/ viernes 2 de julio de 2021

Ese infierno llamado News Divine, 12 personas fueron al matadero

Fue en la entonces delegación Gustavo A. Madero. Allí se ubicaba el lugar donde ocurrió el trágico deceso de 12 personas -nueve de ellas jóvenes y tres policías

Ciudad de México.- En la frontera entre la muerte y la suerte había un lugar propicio para que los menores asistieran sin saber que la única salida de aquel lugar sería su fatídico fallecimiento

La historia del News Divine no acaba con los fatídicos eventos ocurridos el 20 de junio de 2008, sino que se remonta. Y si se aprecia con detenimiento cómo nació, se mantuvo y se transformó, entonces se podría concluir las más de las veces que aquel evento no debió haber ocurrido y, más aun, ese antro infame no debió siquiera existir; no obstante, los hechos son distintos en la realidad, pero el resultado siempre es el mismo, un rastro de muerte.

Fue en la entonces delegación Gustavo A. Madero. Allí se ubicaba el lugar donde ocurrió el trágico deceso de 12 personas -nueve de ellas jóvenes y tres policías-, durante la intervención de un operativo fallido. Era un sitio que parecía amplio por dentro, pero cuyos pasillos y entrada eran como los corredores por donde se conduce al ganado rumbo al matadero.

Biblioteca y Hemeroteca Mario Vázquez Raña

Quizás la historia de ese lugar –que ha quedado en la memoria como algo que pudo evitarse- sea también la misma de una demarcación asolada por la delincuencia, pero también estigmatizada como una zona del terror; cuestión por supuesto carente de todo sustento, pues sus moradores, gente trabajadora y sencilla, siempre ha buscado vivir en paz y tranquilamente.

Sin embargo, lo que las autoridades que han estado al frente de la delegación (en ese entonces Chíguil y trece años después Chíguil de nuevo, sin que ello signifique que algo haya cambiado) han legado a los maderenses ha sido poco o nada en relación con una mejora y beneficio para sus moradores.

La Gustavo A. Madero colinda con el Estado de México y es un área con demasiadas viviendas, rodeada de unidades habitacionales, donde sólo se observa un triste panorama urbano y de escasos recursos. Y, en tales condiciones, se mantenía a la población de la zona: en la pobreza, el hacinamiento, la exclusión y la marginalidad; aunado al desempleo, la violencia y la persecución, esta última especialmente por parte de la policía contra la juventud.

Por lo tanto, en la GAM, donde las opciones de esparcimiento en aquel entonces eran de mínimas a escasas o nulas, predominaba la posibilidad de que los bares y cantinas (negocios clandestino en algunos casos) fueran los sitios idóneos para la recreación tanto de adultos como de menores de edad y, allí mismo, aunque esos inocentes, era el blanco fácil de algunos criminales aprovechaban para delinquir, o de los propios dueños de esos establecimientos, cuyas medidas de seguridad inexistentes ponían en peligro la vida de los parroquianos, como ocurrió en el News Divine.

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AQUEL DíA MORTAL

Horas antes de que se llevara a cabo el operativo, en las oficinas de los funcionarios de la delegación Gustavo A. Madero sonaban los teléfonos, puesto que todo debía seguir según se había previsto.

El principal, o único, objetivo consistía en clausurar el lugar; realizar algunas detenciones y cortar de tajo con la venta ilegal de bebidas a menores de edad, así como dar con los consumidores y distribuidores de drogas, supuestamente, según lo que se supo con posterioridad.

De acuerdo con una versión oficial, la tardeada en el News Divine comenzó a las 16:00 horas y, aproximadamente al mismo tiempo, Guillermo Zayas González, mando único operativo del Unipol en la GAM, llamó a Rafael Bustamante Martínez para solicitar el apoyo de verificadores a efecto de llevar a cabo un operativo en el bar denominado News Divine, debido a que se contaba con información recabada de que allí se vendían estupefacientes y alcohol a menores de edad.

Más tarde, Rafael Bustamante llamó por teléfono a María Teresa Vicenteño Ortiz, a quien informó sobre la petición de Zayas y le pidió que se pusiera de acuerdo con él para afinar los detalles del operativo.

Luego de que Zayas y Vicenteño intercambiaron algunas palabras, Vicenteño le pidió a Eunice Sierra que preparara toda la documentación para realizar las diligencias correspondientes según lo que se había discutido.

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Los teléfonos entonces no paraban de sonar. Se llamaban entre todos porque unos les pedían a otros que realizaran diferentes cosas para solicitar apoyos.

Alrededor de las 17:00 horas, los papeles estaban listos para realizar la visita; así como el apoyo de las autoridades y la asistencia de funcionarios y policías; por lo cual, María Vicenteño se comunicó una última vez con Zayas y le indicó que se reunieran en el sector Aragón de la SSP, para de que de allí partieran rumbo a la diligencia.

Una vez en el sitio de encuentro, Zayas le indicó a María Teresa que él coordinaría todo el operativo. Para ese instante, de acuerdo con Zayas, ya había gente de la policía (encubierta) dentro del lugar, cuya labor consistía en identificar a los infractores.

Alrededor de las 18:00 horas, afuera del NEWS DIVINE se instaló un convoy con personal de la Judicial, de Seguridad Pública, así como todos los funcionarios que participarían en el evento; no obstante, antes de que este gran convoy llegara, ya algunos de los elementos de la policía en esos momentos llevaban a cabo revisiones a las personas que se encontraban a las afueras del bar, quienes formaban una larga fila en espera de poder entrar, pero a ninguno se le encontró nada; mientras adentro el telón de la tragedia se levantaba.

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¡Escalofriante embudo humano!

Los jóvenes se divertían cuando policías irrumpieron en la discoteca; buscaban decomisar drogas, no las había y arremetieron contra la chamacada

El 20 de junio el curso escolar llegó a su fin y los muchachos se descolgaron a la tardeada para festejar. Pero como todos sabemos, en la juventud sobran motivos y energías para celebrar. La pachanga al final de cuentas, mitiga y exorciza la desgracia, ya sea económica o existencial.

Adentro del local, mal disfrazado como discoteca, la música sonaba a todo lo que daba. Los cuerpos sudorosos se movían a veces rápido, otras, lento, según lo ameritara el ritmo de las melodías. Las luces de colores rebotaban por todos lados y los ventiladores giraban sin parar.

El establecimiento estaba a reventar, el calor se tornaba sofocante y algunos trataron de refrescar la garganta con una caguama bien muerta o una michelada, otros se intentaron ligar a los morros o morras que tenían cerca. Intercambiaban miradas y sonrisas. Los chavos conversaban acerca de sus asuntos: las broncas en casa, los amigos, las novias, novios, si podrían continuar con sus estudios o tendrían que ponerse a trabajar –una vez concluida la secundaria-, por ese instante sólo querían disfrutar el momento, olvidarse de las amenazas que rodean al mundo adulto, el cual una vez adentro, no hay regreso. Por eso les gustaba caerle cada viernes al New’s Divine.

