/ viernes 29 de julio de 2022

Conmoción por el rapto y asesinato de Aldito, un bebé recién nacido, en Lindavista

Una historia que data de 1984, cuya intriga mantuvo al país en vilo y el desenlace inesperado fue un golpe contundente de la realidad brutal

Impactante fue la noticia que apareció en la edición de LA PRENSA el día 6 de enero de 1984. Una joven madre clamaba por que le devolvieran a su pequeño bebé, de un mes de nacido, a quien, según declaró, habían secuestrado días antes en la colonia Lindavista.

Esta es la crónica de un abominable caso de intriga, persecución, mentiras, asesinato y una horrible verdad que salió a la luz y selló el caso.

Así lo dio a conocer El Diario de las Mayorías: “En víspera de Reyes, joven madre lanzó angustioso llamado a las personas que plagiaron a su hijo de 36 días de nacido y [también] les implora: ‘Devuélvanme a mi hijito, está enfermo; si no lo atienden puede morir’”.

El drama se tornó complejo a partir de ese llamado, difundido a través de los medios de comunicación, pues pronto el asunto fue conocido a nivel nacional. Por otra parte, se reportó que la joven madre de 23 años, Lorena Spada, se encontraba en un estado de salud delicado también, puesto que convalecía del parto y padecía el rapto de su pequeño bebé, Aldo Bañuelos Spada.

Tan pronto como fue adquiriendo tintes mediáticos, LA PRENSA se dio a la tarea de seguir la pista en el acontecer del caso para dar a conocer un desenlace digno de alegría para la familia de Aldo.

Así pues, el reportero Sergio Mora Flores se dirigió a la Séptima Comandancia de la Policía Judicial del Distrito Federal, a cargo de Leonel Islas Rueda, quien estaba a cargo de la investigación correspondiente.

Allí contó al menos unos 30 agentes, quienes pronto se desplegaron en la colonia Lindavista, donde presuntamente había sido plagiado el bebé el 3 de enero alrededor del mediodía, según declaró la mujer que parecía agobiada por lo acontecido.

En relación con el caso, fueron parientes y conocidos de Lorena quienes revelaron que el plagio tuvo lugar en la esquina de Lima y Sierravista, colonia Lindavista.


Tal como lo había declarado la madre del niño días antes, dejó al pequeño en un bambineto dentro su Caribe roja durante cinco minutos, puesto que hacía frío y no quiso exponerlo al mal clima, máxime que había nacido con una enfermedad.

Dejó estacionado el vehículo frente a un negocio. Descendió y entró a comprar algunos alimentos; tan sólo tardó alrededor de cinco minutos, pero al regresar a su coche, el bebé había desaparecido.

Y ante los agentes de la policía, imploraba: “Está enfermo”, refiriéndose al pequeño Aldo, quien sufría una obstrucción en el píloro y, además, se encontraba sujeto a tratamiento médico con alimento y leche especiales por su padecimiento.

El tono dramático subió de intensidad cuando se supo sobre su padecimiento, y, además, al saberse que si no era atendido podría agravarse hasta el punto de morir… Por ello, suplicaba a los raptores: “Devuélvanme a mi hijito antes de que sea demasiado tarde”.

Se agrava la salud de la mamá

Después de ciento veinte horas de permanente zozobra, noches en vela, así como de bromas que algunos maliciosos hacían, se comenzó a notar un grave deterioro en la salud de Lorena, ya que cayó en un estado depresivo y se desmayaba súbita y espontáneamente, por tal motivo fue sometida a un tratamiento con tranquilizantes.

Todo en la casa de Jujuy 571, colonia Lindavista -domicilio de los jóvenes padres y familiares de la familia Bañuelos Spada- era consternación:

“Nada, no hay noticias positivas ni alentadoras; sólo acciones engendradas por la maldad de inconscientes que gozan con el dolor ajeno y sólo comprenderían este doloroso momento que sufre Lorena si ellos lo vivieran en carne propia; pero por ningún motivo se lo deseamos a nadie”, declaró Dámaso Sanz, cuñado de la afectada.

Cinco días después del rapto, sólo reinaba la incertidumbre en Jujuy 571, donde el silencio y las conjeturas eran una constante angustia no mitigada…

“¿Dónde, cómo y con quién estará mi pequeño Aldo? ¿Estará grave? ¿Qué comerá? ¿Estará arropado; pasará frío?” Son algunas de las interrogantes que se hacía la joven madre, que en su desesperación clamaba al cielo… “¡Hijito mío, dónde estás…? ¡Dios mío, devuélvemelo sano y salvo…, por piedad!”

