/ viernes 1 de abril de 2022

Las Goteras: Seductoras y malvadas, asesinaron a los luchadores La Parkita y Espectrito

La peligrosa banda criminal cometía sus fechorías en bares y hoteles de ocasión, donde ellas prometían placer a sus víctimas, pero les causaban una atroz muerte por envenenamiento; su líder era un sujeto apodado "El Hamburguesa"

Aquella mañana de mayo, en la redacción del periódico LA PRENSA, el reportero Gabriel Zendejas y el fotorreportero Luis A. Barrera, recibieron el aviso de que en las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del entonces Distrito Federal, se llevaría a cabo por la tarde, la presentación de una peligrosa banda de asaltantes y asesinos, a la cual, se le seguía la pista desde varios años atrás, sin embargo, debido a la negligencia de las autoridades policiacas, siguieron con sus crímenes por muchos meses más; ahora, por alguna extraña razón, la justicia les había echado el guante.

Zendejas y Barrerita, como se le conoce al maestro de la lente policiaca, se provisionaron el almuerzo con un buen par de tortas de milanesa con queso de puerco en el local Robles, en la Alameda Central, y partieron rumbo a la Procu.

En las instalaciones de la PGJ, la expectación era grande por parte de la muchedumbre de periodistas que esperaban con ansias la conferencia de prensa que daría el procurador general de justicia, Rodolfo Félix Cárdenas.

Después de 30 minutos de espera, el abogado de la ciudad se posó delante de los micrófonos, con algunas hojas en la mano y discurrió sobre su informe, el cual destacaba que gracias a una investigación pausada y bien lograda, más un profundo análisis técnico táctico, habían logrado la captura de la peligrosa banda conocida como “Las Goteras”, a la que se le relacionaba con 23 homicidios y 32 robos.

Muy al estilo de los funcionarios públicos, quienes parece, por su forma de hablar, como si los hicieran aprenderse el mismo manual de retórica, por cierto, muy reducido, Félix Cárdenas resaltó: -Esta aprehensión es resultado de la nueva forma de trabajar de la Policía Judicial del Distrito Federal en el combate a la delincuencia en todas las demarcaciones, con el establecimiento de espacios y tiempos suficientes y los apoyos necesarios para la investigación.

Y prosiguió: -Con estos nuevos procedimientos, el Ministerio Público, la Policía Judicial y los Servicios Periciales lograron obtener resultados positivos que desembocaron en la captura de esta peligrosa banda de criminales.

En compañía de sus colegas de la PGJ del Estado de México, Michoacán, Hidalgo, San Luis Potosí y Tlaxcala, Félix Cárdenas resaltó que la audacia y coordinación de su trabajo en equipo logró la detención de esta red criminal, la cual operaba en aquellas entidades del país.

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MODUS OPERANDI

La maldad tiene muchas facetas, así que podríamos decir que es una y muchas a la vez. Así que el crimen cuenta con muchos intersticios y posibilidades para cumplir sus bellaquerías. La banda de “Las Goteras” es un ejemplo de ello, pues empleó un recurso muy antiguo e infame, para llevar a cabo sus fechorías: el envenenamiento, el cual fue durante la antigua Roma, el arma más letal y recurrida por aquellos tiempos.

Así también, el papel de las mujeres era fundamental en el modus operandi de “Las Goteras”, ya que contactaban a sus víctimas -todos hombres- en restaurantes, bares, cantinas, antros o tugurios, ahí se mostraban amenas y agradables, entablaban conversación para entrar en confianza y luego los convencían de que fueran a lugares más íntimos como sus domicilios u hoteles de paso.

Una vez ahí, seguían bebiendo y poco a poco los seducían y cuando estaban a punto del encuentro sexual, les suministraban gotas oftálmicas en sus bebidas, lo que les provocaba estado de inconsciencia, obstrucción de vías respiratorias, infartos cerebro basculares, pulmonares o al miocardio, o probable hemorragia cerebral, situación que aprovechaban para despojarlos de su dinero y cualquier objeto de valor que pudieran.

Aquella tarde, después de dar su informe el procurador Rodolfo Félix Cárdenas, al fondo de un amplio corredor, fueron presentados los diez detenidos, cinco hombres y cinco mujeres, integrantes de la peligrosa banda de “Las goteras”, quienes posaron para las lentes de decenas de medios de comunicación escoltados por agentes encapuchados de la PJG.

DAVID AVENDAÑO BALLINA, “EL HAMBURGUESA”

Mariano levantó su vaso y lo chocó con el de su mejor amigo, Iván, a quien tenía dos meses que no veía, por el exceso de trabajo al cual había estado sometido. Solían acudir con frecuencia a ese bar, en Garibaldi, pues les gustaba el trato que les daban y el ambiente que se formaba, además, al lugar le caían buenas morras, decía con frecuencia Mariano, a quienes se les podía invitar un trago, y con algo de suerte, se armaba el ligue.

-¡Qué tranza pinche Iván!, ¿cómo te ha ido? Ya tenía un rato que no nos veíamos. ¡Pero chúpale, no seas puñal!