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Aunque la discoteca ya parecía lata de sardinas, afuera, decenas de jóvenes hacían una larga fila para poder entrar; el sufrimiento de la espera, tendría su recompensa una vez adentro de aquel nebuloso, sucio, ruidoso, húmedo y apestoso paraíso llamado New’s Divine.

De pronto, una bolita gritó: -¡Ya valió madres, valedores! ¡Ya le cayó mierda al pastel!

-En ese momento, un convoy con personal de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), Policía Judicial del Distrito Federal y Ministerio Público de la Delegación Gustavo A. Madero, integrado por varios camiones, patrullas y camionetas, se estacionó afuera del local y de los vehículos descendieron varios agentes intimidando a los chavos con sus metralletas y pasamontañas.

Los elementos se desplegaron sobre la entrada principal de la discoteca y la voz de un mando policial ordenó registrar a los muchachos que estaban formados: -¡Decomisen armas, drogas y a ver qué más traen estos cabrones! –Escupió de su boca el jefe, con rabia.

En pocos minutos, el ambiente de fiesta se tornó turbio… tenso.

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CON PERMISO, VENIMOS A EXPRESAR NUESTROS PREJUICIOS

Cuentan los testigos, al antro ingresaron varios funcionarios de la GAM, se dice que entre ellos estuvieron Alejandro Salgado, jefe de la Unidad Departamental de Verificación; Alejandro González, verificador administrativo; la directora jurídica, María Teresa Vicenteño, la subdirectora, Eunice Sierra y varios mandos policiacos; entre ellos, Héctor Arturo Flores Gómez, jefe del sector Aragón y Guillermo Zayas, titular del Mando Único Policial (Unipol). En ese momento, a las personas que resguardaban la entrada, dijeron, eran la autoridad y llevarían a cabo un operativo sorpresa.

Adentro del establecimiento, los funcionarios se sintieron muy incómodos, ajenos a todo lo que apreciaban sus ojos y de inmediato, una de las funcionarias expresó su rechazo: -¡Pero mira nada más… puro ratero hay aquí, y si no lo son, al menos, lo parecen! ¡Ya viste cómo se peinan, cómo se visten!

Luego, Alejandro González y su asistente de apellido Salgado, se dirigieron a una pequeña oficina, como si por casualidad ya supieran hacia dónde dirigir sus pasos. En el reducido cubículo, que también fungía como cabina de sonido, Alfredo Maya Ortiz, dueño de la discoteca, los recibió sorprendido: -¿Qué los trae por acá, caballeros? ¿En qué puedo servirlos? ¿Gustan un refresquito?

Los funcionarios, muy metidos en su papel, exigieron la documentación correspondiente del establecimiento mercantil a Ortiz Maya, quien acató la orden.

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Mientras tanto, ya varios elementos policiacos de la SSP y la Judicial formaron una vaya desde la escalera interior del inmueble hasta la puerta principal, con la intención de conducir a los muchachos hacia la salida. Los chavos no sabían con exactitud qué sucedía, de pronto se vieron intercalados con policías armados, todo se tornó confuso, pero la música sonaba y ellos no dejaron de bailar.

El acoso de la autoridad tomó su ritmo cuando policías entraron a los baños de las mujeres y sacaron a empujones a las jovencitas que ahí se encontraban. Ellas gritaron atemorizadas y la misma acción se ejecutó en los baños de los hombres. Agentes de la Judicial, vestidos de civil golpearon a varios chavos, quienes se cubrieron como pudieron los trancazos.

Y como en todos lados, siempre hay uno que quiere destacar por encima de los demás, un policía llegó con tolete en mano y con toda su furia sometió de un garrotazo en la cabeza a un joven, quien cayó al suelo y se retorció gimiendo de dolor como un simio, de inmediato la sangre brotó de su herida.

Al verse anulados mediante la violencia, los jóvenes supieron que algo no andaba bien y entraron en pánico. La solemnidad de la autoridad había matado la fiesta.

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“VAMOS A EVACUAR EL LUGAR”

Los funcionarios, Gonzáles y Salgado, indicaron a Ortiz Maya, harían un recorrido por el local para verificar que cumpliera con las normas de operación, el dueño de la discoteca se trató de oponer, pues argumentó, tenía todos los documentos en regla.

-Vamos a desalojar el local y revisaremos que todo esté en orden, de entrada está usted vendiendo bebidas alcohólicas a menores de edad y, segunda, sobrepasa el cupo de gente, así que vamos a clausurar su negocio –Señaló Gonzáles a Maya, quien se resistía.

De pronto, con el tacto y educación que caracteriza a algunos de nuestros policías, el judicial José Cedillo enfrentó a Ortiz Maya:

-Apaga tu chingadera cabrón y diles que obedezcan, porque vamos a revisarlos y a evacuar el lugar.

Ortiz Maya dio la orden al DJ para que apagara el equipo de sonido, cuando la música paró y los ventiladores dejaron de soplar, los chavos se desconcertaron aún más. El calor era infernal.

A silbidos y gritos, los jóvenes dirigieron recordatorios a las mamacitas de los policías, y exigieron que volvieran a poner la música y los ventiladores, pues el entorno se hacía cada vez más insoportable.

Bañado en sudor y tembloroso, el propietario del New’s Divine tomó el micrófono y se dirigió a los jóvenes:

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-Muchachos, hay que desalojar el lugar porque hay un operativo y así lo marca la Ley, a cambio, el próximo viernes la entrada será gratis.

La bulla no se hizo esperar, al igual que las mentadas de madre y los reclamos de los chavos, quienes enfocaron todo su descontento hacia las autoridades. Los policías arremetieron con más fuerza sobre ellos y los obligaron a hacer una fila hacia las escaleras, a las cuales llamaban “el túnel”, la cual parecía más una alcantarilla que desembocaba en la planta baja.

Pero los chicos, inconformes y fastidiados por los sutiles tratos de la policía, golpearon las láminas que cubrían las paredes de la escalera y rompieron algunos vidrios del tapanco. Así que una tanda más de toletazos, patadas y golpes de los policías no se hicieron esperar, para contenerlos.

El funcionario Alejandro González quiso verificar la edad de los jóvenes y pidió a varios sus identificaciones, pero la mayoría no tenía porque eran menores de edad. Algunos sacaron sus credenciales de la secundaria y otros del CETIS y se las mostraron.

No obstante, el enojo tanto de jóvenes como de autoridades se desbordó, imperó la sinrazón y la situación se salió de control, por lo cual los verificadores y funcionarias salieron como pudieron de la discoteca con ayuda de algunos policías. La última instrucción que se dio, fue la de desalojar a como diera lugar el establecimiento.

Algunos muchachos que se encontraban cerca de la entrada fueron sacados en fila y con las manos en la cabeza, como si fueran criminales. Después los ingresaron a dos camiones de la SSP, pero como no hubo cupo para todos, improvisaron dos más de la RTP. Ahí, encerrados, los chavos cuestionaron su detención y el lugar a dónde los iban a trasladar, un uniformado con altanería disipó sus dudas: -Los vamos a remitir a los separos por estar consumiendo drogas en el bar –a pesar de no tener evidencias de tal acusación.