Un poco de esperanza

El martes 10 de enero de 1984 hubo un destello de esperanza para la familia Bañuelos Spada. LA PRENSA dio a conocer que en la casa de Jujuy se recibió una llamada telefónica que alentó a Lorena y Marco Antonio.

El informe telefónico señaló que un pequeño de aproximadamente 20 días de nacido había sido abandonado en un albergue del perímetro de Santa Isabel Tola. El dato fue tomado con nerviosismo por los padres de la inocente víctima.

Lorena, Marco Antonio y otros familiares acudieron con prontitud hasta el sitio donde, con tristeza, comprobaron que no se trataba Aldito. El destello de alegría fue fugaz y retornó la tristeza.

Tras el nuevo sobresalto registrado por esa posibilidad, la familia Bañuelos Spada mandó oficiar una misa en su propio domicilio, donde un sacerdote rezó, junto a los padres y familiares de Aldito.

Secuestro asesinato y mentira

Habían pasado al menos diez días desde la desaparición del pequeño y la expectativa de recuperarlo se difuminaba. No había mensajes de los probables raptores en busca de recompensa, sino sólo llamadas que jugaban con los sentimientos de la familia y despistaban sobre el auténtico paradero.

Por tal motivo, la Procuraduría General de la República dio instrucciones a través del director de la Policía Oficial, Andrés Manuel Barrera, para que se enviaran a todo el país circulares y fotografías del niño plagiado, Aldo Bañuelos Spada, con el fin de intensificar las investigaciones que permitieran dar con el paradero del pequeño.

Mientras esto sucedía, la Policía Judicial Federal del Distrito, así como personal médico de instituciones privadas y oficiales, se encontraban alertas en caso de que se reportara a un niño que padeciera obstrucción del píloro, ya que al ser un padecimiento raro, lo más probable sería que se tratara del pequeño Aldo.

Desinterés y apatía

Tras más de una semana del plagio, se comentó que a pesar del mensaje difundido a través de los medios y de una población de alrededor de ocho millones, parecía deprimente que ni una sola persona lo hubiera visto o supiera sobre su paradero, lo cual reveló la verdadera naturaleza de las personas, quienes se negaron a dar testimonio (sobre todo aquellos que pudieron aportar datos que ayudaran a esclarecer el caso), para no quedar involucradas en un delito.

Ante tal situación, la Policía Judicial del Distrito, a través de la Séptima Comandancia que dirigía Leonel Islas Rueda, afirmó que el interés radicaba en la pista que llevara al paradero del niño, sin que el informante aportara su nombre o acudiera en persona.

Además, se estableció que humana y jurídicamente el robo de infantes, plagio o secuestro, constituía un delito muy delicado, pero el homicidio de un infante arrancado del lado de sus padres era una cuestión de mucha mayor relevancia y gravedad.

Marco Antonio Bañuelos, padre de Aldo, dijo que desde la desaparición de su querido hijo acudieron al llamado de ocho supuestos informantes que señalaban la existencia de pequeñitos abandonados que presuntamente correspondían a las señas de su hijo.

No obstante, ninguna resultó ser verídica, ni en el DIF, ni en casas particulares de San Juan de Aragón, o en albergues de Santa Isabel Tola, de Calzada de Tlalpan y de Coyoacán, según dijo, que fueron los lugares de los que llamaron.

Casi estaba por concluir la segunda semana de la desaparición, cuando los padres del bebé Aldo ofrecieron una recompensa monetaria, a fin de dar con el paradero de su vástago. Decidieron dar dinero a la persona o personas que aportaran datos que les permitieran llegar hasta su pequeño hijo ausente desde hacía 12 días.

Familiares y allegados deambulaban por la calle y repartían volantes con el deseo y la esperanza de que Aldo apareciera pronto. Dichos volantes señalaban:

“Recompensa. Se gratificará ampliamente y sin averiguación de ninguna especie a quien proporcione informes fidedignos que ayuden a la localización del pequeño Aldo Bañuelos Spada, de 36 días de nacido, quien desapareció el 3 de enero de 1984, en la calle Lima, entre Sierravista y Lindavista, en la colonia Lindavista”.

La vida es un calvario

“Estamos viviendo una dolorosa pesadilla”, dijo a LA PRENSA Lorena Spada, en tanto que su esposo Marco Antonio Bañuelos descartó que el plagio de su primogénito se debiera a una venganza.

El matrimonio recordó que la última atención médica que tuvo el bebé fue antes de Nochebuena de 1983; la próxima sería al cumplir los 30 días, es decir, el domingo 8 de enero de 1984, sin embargo, esto no pudo ser porque fue plagiado el martes 3.