-Pues, en la chamba, ya sabes, hay que chingarle, si no, no sale para el pisto.

El par de camaradas se contaban anécdotas y se quejaban de la chinga que se llevaban en sus trabajos, despotricaban contra sus jefes, pero lo estaban pasando bien y remataban con largos tragos a sus cubas, el convivir de vez en cuando de esa manera, les servía de terapia para salir de la monotonía y del estrés, que implicaba vivir en una ajetreada urbe como la Ciudad de México.

Hacía calor en el lugar y de fondo se escuchaban los riffs de una afilada guitarra y la voz chillante de alguien que no se sabía con certeza si era hombre o mujer. El bar se encontraba casi lleno y en una mesa cercana a la de ellos, se hallaban dos chicas que bebían cerveza y movían sus cuerpos al ritmo de la música.

-¿Ya viste güey, a esas morras? –preguntó Iván.

-Sí carnal, y están volteando desde hace rato. Ya le eché ojo a la del pelo corto.

-Su amiga no está nada mal, ¿eh? ¿Cómo ves si les invitamos unas chelas?

-¡Va, me late! –Respondió Mariano, quien se levantó y acercó a las jovencitas.

-¡Hola, chicas, mi nombre es Mariano, mucho gusto! –y estiró la mano para saludarlas, -¿les gustaría tomarse una cerveza con nosotros?

-¿Sólo una? ¡Qué codos! Que sean varias, ¿no? –respondió la chica de tez morena y cabellera larga.

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-¡Por supuesto, las que quieran! –enfatizó Mariano, al tiempo que las invitó a su mesa donde se encontraba Iván.

Los chicos preguntaron a sus invitadas sus nombres, la morena se llamaba Damaris y su amiga, de cabello corto y tez clara, Paola. Mariano les presentó a su amigo Iván y les preguntó qué deseaban beber, ellas contestaron que para ponerse a tono con ellos, beberían ron.

Conforme avanzaban los minutos, la plática y el cotorreo se dieron bastante bien entre los cuatro, bromeaban, se reían, las chicas se portaban coquetas y al mismo tiempo provocativas. Esto les venía bastante bien a ellos. Las dos parejas se levantaron a bailar una salsa romántica de Maelo Ruiz: Mariano con Paola y Damaris con Iván. La melodía parecía echa para los cuatro: “Regálame una noche, donde te entregues toda, que sólo sea la Luna, la que acompañe la pasión…”.

Así bailaron varias melodías más y entraron en confianza, entonces Damaris propuso que fueran a algún lugar más privado, donde sólo pudieran estar los cuatro, Paola respaldó su propuesta y los chicos no la pensaron dos veces, así que pagaron la cuenta y salieron del bar.

Pasaba de la medianoche y caminaron sobre Eje Central con rumbo a la colonia Guerrero, donde Damaris dijo que conocía un hotel accesible y agradable para seguir la juerga.

En el camino, compraron otra botella de ron en una vinatería, llegaron al hotel y pidieron una habitación, donde continuaron bebiendo. Al calor de las copas, Damaris comenzó a desvestir a Iván, éste se dejaba llevar por la ardiente hembra, quien lo tumbó en la cama. Mientras tanto, Paola se llevó a Mariano al baño y también lo comenzó a desnudar.

De forma repentina Damaris se levantó y le pidió a Iván que no se moviera, se acercó al tocador y de su bolsa sacó su lápiz labial y una botellita pequeña de gotas para los ojos, se puso una en cada uno, argumentando que los tenía muy rojos. Luego se quitó la blusa y se la arrojó a la cara al muchacho: -No te la quites de la cara papito, no veas, no hagas trampa, tengo una sorpresa para ti. –en ese momento se quitó el sostén y después dejó caer algunas gotas del medicamento sobre la cuba de Iván, cogió ambos vasos y los llevó hasta la cama.

-Ya puedes mirar bebé. –Iván se descubrió los ojos y contempló los senos de la joven, ella le dio su vaso y bebieron un largo trago. Damaris puso su cuba sobre el mueble que estaba a un lado de la cama, cogió el de Iván y comenzó a verter el alcohol sobre sus pechos. Se acercó a él y lo invitó a lamer sus firmes pezones.

Paola y Mariano seguían en el baño en pleno agasajo, de pronto ella se apartó de él: -Espera, me dio mucha sed, voy por las cubas. No te muevas.

-Está bien, no tardes muñequita –respondió Mariano.

La joven hurgó dentro de su sostén y sacó un frasquito de gotas, vertió algunas sobre el vaso de Mariano, luego bebió del suyo, tomó ambas cubas y regresó al baño. Entregó su bebida al muchacho, quien absorbió casi la mitad del líquido, mientras ella sonreía de manera perversa.

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DE LO DIONISIACO A LO DEMONIACO

Fue cuestión de segundos para que Mariano pasara del placer al dolor, de pronto comenzó a faltarle el aire y un agudo dolor le invadió el pecho. Se desplomó al suelo sin poder pedir ayuda, ante la fría mirada de Paola, quien veía cómo se retorcía de sufrimiento.