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“CIERREN LAS PUERTAS”, LA ORDEN DE UNA MENTE BRILLANTE

Con los camiones repletos de muchachos y chavas, el talento de un mando policiaco salió a flote: -¡Cierren las puertas, ya no dejen salir a nadie más! Ya están llenos los camiones, hay que esperar a que lleguen más para trasladarlos.

En ese momento, un grupo de cerca de 40 policías apostados en la entrada, formaron un tapón para que nadie saliera, contrario a eso, en el interior del antro, los uniformados empujaban a los jóvenes hacia las escaleras, por tanto, aquello se volvió en un estira y afloja constante, por una parte agentes obligando a los adolescentes a conducirse a la salida y sus colegas de afuera impidiendo que lo hicieran.

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En esa lógica absurda, “el túnel” se convirtió en un embudo obstruido por decenas de muchachos, en los que sus cuerpos parecían una sola masa, y a la vez, un insecto gigante y amorfo con varios pies, brazos y ojos. Una imagen grotesca en la cual trataban de resistir lo más que podían los apretujones, la falta de aire y hasta los golpes que llovían en todas direcciones.

De pronto, otro policía sacó su spray de gas lacrimógeno, y lo roció como si fuera insecticida sobre el gran gusano humano, para acabar con él o con ellos. Entonces, “el túnel” se volvió lo más parecido a una cámara de gas.

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“NOS AHOGAMOS, ABRAN LAS PUERTAS”

Los clamores de los chicos se escucharon en el sentido de que abrieran las puertas, pues cada vez tenían más dificultades para respirar. Los de adelante comenzaron a desfallecer, unos encima de otros, los de atrás pasaban por arriba de los caídos, mientras los de en medio se asfixiaban.

Los que cayeron al piso se retorcían y se trataron de levantar, algunos lo consiguieron, pero la mayoría no. El gas envenenó el ambiente y los dejó sin aire y mermó sus fuerzas.

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EL RITMO CAMBIÓ AL DE UNA DANZA FÚNEBRE

Todo joven debería ser instruido en el sentido de que la vida muchas veces es frágil y su trama se quiebra por lo más delgado. Deberían saber que la existencia es tan inestable, que todo lo que marcha bien cambia a la velocidad de la luz. Los chicos que apenas unos minutos antes bailaban con gozo, ahora habían sido obligados a seguir el ritmo de una danza fúnebre, atorados en las escaleras, bien llamadas “el túnel”.

Varios chavos ya no pisaban el suelo, se encontraron encima de los cuerpos de otros y otras camaradas. Sus gritos eran aterradores. Lloraban de angustia y desesperación y aun así, no dejaban de recibir golpes de los policías.

Pasaron de 15 a 20 minutos, los cuales en dichas condiciones fueron un martirio eterno para los atrapados. Y como las leyes de la física son infalibles, las puertas del New’s Divine se abrieron por la presión ejercida de los jóvenes que se encontraban adentro. Como si fuera la boca de un gran mamífero indigestado, jóvenes y policías salieron expulsados y cayeron sobre la banqueta, ahí, otros policías y curiosos al ver la emergencia, se acercaron para jalarlos y tratar de ponerlos a salvo.

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Flagrante abuso de las autoridades

Los funcionarios y corporaciones policiales se presentaron en el bar de la Nueva Atzacoalco sin alguna orden judicial

En ese momento, familiares de algunos jóvenes ya se habían enterado del problema y acudieron a las afueras de la discoteca para llevarse a los suyos. También estaban decenas de curiosos, llegaron más policías y sólo una ambulancia del ERUM.

Parientes y curiosos no lo pensaron y se sumaron al salvamento como pudieron. Jalaron a los muchachos, les trataron de proporcionar aire y reanimar con lo que podían y tenían. Unos policías vieron moribunda a una jovencita, la cargaron e iban a subirla a la ambulancia, pero uno de los paramédicos gritó: -¡No me subas a ninguno. No voy a atender a ningún cabrón! –Y la dejaron caer, golpeándose fuertemente el cráneo contra el pavimento.

El panorama era dantesco, muchos chicos, muchachitas y hasta policías se encontraban agonizantes sobre el asfalto.

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PANORAMA DESOLADOR

La escena con el paso de los minutos se tornó más dramática a las afueras del New’s Divine, sobre la avenida Eduardo Molina; cada vez eran más los muchachos y jovencitas tirados sobre el asfalto, algunos estaban inconscientes, pero aún tenían pulso y aliento. Varios más tenían golpes en distintas partes de sus cuerpos, propinados por los policías y los empujones dentro de la discoteca.

No obstante, en el lugar sólo se encontraba una ambulancia y dos paramédicos, insuficientes para auxiliar a todos, pero tampoco se sabía si las autoridades solicitaron el arribo de más unidades médicas.

Así, de forma indigna, varios jóvenes fallecieron ante la mirada aterrada de los testigos. También, tres policías: dos hombres y una mujer, perdieron la vida, sin que alguien pudiera hacer algo por ellos. Incrédulos a lo que estaban viviendo, los voluntarios taparon con sábanas y sus mismas prendas a los cuerpos de los chavos fallecidos, fue la menor muestra de respeto que su calidad moral les dictó en ese momento.

Alrededor de las 18:55 horas, sobre los verificadores y funcionarios de la GAM, así como de los mandos de la Judicial y la Unipol, sólo se sabía una cosa: se habían retirado del lugar en sus vehículos y arropados por la confusión de los trágicos sucesos.

A las 19:10 horas, la malograda discoteca se encontró por completo desalojada. Pero junto a la taquilla, en un rincón, yacía el cuerpo de otro muchacho fallecido. La infamia rigió la sucesión de los hechos y el saldo fue grotesco: varios cadáveres sobre el asfalto, prendas de vestir y zapatos esparcidos por doquier, llantos y lamentos de familiares como melodía de fondo y policías haciendo alarde de su poder con sus armas en las manos.

Cuando ya oscurecía, una luz alumbró el cielo, era un helicóptero de la SSP que sobrevolaba el lugar, nunca se supo realmente con qué fin.

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LLEGÓ LA MÁXIMA AUTORIDAD DE LA SSP

Pasaban de las 19:30 horas, cuando a las afueras del bar, ya decenas de medios de comunicación habían llegado para cubrir la noticia.