Aldo precisaba sus gotas de Homatropil antes de cada alimento para ayudarle a su digestión; tenía vómitos, pero con ese medicamento soportaba la leche o el té, así como aguas de naranja o limón y cereal mixto líquido en leche.

“Sentimos que está bien, que nada le ha sucedido y que está en algún lugar y pronto lo recuperaremos. Tenemos fe en Dios y en nuestros semejantes. No descansaremos hasta encontrarlo y reunirnos de nuevo los tres…”, decía Marco Antonio Bañuelos, padre de Aldo.

Al ver a los padres del pequeño, parecían como ausentes mientras recordaban cuán felices estaban cuando nació su primogénito; la vida tenía un nuevo sentido para ellos y un auténtico motivo para seguir adelante.

Sin embargo, cuando todo parecía bello, sobrevino el impacto, doloroso y traumatizante golpe seco: el plagio de Aldo. Pasaron los días y no hubo pista alguna que esclareciera dónde estaba, qué le había pasado, quién se lo había llevado.

Engañar con la verdad

Durante un par de días no se publicó respecto al caso y parecía que pronto se olvidaría o acontecería otra miseria y se multiplicaría la desgracia en otras casas. El interés permanecía latente, por lo cual se recibieron llamadas en la redacción de LA PRENSA que preguntaban qué había sucedido, por qué no se había publicado nada respecto al paradero de Aldo.

¿Acaso había una horrible verdad detrás del silencio? Y lo cierto es que en realidad así ocurrió. Una sórdida verdad esclarecería poco a poco lo qué había pasado con Aldo, pero también abriría la puerta a cientos de incógnitas; cómo, por qué, cuándo, entre otras tantas.

Terrible anuncio: Aldito murió

El jueves 19 de enero de 1984 a doble piso en la contraportada de LA PRENSA se publicó: “A GOLPES FUE / MUERTO ALDO”.

Con severos golpes en la cabeza y presuntamente ahorcado fue descubierto el cadáver del bebé Aldo Bañuelos Spada dentro de una bolsa de polietileno a las orillas del lago de Guadalupe en la entonces Jurisdicción de Cuautitlán Izcalli, Estado de México, a 15 días de su secuestro en la colonia Lindavista.

Fue el policía municipal Cirilo Sánchez Mendoza quien hizo el macabro descubrimiento el miércoles 18 de enero de 1984 a las 12 horas -extraña casualidad, pues como se recordará, el niño “desapareció” alrededor del mediodía-, cuando realizaba su acostumbrado rondín de vigilancia de la zona boscosa del fraccionamiento Bosques del Lago.

Detectó una bolsa de polietileno con aparente basura en su interior al pie de un árbol, por lo que quiso recogerla, pero al acercarse, se percató que contenía lo que parecía ser el cuerpo de un infante.

Ante tal situación, reportó el hecho al licenciado Jorge Nahuac Gamboa, agente del Ministerio Público de Cuautitlán Izcalli, así como al comandante de la Policía Judicial del lugar, Carlos Maldonado Mora, quienes de inmediato se relacionaron con la investigación y ordenaron que el pequeño cadáver fuera llevado al anfiteatro correspondiente.

Ante el conocimiento de que se buscaba a un pequeño plagiado en el Distrito Federal, el Ministerio Público del lugar solicitó información y la presencia tanto de agentes de la Séptima Comandancia de la Policía Judicial del Distrito Federal como de la señora Lorena Spada y Marco Antonio Bañuelos, padres del bebé.

Impactante y brutal fue la identificación que de la inocente víctima hicieron sus progenitores, al ver que la ropa era la misma con la que había desaparecido: una chambrita amarilla, pantaloncito blanco, camiseta blanca, un calcetín rojo y uno blanco.

El funcionario judicial Nahuac Gamboa inició la averiguación por el delito de homicidio, en tanto que los médicos legistas del Servicio Médico Forense del lugar, María de Lourdes Islas, Manuel Garduño Valdés y Álvaro Torres Celaya, practicaron la necropsia de ley.

Sus primeras conclusiones revelaron que la muerte de Aldo había sido provocada por fuertes golpes contusos en el lado izquierdo de rostro y la cabeza, además de que presentaba surcos alrededor del cuello que, presuntamente, correspondían a huellas de ahorcamiento.

Asimismo, El Diario de las Mayorías dio a conocer que, según estimaciones de los médicos legistas, la pequeña criatura habría muerto quizás siete días antes de su hallazgo, esto es, el 8 u 11 de enero -cuando posiblemente hubiera acudido a su cita para determinar su estado de salud debido a su padecimiento médico-, aunque no se trataba de datos concluyentes aún y todavía faltaban realizar más pruebas.