Por su parte, cuando más extasiado se encontraba Iván en los senos de Damaris, de pronto la vista se le empezó a nublar, sintió como su cuerpo cobraba rigidez y le vinieron las convulsiones. El joven se contraía en la cama hasta que se cayó, mientras las dos jóvenes se vestían a toda prisa.

Con Mariano e Iván por completo inconscientes, el par de mujeres aprovechó para despojarlos de sus carteras, dinero, teléfonos celulares y relojes, objetos que guardaron en sus bolsas y abandonaron el hotel lo más rápido que pudieron, perdiéndose en las oscuras calles de una de las colonias más peligrosas de la urbe capitalina: la Guerrero.

Un par de horas después, en plena madrugada, la policía recibió un aviso que alertaba de la presunta muerte de dos jóvenes en el interior de un cuarto de hotel. Cuando los servicios de emergencia llegaron al lugar de los hechos, los paramédicos hallaron aún con signos vitales a Iván, pero Mariano no corrió la misma suerte, pues él ya había fallecido a causa de envenenamiento.

Así que las autoridades judiciales abrieron la carpeta de investigación correspondiente, para aclarar el crimen, pero se dieron cuenta, que apenas tres semanas antes, había ocurrido un asesinato similar, en la colonia Cedros, en Coyoacán, donde perdieron la vida los jóvenes Julio César Albores Trujillo y su amigo Francisco Ruiz Guízar, quienes, al parecer, la noche en que fallecieron, ingerían bebidas alcohólicas con cuatro mujeres.

La situación intrigó a la policía, ya que desde el año 2000 se tenían reportes de crímenes con el mismo modus operandi: hombres que habían sido envenenados con gotas oftálmicas, mientras convivían con mujeres que se dedicaban a la prostitución, quienes administraban esos medicamentos en las bebidas de sus víctimas para despojarlos de sus pertenencias. Algunos lograron sobrevivir, pero la mayoría de ellos no vivió para contarlo.

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ASESINARON A DOS LUCHADORES

La suerte, ahora, les había dado la espalda a los integrantes de la peligrosa banda de “Las Goteras”. Los diez detenidos fueron sometidos a rigurosos interrogatorios ante el ministerio público federal, a quien revelaron que el líder que comandaba la organización criminal era un sujeto de nombre David Avendaño Ballina, apodado también “El Hamburguesa” y su esposa, Claudia Castillos Maya.

Mencionaron que Ballina tenía a su mando varias células en distintos estados del país, donde usaba a mujeres, dedicadas a la prostitución como su medio principal para enganchar a sus víctimas, las cuales, por obvias razones, en su mayoría eran hombres entre los 25 y 60 años.

Los abordaban en bares y cantinas, para después llevarlos a hoteles de paso y ahí, administrarles gotas oftálmicas que contuvieran benzodiacepina o ciclopentolato en su fórmula para que perdieran el conocimiento y aprovechar esa situación para despojarlos de sus pertenencias, tarjetas de crédito y objetos de valor.

ALGUNOS YA NO DESPERTABAN

En realidad, la práctica de envenenamiento de “Las Goteras” o “Zorras”, como también las apodaron, podía tener consecuencias muy severas; algunas veces las víctimas padecieron ceguera permanente, paros cardio respiratorios, infartos cerebrales, trombosis, shock anafiláctico y en casos extremos, la muerte.

La policía comenzó a tirar de los hilos y descubrió que desde el año 2000 había registros de carpetas de investigación por homicidio, las cuales presentaban el mismo modus operandi. Entre ellas se encontraban los casos de Érick Iván Martínez Urbano y de Mariano Espinosa Falcón, quienes habían sido asesinados por envenenamiento en un hotel de la Colonia Guerrero, el 3 de febrero de 2005.

El homicidio por ingesta toxicológica de Julio César Albores Trujillo, sobrino del exgobernador de Chiapas, Roberto Albores Guillén, quien convivía con su amigo Francisco Ruiz Guízar y cuatro mujeres más en su domicilio en la colonia Cedros, en Coyoacán, el 11 de enero, también de 2005.

El año 2003 fue uno de los más prolíficos para la banda de “Las Goteras”, pues las autoridades tenían un registro de 23 crímenes y atracos de este tipo, pese a esto, la ineptitud e indiferencia de la policía les permitió continuar con sus fechorías.

VERGÜENZA A SER JUZGADOS

Otro aliado que jugó a favor de la banda criminal, fue la doble moral de las víctimas sobrevivientes. Muchas de ellas guardaron silencio y no denunciaron por temor a que se descubrieran sus infidelidades, en el caso de los hombres casados, o a que se supiera que llevaban una doble vida dedicada a la borrachera.

En el peor de los casos, ocurrió que su silencio lo pagaron caro decenas de personas más, que sucumbieron a manos de “Las Goteras”.

