/ viernes 18 de febrero de 2022

El doble crimen de los Flores Muñoz

Don Gilberto y su esposa Asunción fueron asesinados brutalmente a machetazos, mientras dormían, las evidencias señalaron a su nieto predilecto como el autor del homicidio; fue condenado a 28 años de prisión

Era muy de mañana y la señorita Alicia Flores Alavez corría apremiante para asistir a la universidad, tomó sus libros, se dirigió a la recámara de su abuelo -el señor Gilberto Flores Muñoz para despedirse como habitualmente lo hacía-, al entrar a la recámara se halló con una escena espantosa.

Su abuelo yacía recostado en la cama bañado en sangre, presentaba varias tasajeadas, principalmente en el tórax, rostro y cuello, de inmediato corrió desesperada a la habitación contigua donde dormía su abuela, la señora Asunción Izquierdo, otra terrible sensación la invadió al ver a la anciana mujer en condiciones similares: con la diferencia, que ella tenía un machete clavado en la garganta. Sus gritos de horror fueron tan fuertes que sus hermanos Gilberto, Patricia, Alfonso y dos mujeres de la servidumbre, pronto se enteraron de lo sucedido.

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En las páginas de La Prensa....

Al día siguiente, sábado 7 de octubre de 1978, LA PRENSA dio a conocer los pormenores de este horrendo crimen que sobrecogió al país. La nota de los reporteros Evaristo Corona y Julián Fajardo mencionaba:

"Asesinaron a don Gilberto Flores Muñoz, director de la Comisión Nacional de la Industria Azucarera, y su esposa, Asunción a machetazos la madrugada de ayer, en su domicilio ubicado en el número 1535 de Avenida Las Palmas, en las Lomas de Chapultepec. La Policía descartó que el móvil fuera el robo y al practicárseles la autopsia, se pudo establecer que en el crimen participaron cuando menos dos personas, calificadas de psicópatas por peritos forenses".

Horas más tarde, el doctor José Ramón Fernández Pérez, director del Servicio Médico Forense y encargado de realizar la autopsia a las víctimas, dio más detalles al respecto; señaló que los ancianos recibieron de seis a ocho machetazos en rostro y cuello cada uno cuyas heridas les provocaron la muerte pasada la media noche.

Explicó que, según los estudios forenses, el señor Gilberto Flores Muñoz se encontraba por completo sedado por alguna sustancia que pudo ser Diazepam o Valium y sufrió el cercenamiento de las dos arterias carótidas, lo cual le causó una muerte inmediata. Sobre la señora Asunción Izquierdo, explicó que recibió un fuerte golpe en la yugular, lo que hizo suponer que trató de defenderse, pero el brutal impacto provocó una gran hemorragia, la cual la asfixió.

"Mi abuelo no tenía enemigos políticos"

Así, por órdenes de la Secretaría de Gobernación, las investigaciones fueron puestas en manos de: Jesús Miyazawa Álvarez, director de la Policía Judicial; Francisco Sahagún Baca, jefe de Investigaciones de la Policía Secreta, Rosendo Páramo Aguilar, jefe del Servicio Secreto, y Miguel Nassar Haro, titular de la Dirección Federal de Seguridad.

Esto porque el señor Gilberto Flores Muñoz fue muy amigo del Presidente Adolfo Ruiz Cortines y había contendido en 1957 con Adolfo López Mateos para ser candidato presidencial. Había sido, como se dice, un priista de cepa e involucrado en la vida política del país. Por ello, se les encargó a los más altos mandos capitalinos resolver tan atroz acontecimiento.

En un principio, las autoridades tomaron las declaraciones a once personas que se encontraban en el domicilio de la familia Flores Muñoz la noche el crimen, éstas eran: los cuatro nietos, Patricia, Alicia, Alfonso, Gilberto, dos sirvientas, León Sandoval, chofer de la señora Asunción, el vigilante Javier Pérez Mancera y tres carpinteros que realizaban trabajos aquel día.

Antes de acudir al Ministerio Público, Gilberto Flores Alavez, el nieto mayor y se dice que el consentido del líder azucarero, mencionó ante los medios de comunicación a las afueras de su residencia: "No puedo describir la saña con que mis abuelos fueron asesinados. A los dos les cortaron el cuello. (...) Todos debemos respaldar al gobierno para que no se den estos hechos tan lamentables. Les puedo asegurar que mi abuelo no tenía enemigos de carácter político".

Después de escuchar las versiones de los detenidos y realizar una inspección minuciosa de la escena del crimen, había algunas certezas: la última persona en ingresar al domicilio de Paseo de Las Palmas fue el joven Gilberto Flores Alavez, quien llegó un poco después de la media noche y alrededor de una hora antes de que ocurriera el crimen.

Otra señalaba que había algunas inconsistencias en las declaraciones de los demás testigos que estuvieron esa noche en la casa, respecto a las ropas que vestía en ese momento el joven Gilberto. Una más, indicaba que se habían encontrado manchas de sangre en algunas prendas del joven que tenía en su armario. Por último, las autoridades no tenían duda de que el asesino se podía tratar de alguien muy allegado a la familia.

Sin embargo, una bruma de misterio rodeaba el caso y las distintas corporaciones policiacas no hallaban alguna prueba contundente para resolverlo.

"¡Yo maté a mis abuelos y no fue horrible!"