Por otra parte, dramático y doloroso fue el momento en que Marco Antonio Bañuelos y el doctor Óscar Spada Trampero, padre y abuelo respectivamente del pequeño, realizaron la identificación del bebé que, durante 15 largos eternos días, buscaron afanosamente y con desesperación, pero sin perder la fe y la esperanza de encontrarlo con vida…

En cuanto a la joven madre, Lorena Spada, quien fue llamada para concretar la identificación del pequeño cadáver de su hijito, no tuvo el valor de afrontar la desgarradora realidad y prefirió que su esposo y su padre realizaran ese trámite legal.

La hipótesis sugerida entre los elementos de la Policía Judicial del Estado de México que conocieron el homicidio, señala que presuntamente el delito habría tenido como móvil la venganza, dado que jamás recibieron alguna llamada que les exigiera rescate.

Judiciales, sin pistas de los criminales

Hasta ese momento, las procuradurías generales de Justicia del Distrito Federal y del Estado de México no contaban con pista alguna sobre los plagiarios y homicidas del pequeño Aldo Bañuelos Spada, que fueron buscados en ambas entidades sin haber detenido a sospechoso alguno.

Elementos de la Séptima Comandancia, bajo las órdenes de su titular, Leonel Islas Rueda, investigaron durante 16 días lo que se relacionó con el secuestro del bebé. El comandante reveló que tenía a varios de sus mejores elementos en el caso, del cual no se había podido establecer si una o más personas llevaron a cabo el plagio y tampoco si eran hombres o mujeres.

Durante el tiempo que investigaron en el lugar donde fue raptado el pequeño del interior del automóvil de Lorena, no se logró dato alguno, pero sí se pudo detectar que la gente se negó a colaborar con la policía.

Nada se sacó en claro y no había un solo indicio que permitiera establecer alguna hipótesis verosímil y sostenible. No obstante, pese a la insistencia, resultaba extraño que nadie hubiera visto nada y sólo Lorena Spada sostuviera toda la historia.

Respecto a las hipótesis en torno al caso, la venganza o represalia no pudo cobrar forma como móvil del secuestro y asesinato, dado que aparentemente no había problema de alguno de los integrantes del matrimonio Bañuelos Spada.

Por su parte, el comandante de la Policía Judicial del Estado de México, en Cuautitlán Izcalli, Carlos Maldonado Mora, reveló que por disposición del director de la PJ en esa entidad, coronel León Teutle Altamirano, dicha investigación tenía prioridad y orden de realizarla con bastante empeño.

Precisó que seis agentes a su mando realizaban las pesquisas en el caso de homicidio, pero aseguró no tener pistas pese a que no dejaron de hablar con la gente que vivía cerca del lugar donde fue descubierto el cadáver del pequeño.

Mencionó que hasta el momento no se explican ellos el móvil que tuvieron los plagiarios para llevarse al niño y luego quitarle la vida. De acuerdo con las entrevistas realizadas con los encargados de las investigaciones judiciales, se conoció que alguien debió haber visto el momento en que raptaron al pequeño en Lindavista y también cuando fue abandonado cerca del lago de Guadalupe.

Por tal motivo, los agentes interrogarían de nueva cuenta a todos los relacionados, incluyendo a sus padres, en espera de esclarecer la identidad de los plagiarios y secuestradores.

"Que los detengan"

Durante el sepelio del pequeño Aldo, Marco Antonio, su padre, declaró: “Que los detengan… y que todo el peso de la ley caiga sobre ellos”; además, pidió con voz entrecortada y casi inaudible: “Que los detenga la policía y que sean castigados con todo el peso de la ley por el delito que cometieron”.

En medio de decenas de dolientes, el joven matrimonio recibió el pésame de familiares, amigos, vecinos y personas que, sin ser lo uno y lo otro, acudieron a manifestar solidaridad humana.

La familia Bañuelos Spada fue acompañada por un grupo de dolientes que compartieron su angustia y sintieron en carne propia el epílogo traumático: la muerte de una vida inocente que fue arrancada de cuajo y sin misericordia por algún desequilibrado.

Parecía que tras el entierro concluiría uno de los casos que más habían atrapado la atención de la población. Habían transcurrido quince angustiosos días en los que diversas voces se habían manifestado por el pequeño. Así fue el caso de la Iglesia católica, que llamó al corazón de quienes tenían al niño en su poder; se recurrió a la recompensa, pero nada valió a los autores del atentado, quienes aniquilaron al bebé y tras introducirlo en una bolsa de polietileno lo tiraron.