Con los datos proporcionados por los detenidos, las autoridades judiciales se dieron a la tarea de ir tras la pista de David Avendaño Ballina, su esposa Claudia Castillos Maya, varios de sus cómplices y rastrearlos en los distintos estados de la República donde operaban.

Las investigaciones y rastreos de la policía dieron fruto el día 12 de febrero de 2008, cuando elementos de la Policía Judicial capitalina, detuvieron a David Avendaño Ballina, alias “El Hamburguesa. Aquel día, este sujeto se encontraba muy despreocupado caminando por el Eje Central y la calle de República de Uruguay, en el Centro Histórico, cuando fue aprehendido y llevado a la agencia número 50 de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.

Al ser interrogado por funcionarios de la Subprocuraduría, Avendaño Ballina aceptó ser el fundador y líder de la banda de “Las Goteras”, haber reclutado a más de 100 personas entre hombres y mujeres, quienes delinquían en distintas entidades del país, como Hidalgo, Estado de México, Tlaxcala, Veracruz, Morelos, Guanajuato, Puebla, Querétaro, Jalisco y además, la Ciudad de México.

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CONFESARON SU CRIMEN “LA TÍA” Y “LA GORDA”

El delincuente también señaló, que varios integrantes de la banda vivían principalmente en los municipios de Nezahualcóyotl y Ecatepec, así como en la delegación Gustavo .A Madero y Venustiano Carranza.

Gracias a la información que “El Hamburguesa” reveló, se logró consignar a varios integrantes, entre los que se encontraba Humberto Heredia Jiménez, “El Beto”, Mario Gutiérrez Silva, Susana Flores Benítez, alías “La Jessica”, Damaris Hernández Mejía, Paola Adriana García Espinosa y Marco Antonio Pilotzi Zamora, como presuntos responsables por homicidio calificado, en grado de tentativa y robo calificado.

ÚLTIMA CAÍDA SIN LÍMITE DE TIEMPO

Era un día martes, último día del mes de junio de 2009, cuando dos mucamas del Hotel Moderno, en la colonia Cuauhtémoc, quedaron impresionadas al encontrar a dos hombres sin vida en el interior de la habitación 52. Pronto los encargados del inmueble dieron parte a la policía, quien certificó que se trataba de Alberto y Alejandro Jiménez, ambos hermanos gemelos de 34 años. Al indagar más a profundidad, lograron verificar que este par de sujetos eran nada más y nada menos que los luchadores “Espectrito” y “La Parkita”, ídolos del pancracio nacional.

Después de que los médicos forenses les realizaron las autopsias a los cuerpos de las víctimas, determinaron que habían fallecido a causa de envenenamiento. Al parecer, los gemelos habían estado en un bar de Garibaldi consumiendo bebidas embriagantes y ahí, entablaron comunicación con un par de prostitutas con quienes decidieron pasar una noche de lujuria y placer, sin embargo, nunca se imaginaron que las nefastas mañas de las mujeres, los privarían de la vida.

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APREHENDEN A “LA TÍA” Y “LA GORDA”, ASESINAS DE LOS MINILUCHADORES

Casi un mes después del crimen perpetrado contra los luchadores “Espectrito” y “La Parkita”, elementos de la Fiscalía Central de Investigación de Homicidios detuvieron a Estela González Calva, de 65 años, quien confesó que junto con su amiga apodada “La Gorda”, habían dado muerte a Alberto y Alejandro Jiménez.

La detenida al verse hundida, reveló con detalles que el domingo 29 de junio, ingresaron los cuatro al Hotel Moderno, alrededor de las 5:30 horas, donde bebieron más alcohol, y minutos más tarde, las dos mujeres salieron del lugar, diciendo al recepcionista: “Ya nos vamos, los caballeros se quedan a descansar”.

Por otra parte, la justicia también le echó el guante a María de los Ángeles Sánchez Rueda, alias “La Gorda”, amiga y cómplice de “La Tía”, en el cobarde asesinato cometido contra los dos luchadores profesionales. La detenida aceptó su participación en el crimen y señaló que se le había pasado la mano con las gotas que les dio a los gemelos. Reveló que ante el temor de que fuera apresada, huyó al estado de Hidalgo, se cortó el cabello y se lo tiñó de rojo para que no la reconocieran, lo cual, no le sirvió de mucho, pues dieron con ella. Finalmente, “La Tía” y “La Gorda” fueron sentenciadas a 47 años de prisión por el delito de homicidio agravado y fueron recluidas en el penal de Santa Marta.

En la edición de LA PRENSA del 17 de noviembre de 2017, se informó sobre la captura de tres mujeres y un hombre, quienes estaban relacionados en robos a casas habitación, en agravio a personas que contactaban por medio de la red social Tinder.

En una conferencia de prensa, el procurador general de justicia, Edmundo Garrido Osorio, señaló que los detenidos acordaban una cita con sus víctimas, en las que las mujeres los convencían de tener relaciones sexuales en sus domicilios, y ahí, al calor de las copas y la lujuria, aprovechaban para narcotizarlos con gotas para los ojos y despojarlos de todo lo que podían: dinero, joyas, autos, tarjetas de crédito, electrodomésticos, etcétera. A esta banda de delincuentes, se les bautizó como “Las Goteras VIP”.