Luego, y para ser más preciso, más de una hora después -de que las autoridades de la GAM llegaron al antro, para según ellos, realizar un operativo-, arribó también el secretario de Seguridad Pública, Joel Ortega Cuevas. Los reporteros de inmediato lo abordaron para recoger sus declaraciones: -¿Qué fue lo que sucedió, señor secretario? ¿Se trató de un operativo sorpresa o ya venían planeándolo? ¿Cuál es el motivo de su presencia? –Fueron algunas de sus preguntas, a las que el funcionario sólo contestó: -Venimos a realizar una inspección al interior del local. No puedo darles más detalles hasta tener más información. Sí, se llevó a cabo un operativo. Puedo decirles que este hecho se aclarará y no quedará impune…

Con él, también entraron las funcionarias María Teresa Vicenteño y Eunice Sierra, así como Guillermo Zayas, jefe de la Unipol, quienes más de una hora antes, se esfumaron del lugar cuando la situación se les salió de las manos. Después de recorrer el inmueble, cerca de las 20:15 horas, Ortega y las autoridades de la GAM, se retiraron.

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DILIGENCIAS Y PROTOCOLOS

Elementos de la Judicial y SSP acordonaron la entrada de la discoteca y marcaron un cerco de varios metros a la redonda, dentro del cual, el ministerio público y expertos forenses realizaron los peritajes que manda la Ley.

Poco antes, llegaron más ambulancias, las cuales trasladaron a varios jóvenes heridos a los hospitales de La Villa, Xoco, Mocel y Balbuena. Mientras tanto, familiares y amigos de los fallecidos, desbordados por el trauma del dolor, manifestaron su indignación y descontento hacia las autoridades:

-¡Policías asesinos, sólo eran unos niños! -Y aquellas palabras se volvieron un incesante reclamo.

Por otra parte, los muchachos detenidos y subidos a los camiones, fueron llevados a distintas instalaciones del Sector Aragón de la Secretaría de Seguridad Pública: Pradera, Vasco de Quiroga y a la Agencia 50 del MP, a un costado del Metro Martín Carrera. Los camiones trasladaron a cerca de 60 jóvenes por unidad.

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“¡Asesinos, sólo eran unos niños!”

La humillación continuó contra los jóvenes en los MP; ahí los desnudaron y mantuvieron incomunicados por varias horas

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SE VIOLARON SUS DERECHOS HUMANOS

La agresión y los abusos continuaron contra los jóvenes detenidos en cada una de las instalaciones donde fueron retenidos. En voz de las propias víctimas, se supo que agentes judiciales y de la SSP desnudaron a la mayoría de ellos, los marcaron como reses con un plumón, los torturaron física y psicológicamente, además, de despojarlos de sus escasas pertenencias y de sus derechos humanos.

Eso en cuanto a los varones, pero las jovencitas padecieron una situación similar, pues varios policías entre hombres y mujeres, también las desnudaron mientras las grababan y fotografiaban con sus teléfonos celulares.

A los varones les aplicaron castigo como a los estudiantes en el 68, los obligaron a tener por horas las manos en la cabeza y cuando éstos ya no aguantaban y las bajaban, eran golpeados con los toletes en brazos, piernas y cráneo.

Mientras todo esto sucedía, sobre la avenida Eduardo Molina, a las afueras de la discoteca, varios cadáveres todavía no eran levantados por la autoridad. Las escenas fueron desgarradoras, familiares hundidos en su dolor, a un costado de sus muertitos implorando justicia: -¡Hijita, no te vayas, no me hagas esto! ¡Despierta, te lo suplico! –Rogó una de tantas madres afectadas.

No obstante, también se escucharon otra clase de comentarios, originados por la indiferencia, por la falta de empatía, el odio, la ignorancia, o por alguna razón muy perversa, qué se yo, estimado público lector.

Fueron algunas explicaciones que trataron de dar algunos policías a los familiares de las víctimas, éstos resaltaron que sus hijos lo tenían bien merecido, por estar en un lugar y en compañía de personas inadecuadas. Es decir, resumieron la compleja tragedia mediante una simplona y burda moraleja.

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¿QUIÉNES REALIZARON EL OPERATIVO Y POR QUÉ?

Según la versión de la Secretaría de Seguridad Pública, el motivo del operativo fue por varias denuncias vecinales y una presunción de venta de alcohol y drogas a menores de edad en la discoteca. Sin embargo, en el Informe de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, después de los hechos, se registró que sólo dos jóvenes presentaron niveles altos de alcohol en la sangre; por otro, no se reportó ni decomiso de armas, ni consumo o posesión de drogas por parte de los adolescentes detenidos. Esto cuestiona aún más, la detención y retención por más de 12 horas de los jóvenes que fueron remitidos a distintos ministerios públicos.

También, de acuerdo con los documentos que presentó Alfredo Maya, administrador del lugar, contaba con los permisos para operar y vender alcohol en la discoteca, éstos tenían la firma de aprobación del verificador administrativo de la GAM: Alejandro González, presente el día de los sucesos trágicos. La verdad es que, con las investigaciones realizadas, se ventiló la corrupción por parte de los funcionarios de la GAM, quienes recibían dinero de Maya para poder abrir el inmueble.

El reporte de la CDHDF también señala que no había una orden judicial para realizar el operativo y que la Unipol se apoyó en los verificadores administrativos de la GAM para legalizar el cateo; esto, a pesar de que Guillermo Zayas, Mando Único del Sector VI y Joel Ortega, Secretario de Seguridad Pública, ya pensaban desde meses atrás, llevar a cabo una inspección en el lugar, la cual ejecutaron de forma espontánea y precipitada aquel 20 de junio del 2008.

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Tal parece que, en realidad no hubo una planeación ni una estrategia en forma para llevar a cabo dicho operativo, además de que no se contemplaron escenarios de riesgo en caso de alguna contingencia, no existió una coordinación entre las distintas corporaciones policiacas, su actuar fue torpe y provocó las condiciones en el lugar para que sucediera la tragedia; hubo negligencia de todos los funcionarios involucrados, se violaron los derechos humanos tanto de los jóvenes, familiares como de los agentes fallecidos, así como también, de los adolescentes detenidos, pues se les quiso criminalizar, quizá por su condición social, su juventud e inexperiencia.

Ante todo esto, quedaron claros varios aspectos: la corrupción de las autoridades por permitir que la discoteca operara en la ilegalidad, la irresponsabilidad del administrador que vendía bebidas alcohólicas a los menores, el lugar no contaba con las medidas de seguridad necesarias para solventar una contingencia. Que había sobrecupo, sí, también, pero no era la primera vez, ¿por qué ese día todo terminó mal? Y por último, el operativo no fue planeado y por ello, las acciones de la policía y autoridades fueron autoritarias, desacertadas y se les salió de control, lo cual dejó un saldo triste de 12 personas fallecidas. Que, los adolescentes acudían con frecuencia al News Divine a divertirse, es cierto, que a esa edad se es inmaduro, también, pero nada justifica la forma en cómo fueron tratados.

Recordemos que la mayoría de los muchachos que asistían al antro vivían bajo la marginalidad de una geografía violenta, de un ámbito hostil, por ello acudían cada viernes a ese edén sórdido para vengarse de todas las represiones a las cuales estaban sometidos.

