecía a un señor de nombre Daniel Ruiz Benítez.

ANA LÓPEZ Y JULIA BARRADAS INCRIMINAN A ALFARO SIQUEIROS

Al dar con el cadáver de Sheldon, la madeja comenzó a desenredarse y las cosas se dieron de forma positiva para las autoridades policiacas. Cayeron más implicados y entre éstos se encontraron dos mujeres: Ana López Chávez y Julia Barradas Hernández, quienes confesaron que el famoso pintor David Alfaro Siqueiros las contrató para hacer labores de espionaje.

El plan fue muy sencillo: ellas tratarían de enamorar a los policías que cuidaban la caseta de seguridad en la entrada de la casa de León Trotsky, con el objetivo de sacarles información. Ellas al parecer hicieron muy bien su trabajo, porque consiguieron un plano de la casa del moscovita y detalles de todas las actividades que realizaba, así como las amistades que solían frecuentarlo.

Foto: Archivos Secretos de Policía

Después, Mariano Herrera, esposo de Ana López, también fue contratado por Siqueiros y por David Serrano Andonegui, para que vigilara la casa de León Trotsky y los mantuviera al tanto de todos sus movimientos.

La noche del atentado, Mariano fue enviado a cuidar la casa de campo en Santa Rosa, en Álvaro Obregón, donde declaró que los hermanos Arenal se escondieron junto con Sheldon Hartey dos sujetos más que habían participado en el asalto.

Cuando el general Núñez interrogó a Mariano, éste señaló que Sheldon no mostró en ningún momento estar temeroso o retenido por la fuerza. Sin embargo, la noche del 26 de mayo, Leopoldo y Luis mataron al norteamericano mientras dormía, pues tuvieron temor de que éste se escapara y los delatara con la policía.

TROTSKY, CONSTERNADO

Abatido, Trotsky acudió el martes 25 de junio al anfiteatro del Hospital Juárez a reconocer el cuerpo de su estimado secretario Sheldon Harte. Ahí, declaró a La Prensa que estaba convencido de que Sheldon jamás atentaría contra él, así que las acusaciones en su contra no eran más que calumnias, por lo que siempre honraría su memoria.

EL PINTOR, CAPTURADO EN LA SIERRA

David Alfaro Siqueiros fue aprehendido meses después en la sierra de Jalisco, cerca de un poblado llamado Hostotipaquillo. Hasta aquel remoto lugar, el coronel Leandro Sánchez Salazar, jefe del Servicio Secreto y el general Manuel Núñez, persiguieron y arrestaron al famoso muralista mexicano.

En sus primeras declaraciones, Alfaro Siqueiros confesó haber encabezado el atentado contra Trotsky y después de cometido, se escondió en Cuernavaca, Morelos, y luego huyó a la sierra del estado de Jalisco.

INDULTADO POR EL GOBIERNO

David Alfaro Siqueiros tuvo mucha fortuna, pues a principios de 1941, el Gobierno del presidente Ávila Camacho le concedió el indulto, en condición de exiliado. El pintor no lo pensó dos veces y se fue a Chile, donde recibió el apoyo de su amigo, el poeta Pablo Neruda.

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