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Aquella mañana de mayo, en la redacción del periódico LA PRENSA, el reportero Gabriel Zendejas y el fotorreportero Luis A. Barrera, recibieron el aviso de que en las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del entonces Distrito Federal, se llevaría a cabo por la tarde, la presentación de una peligrosa banda de asaltantes y asesinos, a la cual, se le seguía la pista desde varios años atrás, sin embargo, debido a la negligencia de las autoridades policiacas, siguieron con sus crímenes por muchos meses más; ahora, por alguna extraña razón, la justicia les había echado el guante.

Zendejas y Barrerita, como se le conoce al maestro de la lente policiaca, se provisionaron el almuerzo con un buen par de tortas de milanesa con queso de puerco en el local Robles, en la Alameda Central, y partieron rumbo a la Procu.

En las instalaciones de la PGJ, la expectación era grande por parte de la muchedumbre de periodistas que esperaban con ansias la conferencia de prensa que daría el procurador general de justicia, Rodolfo Félix Cárdenas.

Después de 30 minutos de espera, el abogado de la ciudad se posó delante de los micrófonos, con algunas hojas en la mano y discurrió sobre su informe, el cual destacaba que gracias a una investigación pausada y bien lograda, más un profundo análisis técnico táctico, habían logrado la captura de la peligrosa banda conocida como “Las Goteras”, a la que se le relacionaba con 23 homicidios y 32 robos.

Muy al estilo de los funcionarios públicos, quienes parece, por su forma de hablar, como si los hicieran aprenderse el mismo manual de retórica, por cierto, muy reducido, Félix Cárdenas resaltó: -Esta aprehensión es resultado de la nueva forma de trabajar de la Policía Judicial del Distrito Federal en el combate a la delincuencia en todas las demarcaciones, con el establecimiento de espacios y tiempos suficientes y los apoyos necesarios para la investigación.

Y prosiguió: -Con estos nuevos procedimientos, el Ministerio Público, la Policía Judicial y los Servicios Periciales lograron obtener resultados positivos que desembocaron en la captura de esta peligrosa banda de criminales.

En compañía de sus colegas de la PGJ del Estado de México, Michoacán, Hidalgo, San Luis Potosí y Tlaxcala, Félix Cárdenas resaltó que la audacia y coordinación de su trabajo en equipo logró la detención de esta red criminal, la cual operaba en aquellas entidades del país.

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MODUS OPERANDI

La maldad tiene muchas facetas, así que podríamos decir que es una y muchas a la vez. Así que el crimen cuenta con muchos intersticios y posibilidades para cumplir sus bellaquerías. La banda de “Las Goteras” es un ejemplo de ello, pues empleó un recurso muy antiguo e infame, para llevar a cabo sus fechorías: el envenenamiento, el cual fue durante la antigua Roma, el arma más letal y recurrida por aquellos tiempos.

Así también, el papel de las mujeres era fundamental en el modus operandi de “Las Goteras”, ya que contactaban a sus víctimas -todos hombres- en restaurantes, bares, cantinas, antros o tugurios, ahí se mostraban amenas y agradables, entablaban conversación para entrar en confianza y luego los convencían de que fueran a lugares más íntimos como sus domicilios u hoteles de paso.

Una vez ahí, seguían bebiendo y poco a poco los seducían y cuando estaban a punto del encuentro sexual, les suministraban gotas oftálmicas en sus bebidas, lo que les provocaba estado de inconsciencia, obstrucción de vías respiratorias, infartos cerebro basculares, pulmonares o al miocardio, o probable hemorragia cerebral, situación que aprovechaban para despojarlos de su dinero y cualquier objeto de valor que pudieran.

Aquella tarde, después de dar su informe el procurador Rodolfo Félix Cárdenas, al fondo de un amplio corredor, fueron presentados los diez detenidos, cinco hombres y cinco mujeres, integrantes de la peligrosa banda de “Las goteras”, quienes posaron para las lentes de decenas de medios de comunicación escoltados por agentes encapuchados de la PJG.

DAVID AVENDAÑO BALLINA, “EL HAMBURGUESA”

Mariano levantó su vaso y lo chocó con el de su mejor amigo, Iván, a quien tenía dos meses que no veía, por el exceso de trabajo al cual había estado sometido. Solían acudir con frecuencia a ese bar, en Garibaldi, pues les gustaba el trato que les daban y el ambiente que se formaba, además, al lugar le caían buenas morras, decía con frecuencia Mariano, a quienes se les podía invitar un trago, y con algo de suerte, se armaba el ligue.

-¡Qué tranza pinche Iván!, ¿cómo te ha ido? Ya tenía un rato que no nos veíamos. ¡Pero chúpale, no seas puñal!

-Pues, en la chamba, ya sabes, hay que chingarle, si no, no sale para el pisto.