Motociclistas de la Dirección General de Policía y Tránsito escoltaban el cortejo fúnebre formado por dos lujosas carrozas negras que trasportaban los cuerpos del matrimonio Flores Muñoz. Era el mediodía del 8 de octubre y el sol caía a plomo. Alrededor de las 14:40 horas, el séquito arribó al Panteón Francés, donde alrededor de quinientas personas entre familiares y amigos acudieron a despedir a Gilberto y Asunción.

Entre ellos, se encontraba Francisco Merino Rábago, Secretario de Agricultura y Recursos Hidráulicos, quien fue enviado en representación del Presidente José López Portillo. Con llanto desconsolado, los nietos de la pareja asesinada: Alfonso, Alicia, Patricia y Gilberto, depositaron decenas de rosas rojas sobre los féretros de sus abuelos al momento que los introducían en la tumba, mientras su padre, el doctor Gilberto Flores Izquierdo, los abrazaba con lágrimas en los ojos.

Eran casi las 16:00 horas, cuando todos se retiraron del camposanto, donde descansarían por la eternidad Gilberto y Asunción.

El crimen no fue pasional, ni por robo ni venganza política

Mientras tanto, los trabajos de las corporaciones policiacas cerraban el círculo en cuanto a las hipótesis del crimen. Los investigadores tenían claro que los móviles del doble homicidio no fueron por cuestiones pasionales ni por vendettas políticas, por lo cual se enfocaron en indagar a las personas más allegadas al matrimonio ultimado.

Por otro lado, hubo algunos elementos más que intrigaron a las autoridades; estos fueron: la supuesta desaparición de un can llamado Platero, perteneciente a la familia Flores Muñoz, el cual era un gran guardián del domicilio, y cuya ausencia la noche del crimen levantó grandes sospechas. Otro fue una escalera plegable hallada en el patio con la cual pudieron internarse los asesinos. Y el último fue la presencia de un muchacho apodado La Rata, amigo inseparable del joven Gilberto Flores Alavez, aunque la policía no precisó el por qué resultaba sospechoso.

Vigilante desmiente versión

No obstante, los reporteros Julián Fajardo y Evaristo Corona pudieron entrevistar al policía bancario Jorge Sánchez Montaño, uno de los vigilantes en la residencia, quien afirmó categóricamente, que en la residencia no se contaba con ningún perro guardián:

"Es mentira, aquí nunca ha existido algún perro; la familia no tiene dos perros Doverman ni un pastor alemán como se anda diciendo por ahí". Nosotros llevamos un estricto registro de entradas y salidas, pero nunca hemos estado armados, por lo cual un can nos hubiera servido de mucho. Además, la noche de los terribles sucesos, nos retiramos a las 10 de la noche".

Reconstrucción de los hechos

Un olor nauseabundo golpeó el rostro de los principales investigadores cuando abrieron la habitación donde fueron asesinados despiadadamente el señor Gilberto Flores y su esposa Asunción Izquierdo. La recámara permaneció cerrada desde la mañana en que la joven Patricia encontró a sus abuelos muertos hasta el lunes 9 de octubre, en que las autoridades volvieron para la reconstrucción de hechos.

Durante más de tres horas, el capitán Miyazawa, Francisco Sahagún Baca, Rosendo Páramo, Rafael Moreno, Miguel Nassar Haro y otros elementos de la Judicial y del Servicio Secreto, recorrieron palmo a palmo la residencia de los Flores Muñoz y recabaron varios objetos para que los analizaran peritos de la Procuraduría General de Justicia.

Por otra parte, en la alcoba del matrimonio ultimado, se recreó la escena del crimen con un machete réplica, objeto clave en el crimen, mientras el gran número de fotógrafos y periodistas-entre ellos, por supuesto los de LA PRENSA-, accionaban una y otra vez sus cámaras para registrar los detalles de cómo ocurrió el doble homicidio.

Después del minucioso análisis al domicilio, las autoridades precisaron que: a) El homicida era un enfermo mental que pudo utilizar alguna droga para administrarla a sus víctimas. b) El crimen se fraguó cuando menos, con 15 o 30 días de anticipación. C) Dicho criminal, se calificó de psicópata y paranoico, el cual se desenvolvía en un entorno muy cercano al matrimonio.

"Fue el nieto"

Una movilización intensa se registró la madrugada del 12 de octubre en las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Al parecer, el procurador Agustín Alanís Fuentes, el capitán Jesús Miyazawa, el director de la Federal de Seguridad, Miguel Nassar Haro y Rafael Moreno González, jefe de Servicios Periciales, tenían pistas sobre el doble homicidio y realizaban un exhaustivo interrogatorio a un presunto sospechoso. ¿Pero quién podría ser? ¿De quién se trataba, estimado lector?

Después de un par de horas de conversación se detonó la bomba. El nieto del matrimonio asesinado, Gilberto Flores Alavez acudió con su padre y abogado a la Procuraduría para confesar el doble homicidio. Quizás sabía que estaba copado y que no tenía sentido seguir con la farsa.

Al amanecer, la noticia retumbó, LA PRENSA tituló su contraportada: "FUE EL NIETO" y miles de lectores se enteraban de la macabra confesión del joven. En la nota de los reporteros Evaristo Corona y Augusto Cabrera se pudo leer: "Amparado en un resentimiento familiar y fingiendo demencia, Gilberto Flores Alavez consumó el crimen de sus abuelos. La madrugada de hoy aceptó plenamente su responsabilidad. (...) Fue el procurador general del Distrito Federal, Agustín Alanís Fuentes, quien presentó ante los medios de comunicación al doble homicida, junto con un testigo de cargo, un joven, amigo de Flores Alavez, de nombre Anacarsis Peralta".