La tragedia del New’s Divine es uno de los peores agravios cometidos contra la juventud en la Ciudad de México, un escollo sin superar porque hasta hoy, muchos involucrados directa o indirectamente siguen sin recibir un castigo, mientras los familiares de las víctimas continúan con su exigencia digna, de que las autoridades se reivindiquen y apliquen la justicia.

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Ciudad de México.- En la frontera entre la muerte y la suerte había un lugar propicio para que los menores asistieran sin saber que la única salida de aquel lugar sería su fatídico fallecimiento

La historia del News Divine no acaba con los fatídicos eventos ocurridos el 20 de junio de 2008, sino que se remonta. Y si se aprecia con detenimiento cómo nació, se mantuvo y se transformó, entonces se podría concluir las más de las veces que aquel evento no debió haber ocurrido y, más aun, ese antro infame no debió siquiera existir; no obstante, los hechos son distintos en la realidad, pero el resultado siempre es el mismo, un rastro de muerte.

Fue en la entonces delegación Gustavo A. Madero. Allí se ubicaba el lugar donde ocurrió el trágico deceso de 12 personas -nueve de ellas jóvenes y tres policías-, durante la intervención de un operativo fallido. Era un sitio que parecía amplio por dentro, pero cuyos pasillos y entrada eran como los corredores por donde se conduce al ganado rumbo al matadero.

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Quizás la historia de ese lugar –que ha quedado en la memoria como algo que pudo evitarse- sea también la misma de una demarcación asolada por la delincuencia, pero también estigmatizada como una zona del terror; cuestión por supuesto carente de todo sustento, pues sus moradores, gente trabajadora y sencilla, siempre ha buscado vivir en paz y tranquilamente.

Sin embargo, lo que las autoridades que han estado al frente de la delegación (en ese entonces Chíguil y trece años después Chíguil de nuevo, sin que ello signifique que algo haya cambiado) han legado a los maderenses ha sido poco o nada en relación con una mejora y beneficio para sus moradores.

La Gustavo A. Madero colinda con el Estado de México y es un área con demasiadas viviendas, rodeada de unidades habitacionales, donde sólo se observa un triste panorama urbano y de escasos recursos. Y, en tales condiciones, se mantenía a la población de la zona: en la pobreza, el hacinamiento, la exclusión y la marginalidad; aunado al desempleo, la violencia y la persecución, esta última especialmente por parte de la policía contra la juventud.

Por lo tanto, en la GAM, donde las opciones de esparcimiento en aquel entonces eran de mínimas a escasas o nulas, predominaba la posibilidad de que los bares y cantinas (negocios clandestino en algunos casos) fueran los sitios idóneos para la recreación tanto de adultos como de menores de edad y, allí mismo, aunque esos inocentes, era el blanco fácil de algunos criminales aprovechaban para delinquir, o de los propios dueños de esos establecimientos, cuyas medidas de seguridad inexistentes ponían en peligro la vida de los parroquianos, como ocurrió en el News Divine.

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AQUEL DíA MORTAL

Horas antes de que se llevara a cabo el operativo, en las oficinas de los funcionarios de la delegación Gustavo A. Madero sonaban los teléfonos, puesto que todo debía seguir según se había previsto.

El principal, o único, objetivo consistía en clausurar el lugar; realizar algunas detenciones y cortar de tajo con la venta ilegal de bebidas a menores de edad, así como dar con los consumidores y distribuidores de drogas, supuestamente, según lo que se supo con posterioridad.

De acuerdo con una versión oficial, la tardeada en el News Divine comenzó a las 16:00 horas y, aproximadamente al mismo tiempo, Guillermo Zayas González, mando único operativo del Unipol en la GAM, llamó a Rafael Bustamante Martínez para solicitar el apoyo de verificadores a efecto de llevar a cabo un operativo en el bar denominado News Divine, debido a que se contaba con información recabada de que allí se vendían estupefacientes y alcohol a menores de edad.

Más tarde, Rafael Bustamante llamó por teléfono a María Teresa Vicenteño Ortiz, a quien informó sobre la petición de Zayas y le pidió que se pusiera de acuerdo con él para afinar los detalles del operativo.

Luego de que Zayas y Vicenteño intercambiaron algunas palabras, Vicenteño le pidió a Eunice Sierra que preparara toda la documentación para realizar las diligencias correspondientes según lo que se había discutido.

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Los teléfonos entonces no paraban de sonar. Se llamaban entre todos porque unos les pedían a otros que realizaran diferentes cosas para solicitar apoyos.

Alrededor de las 17:00 horas, los papeles estaban listos para realizar la visita; así como el apoyo de las autoridades y la asistencia de funcionarios y policías; por lo cual, María Vicenteño se comunicó una última vez con Zayas y le indicó que se reunieran en el sector Aragón de la SSP, para de que de allí partieran rumbo a la diligencia.

Una vez en el sitio de encuentro, Zayas le indicó a María Teresa que él coordinaría todo el operativo. Para ese instante, de acuerdo con Zayas, ya había gente de la policía (encubierta) dentro del lugar, cuya labor consistía en identificar a los infractores.

Alrededor de las 18:00 horas, afuera del NEWS DIVINE se instaló un convoy con personal de la Judicial, de Seguridad Pública, así como todos los funcionarios que participarían en el evento; no obstante, antes de que este gran convoy llegara, ya algunos de los elementos de la policía en esos momentos llevaban a cabo revisiones a las personas que se encontraban a las afueras del bar, quienes formaban una larga fila en espera de poder entrar, pero a ninguno se le encontró nada; mientras adentro el telón de la tragedia se levantaba.

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¡Escalofriante embudo humano!

Los jóvenes se divertían cuando policías irrumpieron en la discoteca; buscaban decomisar drogas, no las había y arremetieron contra la chamacada

El 20 de junio el curso escolar llegó a su fin y los muchachos se descolgaron a la tardeada para festejar. Pero como todos sabemos, en la juventud sobran motivos y energías para celebrar. La pachanga al final de cuentas, mitiga y exorciza la desgracia, ya sea económica o existencial.

Adentro del local, mal disfrazado como discoteca, la música sonaba a todo lo que daba. Los cuerpos sudorosos se movían a veces rápido, otras, lento, según lo ameritara el ritmo de las melodías. Las luces de colores rebotaban por todos lados y los ventiladores giraban sin parar.

El establecimiento estaba a reventar, el calor se tornaba sofocante y algunos trataron de refrescar la garganta con una caguama bien muerta o una michelada, otros se intentaron ligar a los morros o morras que tenían cerca. Intercambiaban miradas y sonrisas. Los chavos conversaban acerca de sus asuntos: las broncas en casa, los amigos, las novias, novios, si podrían continuar con sus estudios o tendrían que ponerse a trabajar –una vez concluida la secundaria-, por ese instante sólo querían disfrutar el momento, olvidarse de las amenazas que rodean al mundo adulto, el cual una vez adentro, no hay regreso. Por eso les gustaba caerle cada viernes al New’s Divine.