El par de camaradas se contaban anécdotas y se quejaban de la chinga que se llevaban en sus trabajos, despotricaban contra sus jefes, pero lo estaban pasando bien y remataban con largos tragos a sus cubas, el convivir de vez en cuando de esa manera, les servía de terapia para salir de la monotonía y del estrés, que implicaba vivir en una ajetreada urbe como la Ciudad de México.

Hacía calor en el lugar y de fondo se escuchaban los riffs de una afilada guitarra y la voz chillante de alguien que no se sabía con certeza si era hombre o mujer. El bar se encontraba casi lleno y en una mesa cercana a la de ellos, se hallaban dos chicas que bebían cerveza y movían sus cuerpos al ritmo de la música.

-¿Ya viste güey, a esas morras? –preguntó Iván.

-Sí carnal, y están volteando desde hace rato. Ya le eché ojo a la del pelo corto.

-Su amiga no está nada mal, ¿eh? ¿Cómo ves si les invitamos unas chelas?

-¡Va, me late! –Respondió Mariano, quien se levantó y acercó a las jovencitas.

-¡Hola, chicas, mi nombre es Mariano, mucho gusto! –y estiró la mano para saludarlas, -¿les gustaría tomarse una cerveza con nosotros?

-¿Sólo una? ¡Qué codos! Que sean varias, ¿no? –respondió la chica de tez morena y cabellera larga.

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-¡Por supuesto, las que quieran! –enfatizó Mariano, al tiempo que las invitó a su mesa donde se encontraba Iván.

Los chicos preguntaron a sus invitadas sus nombres, la morena se llamaba Damaris y su amiga, de cabello corto y tez clara, Paola. Mariano les presentó a su amigo Iván y les preguntó qué deseaban beber, ellas contestaron que para ponerse a tono con ellos, beberían ron.

Conforme avanzaban los minutos, la plática y el cotorreo se dieron bastante bien entre los cuatro, bromeaban, se reían, las chicas se portaban coquetas y al mismo tiempo provocativas. Esto les venía bastante bien a ellos. Las dos parejas se levantaron a bailar una salsa romántica de Maelo Ruiz: Mariano con Paola y Damaris con Iván. La melodía parecía echa para los cuatro: “Regálame una noche, donde te entregues toda, que sólo sea la Luna, la que acompañe la pasión…”.

Así bailaron varias melodías más y entraron en confianza, entonces Damaris propuso que fueran a algún lugar más privado, donde sólo pudieran estar los cuatro, Paola respaldó su propuesta y los chicos no la pensaron dos veces, así que pagaron la cuenta y salieron del bar.

Pasaba de la medianoche y caminaron sobre Eje Central con rumbo a la colonia Guerrero, donde Damaris dijo que conocía un hotel accesible y agradable para seguir la juerga.

En el camino, compraron otra botella de ron en una vinatería, llegaron al hotel y pidieron una habitación, donde continuaron bebiendo. Al calor de las copas, Damaris comenzó a desvestir a Iván, éste se dejaba llevar por la ardiente hembra, quien lo tumbó en la cama. Mientras tanto, Paola se llevó a Mariano al baño y también lo comenzó a desnudar.

De forma repentina Damaris se levantó y le pidió a Iván que no se moviera, se acercó al tocador y de su bolsa sacó su lápiz labial y una botellita pequeña de gotas para los ojos, se puso una en cada uno, argumentando que los tenía muy rojos. Luego se quitó la blusa y se la arrojó a la cara al muchacho: -No te la quites de la cara papito, no veas, no hagas trampa, tengo una sorpresa para ti. –en ese momento se quitó el sostén y después dejó caer algunas gotas del medicamento sobre la cuba de Iván, cogió ambos vasos y los llevó hasta la cama.

-Ya puedes mirar bebé. –Iván se descubrió los ojos y contempló los senos de la joven, ella le dio su vaso y bebieron un largo trago. Damaris puso su cuba sobre el mueble que estaba a un lado de la cama, cogió el de Iván y comenzó a verter el alcohol sobre sus pechos. Se acercó a él y lo invitó a lamer sus firmes pezones.

Paola y Mariano seguían en el baño en pleno agasajo, de pronto ella se apartó de él: -Espera, me dio mucha sed, voy por las cubas. No te muevas.

-Está bien, no tardes muñequita –respondió Mariano.

La joven hurgó dentro de su sostén y sacó un frasquito de gotas, vertió algunas sobre el vaso de Mariano, luego bebió del suyo, tomó ambas cubas y regresó al baño. Entregó su bebida al muchacho, quien absorbió casi la mitad del líquido, mientras ella sonreía de manera perversa.

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DE LO DIONISIACO A LO DEMONIACO

Fue cuestión de segundos para que Mariano pasara del placer al dolor, de pronto comenzó a faltarle el aire y un agudo dolor le invadió el pecho. Se desplomó al suelo sin poder pedir ayuda, ante la fría mirada de Paola, quien veía cómo se retorcía de sufrimiento.