Cuando las autoridades presentaron al doble homicida ante los medios de comunicación, éste vestía un pantalón café, suéter gris y camisa blanca. Sonreía como si estuviera orgullosos de lo que hizo y cuando tomó la palabra dijo altivo: "Yo los maté. Lo hice motivado por una enfermedad mental". Pero lo que más sorprendió a los presentes fue su sangre fría para resaltar: "No fue horrible. Quiero que quede perfectamente asentado que no fue horrible". Entonces intervino un periodista:

"¿Quiere decir que está usted loco?" Pero enojado contestó su padre, el señor Flores Izquierdo: "¡No sea majadero! ¡Mi hijo no es ningún loco!" Era evidente la contradicción, negaban que estuviera loco, pero sí aceptaban que bajo un trastorno mental había cometido el crimen de sus abuelos.

Sin embargo, más cuerdos fueron los reporteros de LA PRENSA, Julián Fajardo y Augusto Cabrera al mencionar en su nota: "Cabe destacar que Flores Alavez se encontraba bien de sus facultades mentales y en todo momento dio la impresión de haber sido adiestrado para su confrontación con los periodistas". Ese mismo día, el asesino confeso fue trasladado al Reclusorio Oriente.

Las autoridades fueron atando cada vez más los cabos del parricidio. La declaración de Agustina Güero Marcos, una de las trabajadoras domésticas de la familia Flores Muñoz, señaló que en un viaje de vacaciones al puerto de Acapulco, el joven Gilberto Flores había tenido una fuerte discusión con su abuelo, por cuestiones de dinero, y que hasta el joven agredió en aquella ocasión a la señora Asunción. Al parecer, un empresario poderoso del gremio azucarero le ofreció un negocio al muchacho Flores Muñoz, pero a cambio, tenía que convencer a su abuelo para que ambos salieran beneficiados, sin embargo, el líder azucarero se negó a acceder a dicho plan y por ello fue el altercado.

Modificaron el testamento

Por otra parte, en cuanto al machete utilizado por Gilberto, se supo que le dio la orden a su amigo Anacarsis Peralta de comprarlo en la tlapalería La Gloria, ubicada en la calle de Niño Perdido, frente a la glorieta del Tío Sam, donde también compró una lima para afilarlo, un par de guantes, aguarrás y un frasco de Valium de 10 mg, el que usó para intoxicar a su abuelo.

En palabras del propio Anacarsis Peralta, señaló que su amigo Gilberto le pidió acudir muy temprano a su domicilio en Paseo de las Palmas 1535, a la mañana siguiente del crimen. Cuando se vieron, mencionó que su amigo le ordenó deshacerse de un machete y la lima; tenía que desaparecerlos porque si no, los iban a descubrir. El joven Peralta declaró que el machete y la lima los arrojó a un lote baldío cercano a su casa, en la Colonia Narvarte, y que los guantes los tiró en las Lomas de Chapultepec.

Desheredados

El 14 de octubre, los reporteros Julián Fajardo y Evaristo Corona publicaron en LA PRENSA la siguiente nota: "El ingeniero Gilberto Flores Muñoz y su esposa Asunción Izquierdo desheredaron a sus familiares y posteriormente acudieron ante dos notarios para nombrarse beneficiarios uno del otro. Antonio León Sandoval, chofer de la familia desde hace siete años, fue testigo ante los notarios donde se redactaron los últimos testamentos, en los que Gilberto Flores Muñoz dejaba sus bienes a su esposa y viceversa. Todo esto y más, se encuentra escrito en la declaración judicial anexa al expediente 255, radicado en el juzgado decimoquinto penal, cuyo titular es el licenciado Mauricio Morales Ocón".

De ese modo, estaba estipulado que si uno de los abuelos fallecía, su riqueza quedaría en manos de su pareja. El único modo de que los nietos pudieran heredar radicaba en la muerte de ambos. No había de otra.

Sirvientas aportan más pistas

Cuando las autoridades citaron a la servidumbre para ratificar sus declaraciones, las señoras Agustina Güero y Guadalupe Barrera precisaron lo siguiente:

Señora Agustina: -El día que mataron a los señores, nos levantamos a las 6 de la mañana a preparar el desayuno, como lo hacíamos todos los días. Alrededor de las 6:30, bajé a la cocina y al poco rato entró el joven Gilberto y me ordenó que preparara sólo café y pan tostado, el desayuno completo no, porque nadie desayunaría. Eso, la verdad me desconcertó, porque siempre desayunaban los patrones con algunos de los jóvenes, entre ellos, Gilberto –señaló la mujer ante el MP.

Kile –agregó Agustina tras especificar que así le llamaban al nieto andaba vestido con una camisa caqui y un pantalón café, pero en el trascurso de la mañana se vistió todo de negro... -entonces la interrumpió el MP: -¿Está insinuando señora, que el joven Gilberto estaba preparado o sabía algo sobre la muerte de sus abuelos?

-No licenciado, yo no estoy queriendo decir nada.

Por su parte, la señora Guadalupe Barrera afirmó al MP que, al señor Gilberto Flores Muñoz no le agradaban las amistades de su nieto y cuando las encontraba en su casa, él mismo se encargaba de correr a sus amigos.