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Aunque la discoteca ya parecía lata de sardinas, afuera, decenas de jóvenes hacían una larga fila para poder entrar; el sufrimiento de la espera, tendría su recompensa una vez adentro de aquel nebuloso, sucio, ruidoso, húmedo y apestoso paraíso llamado New’s Divine.

De pronto, una bolita gritó: -¡Ya valió madres, valedores! ¡Ya le cayó mierda al pastel!

-En ese momento, un convoy con personal de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), Policía Judicial del Distrito Federal y Ministerio Público de la Delegación Gustavo A. Madero, integrado por varios camiones, patrullas y camionetas, se estacionó afuera del local y de los vehículos descendieron varios agentes intimidando a los chavos con sus metralletas y pasamontañas.

Los elementos se desplegaron sobre la entrada principal de la discoteca y la voz de un mando policial ordenó registrar a los muchachos que estaban formados: -¡Decomisen armas, drogas y a ver qué más traen estos cabrones! –Escupió de su boca el jefe, con rabia.

En pocos minutos, el ambiente de fiesta se tornó turbio… tenso.

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CON PERMISO, VENIMOS A EXPRESAR NUESTROS PREJUICIOS

Cuentan los testigos, al antro ingresaron varios funcionarios de la GAM, se dice que entre ellos estuvieron Alejandro Salgado, jefe de la Unidad Departamental de Verificación; Alejandro González, verificador administrativo; la directora jurídica, María Teresa Vicenteño, la subdirectora, Eunice Sierra y varios mandos policiacos; entre ellos, Héctor Arturo Flores Gómez, jefe del sector Aragón y Guillermo Zayas, titular del Mando Único Policial (Unipol). En ese momento, a las personas que resguardaban la entrada, dijeron, eran la autoridad y llevarían a cabo un operativo sorpresa.

Adentro del establecimiento, los funcionarios se sintieron muy incómodos, ajenos a todo lo que apreciaban sus ojos y de inmediato, una de las funcionarias expresó su rechazo: -¡Pero mira nada más… puro ratero hay aquí, y si no lo son, al menos, lo parecen! ¡Ya viste cómo se peinan, cómo se visten!

Luego, Alejandro González y su asistente de apellido Salgado, se dirigieron a una pequeña oficina, como si por casualidad ya supieran hacia dónde dirigir sus pasos. En el reducido cubículo, que también fungía como cabina de sonido, Alfredo Maya Ortiz, dueño de la discoteca, los recibió sorprendido: -¿Qué los trae por acá, caballeros? ¿En qué puedo servirlos? ¿Gustan un refresquito?

Los funcionarios, muy metidos en su papel, exigieron la documentación correspondiente del establecimiento mercantil a Ortiz Maya, quien acató la orden.

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Mientras tanto, ya varios elementos policiacos de la SSP y la Judicial formaron una vaya desde la escalera interior del inmueble hasta la puerta principal, con la intención de conducir a los muchachos hacia la salida. Los chavos no sabían con exactitud qué sucedía, de pronto se vieron intercalados con policías armados, todo se tornó confuso, pero la música sonaba y ellos no dejaron de bailar.

El acoso de la autoridad tomó su ritmo cuando policías entraron a los baños de las mujeres y sacaron a empujones a las jovencitas que ahí se encontraban. Ellas gritaron atemorizadas y la misma acción se ejecutó en los baños de los hombres. Agentes de la Judicial, vestidos de civil golpearon a varios chavos, quienes se cubrieron como pudieron los trancazos.

Y como en todos lados, siempre hay uno que quiere destacar por encima de los demás, un policía llegó con tolete en mano y con toda su furia sometió de un garrotazo en la cabeza a un joven, quien cayó al suelo y se retorció gimiendo de dolor como un simio, de inmediato la sangre brotó de su herida.

Al verse anulados mediante la violencia, los jóvenes supieron que algo no andaba bien y entraron en pánico. La solemnidad de la autoridad había matado la fiesta.

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“VAMOS A EVACUAR EL LUGAR”

Los funcionarios, Gonzáles y Salgado, indicaron a Ortiz Maya, harían un recorrido por el local para verificar que cumpliera con las normas de operación, el dueño de la discoteca se trató de oponer, pues argumentó, tenía todos los documentos en regla.

-Vamos a desalojar el local y revisaremos que todo esté en orden, de entrada está usted vendiendo bebidas alcohólicas a menores de edad y, segunda, sobrepasa el cupo de gente, así que vamos a clausurar su negocio –Señaló Gonzáles a Maya, quien se resistía.

De pronto, con el tacto y educación que caracteriza a algunos de nuestros policías, el judicial José Cedillo enfrentó a Ortiz Maya:

-Apaga tu chingadera cabrón y diles que obedezcan, porque vamos a revisarlos y a evacuar el lugar.

Ortiz Maya dio la orden al DJ para que apagara el equipo de sonido, cuando la música paró y los ventiladores dejaron de soplar, los chavos se desconcertaron aún más. El calor era infernal.

A silbidos y gritos, los jóvenes dirigieron recordatorios a las mamacitas de los policías, y exigieron que volvieran a poner la música y los ventiladores, pues el entorno se hacía cada vez más insoportable.

Bañado en sudor y tembloroso, el propietario del New’s Divine tomó el micrófono y se dirigió a los jóvenes:

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-Muchachos, hay que desalojar el lugar porque hay un operativo y así lo marca la Ley, a cambio, el próximo viernes la entrada será gratis.

La bulla no se hizo esperar, al igual que las mentadas de madre y los reclamos de los chavos, quienes enfocaron todo su descontento hacia las autoridades. Los policías arremetieron con más fuerza sobre ellos y los obligaron a hacer una fila hacia las escaleras, a las cuales llamaban “el túnel”, la cual parecía más una alcantarilla que desembocaba en la planta baja.

Pero los chicos, inconformes y fastidiados por los sutiles tratos de la policía, golpearon las láminas que cubrían las paredes de la escalera y rompieron algunos vidrios del tapanco. Así que una tanda más de toletazos, patadas y golpes de los policías no se hicieron esperar, para contenerlos.

El funcionario Alejandro González quiso verificar la edad de los jóvenes y pidió a varios sus identificaciones, pero la mayoría no tenía porque eran menores de edad. Algunos sacaron sus credenciales de la secundaria y otros del CETIS y se las mostraron.

No obstante, el enojo tanto de jóvenes como de autoridades se desbordó, imperó la sinrazón y la situación se salió de control, por lo cual los verificadores y funcionarias salieron como pudieron de la discoteca con ayuda de algunos policías. La última instrucción que se dio, fue la de desalojar a como diera lugar el establecimiento.

Algunos muchachos que se encontraban cerca de la entrada fueron sacados en fila y con las manos en la cabeza, como si fueran criminales. Después los ingresaron a dos camiones de la SSP, pero como no hubo cupo para todos, improvisaron dos más de la RTP. Ahí, encerrados, los chavos cuestionaron su detención y el lugar a dónde los iban a trasladar, un uniformado con altanería disipó sus dudas: -Los vamos a remitir a los separos por estar consumiendo drogas en el bar –a pesar de no tener evidencias de tal acusación.