Por su parte, cuando más extasiado se encontraba Iván en los senos de Damaris, de pronto la vista se le empezó a nublar, sintió como su cuerpo cobraba rigidez y le vinieron las convulsiones. El joven se contraía en la cama hasta que se cayó, mientras las dos jóvenes se vestían a toda prisa.

Con Mariano e Iván por completo inconscientes, el par de mujeres aprovechó para despojarlos de sus carteras, dinero, teléfonos celulares y relojes, objetos que guardaron en sus bolsas y abandonaron el hotel lo más rápido que pudieron, perdiéndose en las oscuras calles de una de las colonias más peligrosas de la urbe capitalina: la Guerrero.

Un par de horas después, en plena madrugada, la policía recibió un aviso que alertaba de la presunta muerte de dos jóvenes en el interior de un cuarto de hotel. Cuando los servicios de emergencia llegaron al lugar de los hechos, los paramédicos hallaron aún con signos vitales a Iván, pero Mariano no corrió la misma suerte, pues él ya había fallecido a causa de envenenamiento.

Así que las autoridades judiciales abrieron la carpeta de investigación correspondiente, para aclarar el crimen, pero se dieron cuenta, que apenas tres semanas antes, había ocurrido un asesinato similar, en la colonia Cedros, en Coyoacán, donde perdieron la vida los jóvenes Julio César Albores Trujillo y su amigo Francisco Ruiz Guízar, quienes, al parecer, la noche en que fallecieron, ingerían bebidas alcohólicas con cuatro mujeres.

La situación intrigó a la policía, ya que desde el año 2000 se tenían reportes de crímenes con el mismo modus operandi: hombres que habían sido envenenados con gotas oftálmicas, mientras convivían con mujeres que se dedicaban a la prostitución, quienes administraban esos medicamentos en las bebidas de sus víctimas para despojarlos de sus pertenencias. Algunos lograron sobrevivir, pero la mayoría de ellos no vivió para contarlo.

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ASESINARON A DOS LUCHADORES

La suerte, ahora, les había dado la espalda a los integrantes de la peligrosa banda de “Las Goteras”. Los diez detenidos fueron sometidos a rigurosos interrogatorios ante el ministerio público federal, a quien revelaron que el líder que comandaba la organización criminal era un sujeto de nombre David Avendaño Ballina, apodado también “El Hamburguesa” y su esposa, Claudia Castillos Maya.

Mencionaron que Ballina tenía a su mando varias células en distintos estados del país, donde usaba a mujeres, dedicadas a la prostitución como su medio principal para enganchar a sus víctimas, las cuales, por obvias razones, en su mayoría eran hombres entre los 25 y 60 años.

Los abordaban en bares y cantinas, para después llevarlos a hoteles de paso y ahí, administrarles gotas oftálmicas que contuvieran benzodiacepina o ciclopentolato en su fórmula para que perdieran el conocimiento y aprovechar esa situación para despojarlos de sus pertenencias, tarjetas de crédito y objetos de valor.

ALGUNOS YA NO DESPERTABAN

En realidad, la práctica de envenenamiento de “Las Goteras” o “Zorras”, como también las apodaron, podía tener consecuencias muy severas; algunas veces las víctimas padecieron ceguera permanente, paros cardio respiratorios, infartos cerebrales, trombosis, shock anafiláctico y en casos extremos, la muerte.

La policía comenzó a tirar de los hilos y descubrió que desde el año 2000 había registros de carpetas de investigación por homicidio, las cuales presentaban el mismo modus operandi. Entre ellas se encontraban los casos de Érick Iván Martínez Urbano y de Mariano Espinosa Falcón, quienes habían sido asesinados por envenenamiento en un hotel de la Colonia Guerrero, el 3 de febrero de 2005.

El homicidio por ingesta toxicológica de Julio César Albores Trujillo, sobrino del exgobernador de Chiapas, Roberto Albores Guillén, quien convivía con su amigo Francisco Ruiz Guízar y cuatro mujeres más en su domicilio en la colonia Cedros, en Coyoacán, el 11 de enero, también de 2005.

El año 2003 fue uno de los más prolíficos para la banda de “Las Goteras”, pues las autoridades tenían un registro de 23 crímenes y atracos de este tipo, pese a esto, la ineptitud e indiferencia de la policía les permitió continuar con sus fechorías.

VERGÜENZA A SER JUZGADOS

Otro aliado que jugó a favor de la banda criminal, fue la doble moral de las víctimas sobrevivientes. Muchas de ellas guardaron silencio y no denunciaron por temor a que se descubrieran sus infidelidades, en el caso de los hombres casados, o a que se supiera que llevaban una doble vida dedicada a la borrachera.

En el peor de los casos, ocurrió que su silencio lo pagaron caro decenas de personas más, que sucumbieron a manos de “Las Goteras”.

Con los datos proporcionados por los detenidos, las autoridades judiciales se dieron a la tarea de ir tras la pista de David Avendaño Ballina, su esposa Claudia Castillos Maya, varios de sus cómplices y rastrearlos en los distintos estados de la República donde operaban.