Señora Guadalupe: -El patrón siempre le decía a su nieto que se juntara con gente de bien, no con vagos y viciosos como lo eran sus amigos. Esto molestaba al muchacho y era tema de constantes discusiones entre ellos.

Por otro lado, la perito Martha F. de Ambriz fue la encargada de analizar una muestra de sangre hallada en una de las prendas del joven Gilberto y declaró a los reporteros de LA PRENSA:

-Estamos analizando detenidamente a qué tipo de sangre pertenecen esas partículas y de dónde provienen. Sólo puedo afirmarles, que los tipos de sangre del matrimonio Flores Muñoz Izquierdo son A y B.

Estamos haciendo todo lo posible para ratificar con precisión la información de esas muestras y no caer en un error técnico que entorpezca la investigación –concluyó la perito de la Procuraduría General de Justicia.

Formal prisión contra el nieto

El auto de formal prisión se dictó el 15 de octubre. El magistrado 15 penal del fuero común se declaró convencido de todas las pruebas y declaraciones presentadas, sobre que Gilberto Flores Alavez asesinó a sus abuelos y aprobó el delito de parricidio con pena privativa de la libertad. Ante la rejilla de prácticas del Reclusorio Oriente, el acusado escuchó sereno y sin hacer ninguna mueca, la lectura del documento que lo incriminaba en dicho delito. Sólo alcanzó a gritar que era inocente y que el tiempo revelaría al verdadero culpable.

Los último con alevosía y ventaja procurador Agustín Alanís Fuentes señaló que las investigaciones también demostraron la intervención del joven Anacarsis Peralta en actividades de colaboración y ocultamiento, por lo cual no fue considerado como cómplice, sino únicamente como testigo de cargo.

Se confirmó: fueron sedados

Pocas horas bastaron para que otra verdad saliera a flote. Fue la confirmación por parte de los peritos de la Procuraduría, acerca de que la noche del crimen, el matrimonio ultimado fue sedado por parte del o de los asesinos. Tanto en la sangre de las víctimas como en las tazas donde bebieron café y té, se encontraron grandes cantidades de la sustancia Valium 10.

Los peritos afirmaron que la sustancia administrada al matrimonio asesinado, facilitó la tarea del agresor, pues evitó que el señor Gilberto y la señora Asunción pudieran pedir ayuda y mucho menos, defenderse de tan bestial ataque.

¿Y el movil?

En entrevista con el procurador Alanís Fuentes, este mencionó que el joven Gilberto estaba plenamente confeso, no obstante, se negó a informar los motivos que lo habían conducido a masacrar a sus abuelos.

Pero afirmó muy convencido: -En esta investigación, lo único que puedo comentar, es que no recibimos presiones políticas ni económicas.

Un gran acierto fue identificar dónde y quiénes compraron el machete y los demás utensilios con los que se consumó el asesinato. Los empleados identificaron plenamente a los dos compradores: al joven Gilberto Flores y Anacarsis Peralta.

Y concluyó el funcionario: -Quiero felicitar a los comandantes Enrique Gándara, a Miguel Nassar Haro, a Francisco Sahagún Baca y Jesús Miyazawa, por resolver este tremendo caso que ha sacudido a la sociedad mexicana. Y resaltar por último, que todo se desarrolló dentro del marco de una investigación científica que arrojó resultados favorables.

Conmoción en la sociedad mexicana

El doble homicidio del matrimonio Flores Muñoz impactó tanto en la consciencia de la sociedad mexicana, que intelectuales como Vicente Leñero juzgaron oportuno tratar el tema.

Así que el escritor escribió una novela llamada "Asesinato", la cual se publicó en 1985, en la cual hizo una reconstrucción del doble crimen de los Flores Muñoz, a partir de diversos escritos como notas periodísticas, testimonios e investi gaciones que realizaron varios interesados en el tema. Vicente Leñero considera ese trabajo suyo como "un reportaje o novela sin ficción, y sin literatura quizás, sólo es un análisis detallado, minucioso de un crimen ocurrido en la Ciudad de México en octubre de 1978". También, el escritor señala que el caso estremeció tanto a la sociedad, que inspiró a por lo menos dos libros más: "Mitad oscura", de Luis Spota y "Los Cómplices", de Luis Guillermo Piazza.

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Condena y liberación

Después de la atmósfera turbia que causó el doble homicidio contra el matrimonio Flores Muñoz, el 22 de octubre de 1982, Gilberto Flores Alavez fue condenado a 28 años de prisión por el delito de homicidio calificado con todas sus agravantes: premeditación, alevosía y ventaja. Su defensa después del fallo apeló la sentencia y su expediente pasó a la Suprema Corte de Justicia.

En prisión, Gilberto Flores Alavez escribió un libro titulado "Beso negro", una historia ambientada en una cárcel, donde abundan personajes homosexuales, drogadictos, que padecen experiencias crueles y sórdidas. En agosto de 1984, la Suprema Corte de Justicia resolvió a favor del amparo solicitado por su defensa y aprobó que: "en el momento de asesinar a sus consanguíneos, no actuaba con plenitud de sus facultades mentales, por lo que no estaba consciente del acto criminal".

Por tal situación, Gilberto recibió una nueva condena de 19 años y seis meses, pero en 1986, fue beneficiado por la Ley de Normas Mínimas y se le concedió el derecho a la preliberación, la cual se llevó a cabo en octubre de 1989, primero con salidas periódicas y meses después, obtuvo su libertad definitiva.