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“CIERREN LAS PUERTAS”, LA ORDEN DE UNA MENTE BRILLANTE

Con los camiones repletos de muchachos y chavas, el talento de un mando policiaco salió a flote: -¡Cierren las puertas, ya no dejen salir a nadie más! Ya están llenos los camiones, hay que esperar a que lleguen más para trasladarlos.

En ese momento, un grupo de cerca de 40 policías apostados en la entrada, formaron un tapón para que nadie saliera, contrario a eso, en el interior del antro, los uniformados empujaban a los jóvenes hacia las escaleras, por tanto, aquello se volvió en un estira y afloja constante, por una parte agentes obligando a los adolescentes a conducirse a la salida y sus colegas de afuera impidiendo que lo hicieran.

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En esa lógica absurda, “el túnel” se convirtió en un embudo obstruido por decenas de muchachos, en los que sus cuerpos parecían una sola masa, y a la vez, un insecto gigante y amorfo con varios pies, brazos y ojos. Una imagen grotesca en la cual trataban de resistir lo más que podían los apretujones, la falta de aire y hasta los golpes que llovían en todas direcciones.

De pronto, otro policía sacó su spray de gas lacrimógeno, y lo roció como si fuera insecticida sobre el gran gusano humano, para acabar con él o con ellos. Entonces, “el túnel” se volvió lo más parecido a una cámara de gas.

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“NOS AHOGAMOS, ABRAN LAS PUERTAS”

Los clamores de los chicos se escucharon en el sentido de que abrieran las puertas, pues cada vez tenían más dificultades para respirar. Los de adelante comenzaron a desfallecer, unos encima de otros, los de atrás pasaban por arriba de los caídos, mientras los de en medio se asfixiaban.

Los que cayeron al piso se retorcían y se trataron de levantar, algunos lo consiguieron, pero la mayoría no. El gas envenenó el ambiente y los dejó sin aire y mermó sus fuerzas.

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EL RITMO CAMBIÓ AL DE UNA DANZA FÚNEBRE

Todo joven debería ser instruido en el sentido de que la vida muchas veces es frágil y su trama se quiebra por lo más delgado. Deberían saber que la existencia es tan inestable, que todo lo que marcha bien cambia a la velocidad de la luz. Los chicos que apenas unos minutos antes bailaban con gozo, ahora habían sido obligados a seguir el ritmo de una danza fúnebre, atorados en las escaleras, bien llamadas “el túnel”.

Varios chavos ya no pisaban el suelo, se encontraron encima de los cuerpos de otros y otras camaradas. Sus gritos eran aterradores. Lloraban de angustia y desesperación y aun así, no dejaban de recibir golpes de los policías.

Pasaron de 15 a 20 minutos, los cuales en dichas condiciones fueron un martirio eterno para los atrapados. Y como las leyes de la física son infalibles, las puertas del New’s Divine se abrieron por la presión ejercida de los jóvenes que se encontraban adentro. Como si fuera la boca de un gran mamífero indigestado, jóvenes y policías salieron expulsados y cayeron sobre la banqueta, ahí, otros policías y curiosos al ver la emergencia, se acercaron para jalarlos y tratar de ponerlos a salvo.

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Flagrante abuso de las autoridades

Los funcionarios y corporaciones policiales se presentaron en el bar de la Nueva Atzacoalco sin alguna orden judicial

En ese momento, familiares de algunos jóvenes ya se habían enterado del problema y acudieron a las afueras de la discoteca para llevarse a los suyos. También estaban decenas de curiosos, llegaron más policías y sólo una ambulancia del ERUM.

Parientes y curiosos no lo pensaron y se sumaron al salvamento como pudieron. Jalaron a los muchachos, les trataron de proporcionar aire y reanimar con lo que podían y tenían. Unos policías vieron moribunda a una jovencita, la cargaron e iban a subirla a la ambulancia, pero uno de los paramédicos gritó: -¡No me subas a ninguno. No voy a atender a ningún cabrón! –Y la dejaron caer, golpeándose fuertemente el cráneo contra el pavimento.

El panorama era dantesco, muchos chicos, muchachitas y hasta policías se encontraban agonizantes sobre el asfalto.

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PANORAMA DESOLADOR

La escena con el paso de los minutos se tornó más dramática a las afueras del New’s Divine, sobre la avenida Eduardo Molina; cada vez eran más los muchachos y jovencitas tirados sobre el asfalto, algunos estaban inconscientes, pero aún tenían pulso y aliento. Varios más tenían golpes en distintas partes de sus cuerpos, propinados por los policías y los empujones dentro de la discoteca.

No obstante, en el lugar sólo se encontraba una ambulancia y dos paramédicos, insuficientes para auxiliar a todos, pero tampoco se sabía si las autoridades solicitaron el arribo de más unidades médicas.

Así, de forma indigna, varios jóvenes fallecieron ante la mirada aterrada de los testigos. También, tres policías: dos hombres y una mujer, perdieron la vida, sin que alguien pudiera hacer algo por ellos. Incrédulos a lo que estaban viviendo, los voluntarios taparon con sábanas y sus mismas prendas a los cuerpos de los chavos fallecidos, fue la menor muestra de respeto que su calidad moral les dictó en ese momento.

Alrededor de las 18:55 horas, sobre los verificadores y funcionarios de la GAM, así como de los mandos de la Judicial y la Unipol, sólo se sabía una cosa: se habían retirado del lugar en sus vehículos y arropados por la confusión de los trágicos sucesos.

A las 19:10 horas, la malograda discoteca se encontró por completo desalojada. Pero junto a la taquilla, en un rincón, yacía el cuerpo de otro muchacho fallecido. La infamia rigió la sucesión de los hechos y el saldo fue grotesco: varios cadáveres sobre el asfalto, prendas de vestir y zapatos esparcidos por doquier, llantos y lamentos de familiares como melodía de fondo y policías haciendo alarde de su poder con sus armas en las manos.

Cuando ya oscurecía, una luz alumbró el cielo, era un helicóptero de la SSP que sobrevolaba el lugar, nunca se supo realmente con qué fin.

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LLEGÓ LA MÁXIMA AUTORIDAD DE LA SSP

Pasaban de las 19:30 horas, cuando a las afueras del bar, ya decenas de medios de comunicación habían llegado para cubrir la noticia.

Luego, y para ser más preciso, más de una hora después -de que las autoridades de la GAM llegaron al antro, para según ellos, realizar un operativo-, arribó también el secretario de Seguridad Pública, Joel Ortega Cuevas. Los reporteros de inmediato lo abordaron para recoger sus declaraciones: -¿Qué fue lo que sucedió, señor secretario? ¿Se trató de un operativo sorpresa o ya venían planeándolo? ¿Cuál es el motivo de su presencia? –Fueron algunas de sus preguntas, a las que el funcionario sólo contestó: -Venimos a realizar una inspección al interior del local. No puedo darles más detalles hasta tener más información. Sí, se llevó a cabo un operativo. Puedo decirles que este hecho se aclarará y no quedará impune…

Con él, también entraron las funcionarias María Teresa Vicenteño y Eunice Sierra, así como Guillermo Zayas, jefe de la Unipol, quienes más de una hora antes, se esfumaron del lugar cuando la situación se les salió de las manos. Después de recorrer el inmueble, cerca de las 20:15 horas, Ortega y las autoridades de la GAM, se retiraron.