Las investigaciones y rastreos de la policía dieron fruto el día 12 de febrero de 2008, cuando elementos de la Policía Judicial capitalina, detuvieron a David Avendaño Ballina, alias “El Hamburguesa. Aquel día, este sujeto se encontraba muy despreocupado caminando por el Eje Central y la calle de República de Uruguay, en el Centro Histórico, cuando fue aprehendido y llevado a la agencia número 50 de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal.

Al ser interrogado por funcionarios de la Subprocuraduría, Avendaño Ballina aceptó ser el fundador y líder de la banda de “Las Goteras”, haber reclutado a más de 100 personas entre hombres y mujeres, quienes delinquían en distintas entidades del país, como Hidalgo, Estado de México, Tlaxcala, Veracruz, Morelos, Guanajuato, Puebla, Querétaro, Jalisco y además, la Ciudad de México.

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CONFESARON SU CRIMEN “LA TÍA” Y “LA GORDA”

El delincuente también señaló, que varios integrantes de la banda vivían principalmente en los municipios de Nezahualcóyotl y Ecatepec, así como en la delegación Gustavo .A Madero y Venustiano Carranza.

Gracias a la información que “El Hamburguesa” reveló, se logró consignar a varios integrantes, entre los que se encontraba Humberto Heredia Jiménez, “El Beto”, Mario Gutiérrez Silva, Susana Flores Benítez, alías “La Jessica”, Damaris Hernández Mejía, Paola Adriana García Espinosa y Marco Antonio Pilotzi Zamora, como presuntos responsables por homicidio calificado, en grado de tentativa y robo calificado.

ÚLTIMA CAÍDA SIN LÍMITE DE TIEMPO

Era un día martes, último día del mes de junio de 2009, cuando dos mucamas del Hotel Moderno, en la colonia Cuauhtémoc, quedaron impresionadas al encontrar a dos hombres sin vida en el interior de la habitación 52. Pronto los encargados del inmueble dieron parte a la policía, quien certificó que se trataba de Alberto y Alejandro Jiménez, ambos hermanos gemelos de 34 años. Al indagar más a profundidad, lograron verificar que este par de sujetos eran nada más y nada menos que los luchadores “Espectrito” y “La Parkita”, ídolos del pancracio nacional.

Después de que los médicos forenses les realizaron las autopsias a los cuerpos de las víctimas, determinaron que habían fallecido a causa de envenenamiento. Al parecer, los gemelos habían estado en un bar de Garibaldi consumiendo bebidas embriagantes y ahí, entablaron comunicación con un par de prostitutas con quienes decidieron pasar una noche de lujuria y placer, sin embargo, nunca se imaginaron que las nefastas mañas de las mujeres, los privarían de la vida.

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APREHENDEN A “LA TÍA” Y “LA GORDA”, ASESINAS DE LOS MINILUCHADORES

Casi un mes después del crimen perpetrado contra los luchadores “Espectrito” y “La Parkita”, elementos de la Fiscalía Central de Investigación de Homicidios detuvieron a Estela González Calva, de 65 años, quien confesó que junto con su amiga apodada “La Gorda”, habían dado muerte a Alberto y Alejandro Jiménez.

La detenida al verse hundida, reveló con detalles que el domingo 29 de junio, ingresaron los cuatro al Hotel Moderno, alrededor de las 5:30 horas, donde bebieron más alcohol, y minutos más tarde, las dos mujeres salieron del lugar, diciendo al recepcionista: “Ya nos vamos, los caballeros se quedan a descansar”.

Por otra parte, la justicia también le echó el guante a María de los Ángeles Sánchez Rueda, alias “La Gorda”, amiga y cómplice de “La Tía”, en el cobarde asesinato cometido contra los dos luchadores profesionales. La detenida aceptó su participación en el crimen y señaló que se le había pasado la mano con las gotas que les dio a los gemelos. Reveló que ante el temor de que fuera apresada, huyó al estado de Hidalgo, se cortó el cabello y se lo tiñó de rojo para que no la reconocieran, lo cual, no le sirvió de mucho, pues dieron con ella. Finalmente, “La Tía” y “La Gorda” fueron sentenciadas a 47 años de prisión por el delito de homicidio agravado y fueron recluidas en el penal de Santa Marta.

En la edición de LA PRENSA del 17 de noviembre de 2017, se informó sobre la captura de tres mujeres y un hombre, quienes estaban relacionados en robos a casas habitación, en agravio a personas que contactaban por medio de la red social Tinder.

En una conferencia de prensa, el procurador general de justicia, Edmundo Garrido Osorio, señaló que los detenidos acordaban una cita con sus víctimas, en las que las mujeres los convencían de tener relaciones sexuales en sus domicilios, y ahí, al calor de las copas y la lujuria, aprovechaban para narcotizarlos con gotas para los ojos y despojarlos de todo lo que podían: dinero, joyas, autos, tarjetas de crédito, electrodomésticos, etcétera. A esta banda de delincuentes, se les bautizó como “Las Goteras VIP”.

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