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Era muy de mañana y la señorita Alicia Flores Alavez corría apremiante para asistir a la universidad, tomó sus libros, se dirigió a la recámara de su abuelo -el señor Gilberto Flores Muñoz para despedirse como habitualmente lo hacía-, al entrar a la recámara se halló con una escena espantosa.

Su abuelo yacía recostado en la cama bañado en sangre, presentaba varias tasajeadas, principalmente en el tórax, rostro y cuello, de inmediato corrió desesperada a la habitación contigua donde dormía su abuela, la señora Asunción Izquierdo, otra terrible sensación la invadió al ver a la anciana mujer en condiciones similares: con la diferencia, que ella tenía un machete clavado en la garganta. Sus gritos de horror fueron tan fuertes que sus hermanos Gilberto, Patricia, Alfonso y dos mujeres de la servidumbre, pronto se enteraron de lo sucedido.

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En las páginas de La Prensa....

Al día siguiente, sábado 7 de octubre de 1978, LA PRENSA dio a conocer los pormenores de este horrendo crimen que sobrecogió al país. La nota de los reporteros Evaristo Corona y Julián Fajardo mencionaba:

"Asesinaron a don Gilberto Flores Muñoz, director de la Comisión Nacional de la Industria Azucarera, y su esposa, Asunción a machetazos la madrugada de ayer, en su domicilio ubicado en el número 1535 de Avenida Las Palmas, en las Lomas de Chapultepec. La Policía descartó que el móvil fuera el robo y al practicárseles la autopsia, se pudo establecer que en el crimen participaron cuando menos dos personas, calificadas de psicópatas por peritos forenses".

Horas más tarde, el doctor José Ramón Fernández Pérez, director del Servicio Médico Forense y encargado de realizar la autopsia a las víctimas, dio más detalles al respecto; señaló que los ancianos recibieron de seis a ocho machetazos en rostro y cuello cada uno cuyas heridas les provocaron la muerte pasada la media noche.

Explicó que, según los estudios forenses, el señor Gilberto Flores Muñoz se encontraba por completo sedado por alguna sustancia que pudo ser Diazepam o Valium y sufrió el cercenamiento de las dos arterias carótidas, lo cual le causó una muerte inmediata. Sobre la señora Asunción Izquierdo, explicó que recibió un fuerte golpe en la yugular, lo que hizo suponer que trató de defenderse, pero el brutal impacto provocó una gran hemorragia, la cual la asfixió.

"Mi abuelo no tenía enemigos políticos"

Así, por órdenes de la Secretaría de Gobernación, las investigaciones fueron puestas en manos de: Jesús Miyazawa Álvarez, director de la Policía Judicial; Francisco Sahagún Baca, jefe de Investigaciones de la Policía Secreta, Rosendo Páramo Aguilar, jefe del Servicio Secreto, y Miguel Nassar Haro, titular de la Dirección Federal de Seguridad.

Esto porque el señor Gilberto Flores Muñoz fue muy amigo del Presidente Adolfo Ruiz Cortines y había contendido en 1957 con Adolfo López Mateos para ser candidato presidencial. Había sido, como se dice, un priista de cepa e involucrado en la vida política del país. Por ello, se les encargó a los más altos mandos capitalinos resolver tan atroz acontecimiento.

En un principio, las autoridades tomaron las declaraciones a once personas que se encontraban en el domicilio de la familia Flores Muñoz la noche el crimen, éstas eran: los cuatro nietos, Patricia, Alicia, Alfonso, Gilberto, dos sirvientas, León Sandoval, chofer de la señora Asunción, el vigilante Javier Pérez Mancera y tres carpinteros que realizaban trabajos aquel día.

Antes de acudir al Ministerio Público, Gilberto Flores Alavez, el nieto mayor y se dice que el consentido del líder azucarero, mencionó ante los medios de comunicación a las afueras de su residencia: "No puedo describir la saña con que mis abuelos fueron asesinados. A los dos les cortaron el cuello. (...) Todos debemos respaldar al gobierno para que no se den estos hechos tan lamentables. Les puedo asegurar que mi abuelo no tenía enemigos de carácter político".

Después de escuchar las versiones de los detenidos y realizar una inspección minuciosa de la escena del crimen, había algunas certezas: la última persona en ingresar al domicilio de Paseo de Las Palmas fue el joven Gilberto Flores Alavez, quien llegó un poco después de la media noche y alrededor de una hora antes de que ocurriera el crimen.

Otra señalaba que había algunas inconsistencias en las declaraciones de los demás testigos que estuvieron esa noche en la casa, respecto a las ropas que vestía en ese momento el joven Gilberto. Una más, indicaba que se habían encontrado manchas de sangre en algunas prendas del joven que tenía en su armario. Por último, las autoridades no tenían duda de que el asesino se podía tratar de alguien muy allegado a la familia.

Sin embargo, una bruma de misterio rodeaba el caso y las distintas corporaciones policiacas no hallaban alguna prueba contundente para resolverlo.

"¡Yo maté a mis abuelos y no fue horrible!"

Motociclistas de la Dirección General de Policía y Tránsito escoltaban el cortejo fúnebre formado por dos lujosas carrozas negras que trasportaban los cuerpos del matrimonio Flores Muñoz. Era el mediodía del 8 de octubre y el sol caía a plomo. Alrededor de las 14:40 horas, el séquito arribó al Panteón Francés, donde alrededor de quinientas personas entre familiares y amigos acudieron a despedir a Gilberto y Asunción.