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DILIGENCIAS Y PROTOCOLOS

Elementos de la Judicial y SSP acordonaron la entrada de la discoteca y marcaron un cerco de varios metros a la redonda, dentro del cual, el ministerio público y expertos forenses realizaron los peritajes que manda la Ley.

Poco antes, llegaron más ambulancias, las cuales trasladaron a varios jóvenes heridos a los hospitales de La Villa, Xoco, Mocel y Balbuena. Mientras tanto, familiares y amigos de los fallecidos, desbordados por el trauma del dolor, manifestaron su indignación y descontento hacia las autoridades:

-¡Policías asesinos, sólo eran unos niños! -Y aquellas palabras se volvieron un incesante reclamo.

Por otra parte, los muchachos detenidos y subidos a los camiones, fueron llevados a distintas instalaciones del Sector Aragón de la Secretaría de Seguridad Pública: Pradera, Vasco de Quiroga y a la Agencia 50 del MP, a un costado del Metro Martín Carrera. Los camiones trasladaron a cerca de 60 jóvenes por unidad.

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“¡Asesinos, sólo eran unos niños!”

La humillación continuó contra los jóvenes en los MP; ahí los desnudaron y mantuvieron incomunicados por varias horas

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SE VIOLARON SUS DERECHOS HUMANOS

La agresión y los abusos continuaron contra los jóvenes detenidos en cada una de las instalaciones donde fueron retenidos. En voz de las propias víctimas, se supo que agentes judiciales y de la SSP desnudaron a la mayoría de ellos, los marcaron como reses con un plumón, los torturaron física y psicológicamente, además, de despojarlos de sus escasas pertenencias y de sus derechos humanos.

Eso en cuanto a los varones, pero las jovencitas padecieron una situación similar, pues varios policías entre hombres y mujeres, también las desnudaron mientras las grababan y fotografiaban con sus teléfonos celulares.

A los varones les aplicaron castigo como a los estudiantes en el 68, los obligaron a tener por horas las manos en la cabeza y cuando éstos ya no aguantaban y las bajaban, eran golpeados con los toletes en brazos, piernas y cráneo.

Mientras todo esto sucedía, sobre la avenida Eduardo Molina, a las afueras de la discoteca, varios cadáveres todavía no eran levantados por la autoridad. Las escenas fueron desgarradoras, familiares hundidos en su dolor, a un costado de sus muertitos implorando justicia: -¡Hijita, no te vayas, no me hagas esto! ¡Despierta, te lo suplico! –Rogó una de tantas madres afectadas.

No obstante, también se escucharon otra clase de comentarios, originados por la indiferencia, por la falta de empatía, el odio, la ignorancia, o por alguna razón muy perversa, qué se yo, estimado público lector.

Fueron algunas explicaciones que trataron de dar algunos policías a los familiares de las víctimas, éstos resaltaron que sus hijos lo tenían bien merecido, por estar en un lugar y en compañía de personas inadecuadas. Es decir, resumieron la compleja tragedia mediante una simplona y burda moraleja.

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¿QUIÉNES REALIZARON EL OPERATIVO Y POR QUÉ?

Según la versión de la Secretaría de Seguridad Pública, el motivo del operativo fue por varias denuncias vecinales y una presunción de venta de alcohol y drogas a menores de edad en la discoteca. Sin embargo, en el Informe de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, después de los hechos, se registró que sólo dos jóvenes presentaron niveles altos de alcohol en la sangre; por otro, no se reportó ni decomiso de armas, ni consumo o posesión de drogas por parte de los adolescentes detenidos. Esto cuestiona aún más, la detención y retención por más de 12 horas de los jóvenes que fueron remitidos a distintos ministerios públicos.

También, de acuerdo con los documentos que presentó Alfredo Maya, administrador del lugar, contaba con los permisos para operar y vender alcohol en la discoteca, éstos tenían la firma de aprobación del verificador administrativo de la GAM: Alejandro González, presente el día de los sucesos trágicos. La verdad es que, con las investigaciones realizadas, se ventiló la corrupción por parte de los funcionarios de la GAM, quienes recibían dinero de Maya para poder abrir el inmueble.

El reporte de la CDHDF también señala que no había una orden judicial para realizar el operativo y que la Unipol se apoyó en los verificadores administrativos de la GAM para legalizar el cateo; esto, a pesar de que Guillermo Zayas, Mando Único del Sector VI y Joel Ortega, Secretario de Seguridad Pública, ya pensaban desde meses atrás, llevar a cabo una inspección en el lugar, la cual ejecutaron de forma espontánea y precipitada aquel 20 de junio del 2008.

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Tal parece que, en realidad no hubo una planeación ni una estrategia en forma para llevar a cabo dicho operativo, además de que no se contemplaron escenarios de riesgo en caso de alguna contingencia, no existió una coordinación entre las distintas corporaciones policiacas, su actuar fue torpe y provocó las condiciones en el lugar para que sucediera la tragedia; hubo negligencia de todos los funcionarios involucrados, se violaron los derechos humanos tanto de los jóvenes, familiares como de los agentes fallecidos, así como también, de los adolescentes detenidos, pues se les quiso criminalizar, quizá por su condición social, su juventud e inexperiencia.

Ante todo esto, quedaron claros varios aspectos: la corrupción de las autoridades por permitir que la discoteca operara en la ilegalidad, la irresponsabilidad del administrador que vendía bebidas alcohólicas a los menores, el lugar no contaba con las medidas de seguridad necesarias para solventar una contingencia. Que había sobrecupo, sí, también, pero no era la primera vez, ¿por qué ese día todo terminó mal? Y por último, el operativo no fue planeado y por ello, las acciones de la policía y autoridades fueron autoritarias, desacertadas y se les salió de control, lo cual dejó un saldo triste de 12 personas fallecidas. Que, los adolescentes acudían con frecuencia al News Divine a divertirse, es cierto, que a esa edad se es inmaduro, también, pero nada justifica la forma en cómo fueron tratados.

Recordemos que la mayoría de los muchachos que asistían al antro vivían bajo la marginalidad de una geografía violenta, de un ámbito hostil, por ello acudían cada viernes a ese edén sórdido para vengarse de todas las represiones a las cuales estaban sometidos.

La tragedia del New’s Divine es uno de los peores agravios cometidos contra la juventud en la Ciudad de México, un escollo sin superar porque hasta hoy, muchos involucrados directa o indirectamente siguen sin recibir un castigo, mientras los familiares de las víctimas continúan con su exigencia digna, de que las autoridades se reivindiquen y apliquen la justicia.

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