Entre ellos, se encontraba Francisco Merino Rábago, Secretario de Agricultura y Recursos Hidráulicos, quien fue enviado en representación del Presidente José López Portillo. Con llanto desconsolado, los nietos de la pareja asesinada: Alfonso, Alicia, Patricia y Gilberto, depositaron decenas de rosas rojas sobre los féretros de sus abuelos al momento que los introducían en la tumba, mientras su padre, el doctor Gilberto Flores Izquierdo, los abrazaba con lágrimas en los ojos.

Eran casi las 16:00 horas, cuando todos se retiraron del camposanto, donde descansarían por la eternidad Gilberto y Asunción.

El crimen no fue pasional, ni por robo ni venganza política

Mientras tanto, los trabajos de las corporaciones policiacas cerraban el círculo en cuanto a las hipótesis del crimen. Los investigadores tenían claro que los móviles del doble homicidio no fueron por cuestiones pasionales ni por vendettas políticas, por lo cual se enfocaron en indagar a las personas más allegadas al matrimonio ultimado.

Por otro lado, hubo algunos elementos más que intrigaron a las autoridades; estos fueron: la supuesta desaparición de un can llamado Platero, perteneciente a la familia Flores Muñoz, el cual era un gran guardián del domicilio, y cuya ausencia la noche del crimen levantó grandes sospechas. Otro fue una escalera plegable hallada en el patio con la cual pudieron internarse los asesinos. Y el último fue la presencia de un muchacho apodado La Rata, amigo inseparable del joven Gilberto Flores Alavez, aunque la policía no precisó el por qué resultaba sospechoso.

Vigilante desmiente versión

No obstante, los reporteros Julián Fajardo y Evaristo Corona pudieron entrevistar al policía bancario Jorge Sánchez Montaño, uno de los vigilantes en la residencia, quien afirmó categóricamente, que en la residencia no se contaba con ningún perro guardián:

"Es mentira, aquí nunca ha existido algún perro; la familia no tiene dos perros Doverman ni un pastor alemán como se anda diciendo por ahí". Nosotros llevamos un estricto registro de entradas y salidas, pero nunca hemos estado armados, por lo cual un can nos hubiera servido de mucho. Además, la noche de los terribles sucesos, nos retiramos a las 10 de la noche".

Reconstrucción de los hechos

Un olor nauseabundo golpeó el rostro de los principales investigadores cuando abrieron la habitación donde fueron asesinados despiadadamente el señor Gilberto Flores y su esposa Asunción Izquierdo. La recámara permaneció cerrada desde la mañana en que la joven Patricia encontró a sus abuelos muertos hasta el lunes 9 de octubre, en que las autoridades volvieron para la reconstrucción de hechos.

Durante más de tres horas, el capitán Miyazawa, Francisco Sahagún Baca, Rosendo Páramo, Rafael Moreno, Miguel Nassar Haro y otros elementos de la Judicial y del Servicio Secreto, recorrieron palmo a palmo la residencia de los Flores Muñoz y recabaron varios objetos para que los analizaran peritos de la Procuraduría General de Justicia.

Por otra parte, en la alcoba del matrimonio ultimado, se recreó la escena del crimen con un machete réplica, objeto clave en el crimen, mientras el gran número de fotógrafos y periodistas-entre ellos, por supuesto los de LA PRENSA-, accionaban una y otra vez sus cámaras para registrar los detalles de cómo ocurrió el doble homicidio.

Después del minucioso análisis al domicilio, las autoridades precisaron que: a) El homicida era un enfermo mental que pudo utilizar alguna droga para administrarla a sus víctimas. b) El crimen se fraguó cuando menos, con 15 o 30 días de anticipación. C) Dicho criminal, se calificó de psicópata y paranoico, el cual se desenvolvía en un entorno muy cercano al matrimonio.

"Fue el nieto"

Una movilización intensa se registró la madrugada del 12 de octubre en las instalaciones de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal. Al parecer, el procurador Agustín Alanís Fuentes, el capitán Jesús Miyazawa, el director de la Federal de Seguridad, Miguel Nassar Haro y Rafael Moreno González, jefe de Servicios Periciales, tenían pistas sobre el doble homicidio y realizaban un exhaustivo interrogatorio a un presunto sospechoso. ¿Pero quién podría ser? ¿De quién se trataba, estimado lector?

Después de un par de horas de conversación se detonó la bomba. El nieto del matrimonio asesinado, Gilberto Flores Alavez acudió con su padre y abogado a la Procuraduría para confesar el doble homicidio. Quizás sabía que estaba copado y que no tenía sentido seguir con la farsa.

Al amanecer, la noticia retumbó, LA PRENSA tituló su contraportada: "FUE EL NIETO" y miles de lectores se enteraban de la macabra confesión del joven. En la nota de los reporteros Evaristo Corona y Augusto Cabrera se pudo leer: "Amparado en un resentimiento familiar y fingiendo demencia, Gilberto Flores Alavez consumó el crimen de sus abuelos. La madrugada de hoy aceptó plenamente su responsabilidad. (...) Fue el procurador general del Distrito Federal, Agustín Alanís Fuentes, quien presentó ante los medios de comunicación al doble homicida, junto con un testigo de cargo, un joven, amigo de Flores Alavez, de nombre Anacarsis Peralta".

Cuando las autoridades presentaron al doble homicida ante los medios de comunicación, éste vestía un pantalón café, suéter gris y camisa blanca. Sonreía como si estuviera orgullosos de lo que hizo y cuando tomó la palabra dijo altivo: "Yo los maté. Lo hice motivado por una enfermedad mental". Pero lo que más sorprendió a los presentes fue su sangre fría para resaltar: "No fue horrible. Quiero que quede perfectamente asentado que no fue horrible". Entonces intervino un periodista:

"¿Quiere decir que está usted loco?" Pero enojado contestó su padre, el señor Flores Izquierdo: "¡No sea majadero! ¡Mi hijo no es ningún loco!" Era evidente la contradicción, negaban que estuviera loco, pero sí aceptaban que bajo un trastorno mental había cometido el crimen de sus abuelos.

Sin embargo, más cuerdos fueron los reporteros de LA PRENSA, Julián Fajardo y Augusto Cabrera al mencionar en su nota: "Cabe destacar que Flores Alavez se encontraba bien de sus facultades mentales y en todo momento dio la impresión de haber sido adiestrado para su confrontación con los periodistas". Ese mismo día, el asesino confeso fue trasladado al Reclusorio Oriente.

Las autoridades fueron atando cada vez más los cabos del parricidio. La declaración de Agustina Güero Marcos, una de las trabajadoras domésticas de la familia Flores Muñoz, señaló que en un viaje de vacaciones al puerto de Acapulco, el joven Gilberto Flores había tenido una fuerte discusión con su abuelo, por cuestiones de dinero, y que hasta el joven agredió en aquella ocasión a la señora Asunción. Al parecer, un empresario poderoso del gremio azucarero le ofreció un negocio al muchacho Flores Muñoz, pero a cambio, tenía que convencer a su abuelo para que ambos salieran beneficiados, sin embargo, el líder azucarero se negó a acceder a dicho plan y por ello fue el altercado.

Modificaron el testamento

Por otra parte, en cuanto al machete utilizado por Gilberto, se supo que le dio la orden a su amigo Anacarsis Peralta de comprarlo en la tlapalería La Gloria, ubicada en la calle de Niño Perdido, frente a la glorieta del Tío Sam, donde también compró una lima para afilarlo, un par de guantes, aguarrás y un frasco de Valium de 10 mg, el que usó para intoxicar a su abuelo.

En palabras del propio Anacarsis Peralta, señaló que su amigo Gilberto le pidió acudir muy temprano a su domicilio en Paseo de las Palmas 1535, a la mañana siguiente del crimen. Cuando se vieron, mencionó que su amigo le ordenó deshacerse de un machete y la lima; tenía que desaparecerlos porque si no, los iban a descubrir. El joven Peralta declaró que el machete y la lima los arrojó a un lote baldío cercano a su casa, en la Colonia Narvarte, y que los guantes los tiró en las Lomas de Chapultepec.

Desheredados

El 14 de octubre, los reporteros Julián Fajardo y Evaristo Corona publicaron en LA PRENSA la siguiente nota: "El ingeniero Gilberto Flores Muñoz y su esposa Asunción Izquierdo desheredaron a sus familiares y posteriormente acudieron ante dos notarios para nombrarse beneficiarios uno del otro. Antonio León Sandoval, chofer de la familia desde hace siete años, fue testigo ante los notarios donde se redactaron los últimos testamentos, en los que Gilberto Flores Muñoz dejaba sus bienes a su esposa y viceversa. Todo esto y más, se encuentra escrito en la declaración judicial anexa al expediente 255, radicado en el juzgado decimoquinto penal, cuyo titular es el licenciado Mauricio Morales Ocón".

De ese modo, estaba estipulado que si uno de los abuelos fallecía, su riqueza quedaría en manos de su pareja. El único modo de que los nietos pudieran heredar radicaba en la muerte de ambos. No había de otra.

Sirvientas aportan más pistas

Cuando las autoridades citaron a la servidumbre para ratificar sus declaraciones, las señoras Agustina Güero y Guadalupe Barrera precisaron lo siguiente:

Señora Agustina: -El día que mataron a los señores, nos levantamos a las 6 de la mañana a preparar el desayuno, como lo hacíamos todos los días. Alrededor de las 6:30, bajé a la cocina y al poco rato entró el joven Gilberto y me ordenó que preparara sólo café y pan tostado, el desayuno completo no, porque nadie desayunaría. Eso, la verdad me desconcertó, porque siempre desayunaban los patrones con algunos de los jóvenes, entre ellos, Gilberto –señaló la mujer ante el MP.

Kile –agregó Agustina tras especificar que así le llamaban al nieto andaba vestido con una camisa caqui y un pantalón café, pero en el trascurso de la mañana se vistió todo de negro... -entonces la interrumpió el MP: -¿Está insinuando señora, que el joven Gilberto estaba preparado o sabía algo sobre la muerte de sus abuelos?

-No licenciado, yo no estoy queriendo decir nada.

Por su parte, la señora Guadalupe Barrera afirmó al MP que, al señor Gilberto Flores Muñoz no le agradaban las amistades de su nieto y cuando las encontraba en su casa, él mismo se encargaba de correr a sus amigos.

Señora Guadalupe: -El patrón siempre le decía a su nieto que se juntara con gente de bien, no con vagos y viciosos como lo eran sus amigos. Esto molestaba al muchacho y era tema de constantes discusiones entre ellos.

Por otro lado, la perito Martha F. de Ambriz fue la encargada de analizar una muestra de sangre hallada en una de las prendas del joven Gilberto y declaró a los reporteros de LA PRENSA:

-Estamos analizando detenidamente a qué tipo de sangre pertenecen esas partículas y de dónde provienen. Sólo puedo afirmarles, que los tipos de sangre del matrimonio Flores Muñoz Izquierdo son A y B.

Estamos haciendo todo lo posible para ratificar con precisión la información de esas muestras y no caer en un error técnico que entorpezca la investigación –concluyó la perito de la Procuraduría General de Justicia.

Formal prisión contra el nieto

El auto de formal prisión se dictó el 15 de octubre. El magistrado 15 penal del fuero común se declaró convencido de todas las pruebas y declaraciones presentadas, sobre que Gilberto Flores Alavez asesinó a sus abuelos y aprobó el delito de parricidio con pena privativa de la libertad. Ante la rejilla de prácticas del Reclusorio Oriente, el acusado escuchó sereno y sin hacer ninguna mueca, la lectura del documento que lo incriminaba en dicho delito. Sólo alcanzó a gritar que era inocente y que el tiempo revelaría al verdadero culpable.

Los último con alevosía y ventaja procurador Agustín Alanís Fuentes señaló que las investigaciones también demostraron la intervención del joven Anacarsis Peralta en actividades de colaboración y ocultamiento, por lo cual no fue considerado como cómplice, sino únicamente como testigo de cargo.

Se confirmó: fueron sedados

Pocas horas bastaron para que otra verdad saliera a flote. Fue la confirmación por parte de los peritos de la Procuraduría, acerca de que la noche del crimen, el matrimonio ultimado fue sedado por parte del o de los asesinos. Tanto en la sangre de las víctimas como en las tazas donde bebieron café y té, se encontraron grandes cantidades de la sustancia Valium 10.

Los peritos afirmaron que la sustancia administrada al matrimonio asesinado, facilitó la tarea del agresor, pues evitó que el señor Gilberto y la señora Asunción pudieran pedir ayuda y mucho menos, defenderse de tan bestial ataque.

¿Y el movil?

En entrevista con el procurador Alanís Fuentes, este mencionó que el joven Gilberto estaba plenamente confeso, no obstante, se negó a informar los motivos que lo habían conducido a masacrar a sus abuelos.

Pero afirmó muy convencido: -En esta investigación, lo único que puedo comentar, es que no recibimos presiones políticas ni económicas.

Un gran acierto fue identificar dónde y quiénes compraron el machete y los demás utensilios con los que se consumó el asesinato. Los empleados identificaron plenamente a los dos compradores: al joven Gilberto Flores y Anacarsis Peralta.

Y concluyó el funcionario: -Quiero felicitar a los comandantes Enrique Gándara, a Miguel Nassar Haro, a Francisco Sahagún Baca y Jesús Miyazawa, por resolver este tremendo caso que ha sacudido a la sociedad mexicana. Y resaltar por último, que todo se desarrolló dentro del marco de una investigación científica que arrojó resultados favorables.

Conmoción en la sociedad mexicana

El doble homicidio del matrimonio Flores Muñoz impactó tanto en la consciencia de la sociedad mexicana, que intelectuales como Vicente Leñero juzgaron oportuno tratar el tema.

Así que el escritor escribió una novela llamada "Asesinato", la cual se publicó en 1985, en la cual hizo una reconstrucción del doble crimen de los Flores Muñoz, a partir de diversos escritos como notas periodísticas, testimonios e investi gaciones que realizaron varios interesados en el tema. Vicente Leñero considera ese trabajo suyo como "un reportaje o novela sin ficción, y sin literatura quizás, sólo es un análisis detallado, minucioso de un crimen ocurrido en la Ciudad de México en octubre de 1978". También, el escritor señala que el caso estremeció tanto a la sociedad, que inspiró a por lo menos dos libros más: "Mitad oscura", de Luis Spota y "Los Cómplices", de Luis Guillermo Piazza.

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Condena y liberación

Después de la atmósfera turbia que causó el doble homicidio contra el matrimonio Flores Muñoz, el 22 de octubre de 1982, Gilberto Flores Alavez fue condenado a 28 años de prisión por el delito de homicidio calificado con todas sus agravantes: premeditación, alevosía y ventaja. Su defensa después del fallo apeló la sentencia y su expediente pasó a la Suprema Corte de Justicia.

En prisión, Gilberto Flores Alavez escribió un libro titulado "Beso negro", una historia ambientada en una cárcel, donde abundan personajes homosexuales, drogadictos, que padecen experiencias crueles y sórdidas. En agosto de 1984, la Suprema Corte de Justicia resolvió a favor del amparo solicitado por su defensa y aprobó que: "en el momento de asesinar a sus consanguíneos, no actuaba con plenitud de sus facultades mentales, por lo que no estaba consciente del acto criminal".

Por tal situación, Gilberto recibió una nueva condena de 19 años y seis meses, pero en 1986, fue beneficiado por la Ley de Normas Mínimas y se le concedió el derecho a la preliberación, la cual se llevó a cabo en octubre de 1989, primero con salidas periódicas y meses después, obtuvo su libertad definitiva.

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