Dos detenidos

El sábado 21 de enero de 1984 se tenía la noticia de que había dos presuntos responsables en torno al secuestro y asesinato del niño Aldo Bañuelos Spada, quienes se encontraban bajo interrogatorio.

Además, casi un centenar de elementos de la Policía Judicial del Distrito se habían desplazado por diferentes partes del Estado de México para dar con el paradero de los cómplices de los homicidas.

El 20 de enero, al filo de las 11 horas, poco después de que se tuviera conocimiento de la detención de los dos presuntos responsables del asesinato del recién nacido, la Judicial del Distrito incorporó a otra comandancia para que los agentes se desplazaran por diferentes entidades del Valle de México.

No obstante de que en el medio policiaco se tuvo conocimiento de la detención de dos de los presuntos responsables, las autoridades correspondientes negaron todo, pero dejaron entrever que existían dos detenidos.

Según consta en los registros de la investigación, un presunto secuestrador exigió vía telefónica un rescate de cinco millones de pesos a cambio de la vida del pequeño Aldo Bañuelos Spada. Fijó lugar y hora para la entrega y… nunca llegó.

Aquella nueva pista fue mantenida bajo el más completo hermetismo y sólo se conoció de manera extraoficial entre los elementos que realizaron la investigación.

En tanto la averiguación iniciada por homicidio en agravio de Aldo se tornó confusa y hermética, lo más trascendente, para el 22 de enero de 1984, fue que de los numerosos interrogados, los dos últimos fueron liberados al no encontrarles responsabilidad alguna en el doble delito.

La pesquisa periodística de LA PRENSA arrojó que la exigencia de la suma millonaria pedida a Lorena Spada y Marco Antonio Bañuelos, vía telefónica, fue realizada en tres ocasiones.

También se pudo establecer que el sujeto no identificado, citó a los padres de Aldo en tres ocasiones diferentes y en lugares y horas distintas. Siempre fue la misma persona que en forma insistente pedía que le llevaran el dinero.

Tanto para los progenitores del pequeño desaparecido como para los judiciales, tales llamadas telefónicas, una vez checadas, fueron consideradas “falsas alarmas”, como algunas otras que lastimaron al matrimonio Bañuelos Spada, en plena búsqueda.

Presuntamente, en cada una de esas ocasiones, los familiares del plagiado llevaron el dinero que fue solicitado y que estuvieron dispuestos a dar de inmediato; el desconocido interlocutor nunca se dejó ver, pero sí pidió que una persona en especial llevara el rescate.

Tras los infructuosos “contactos” con el desconocido personaje, se conoció posteriormente el triste y doloroso fin del pequeño. El diario de las mayorías habló con Carlos Maldonado Mora, comandante de la Policía Judicial del Estado de México, con sede en Cuautitlán Izcalli, quien con base en los resultados de la necropsia practicada al pequeño victimado, dijo que cuando fue encontrado el cuerpo tenía al menos 36 horas o más de haber perdido la vida. Dato que, por lo demás, dejó abierta una gran incógnita sobre los previos resultados que habían aportado los médicos legistas.

Lo mató su mamá

Impactante e insólita fue la noticia que apareció el domingo 22 de enero de 1984. En efecto, luego de interrogar de nuevo a Lorena Spada, ésta reveló una tétrica verdad. El sábado al mediodía, la joven madre, involucrada en el homicidio de su pequeño, habló para LA PRENSA, y, a las 13:30 horas, la Procuraduría del Distrito la consignó por los delitos de homicidio, falsedad en declaraciones e inhumación clandestina.

Mientras la dependencia perfeccionó la consignación respectiva, la defensa actuó con celeridad y a las 14:30 horas llegó Lorena al juzgado y rindió su declaración preparatoria, para luego hacer uso del beneficio de la libertad provisional bajo fianza.

Sólo tres horas permaneció Lorena en dicho juzgado. De tal forma, el sonado caso del falseado plagio que creó Lorena y cuya prefabricación engañó a propios y extraños y los mantuvo angustiados e indignados durante 15 días, fue esclarecido con la confesión y concluido provisionalmente con su libertad bajo fianza, todo ello en casi 24 horas.

Se descubre la farsa

Fueron fundamentalmente cuatro errores los que cometió Lorena para que la Policía Judicial del Distrito esclareciera el supuesto plagio del niño Aldo Bañuelos Spada y permitiera la detención de su progenitora Lorena Spada, quien señaló que por estar “baboseando” durante un programa de televisión, el pequeño se le cayó de los brazos al tratar de colocarlo en un moisés.

La investigación se centró en un principio en Lorena, quien se hizo sospechosa. De acuerdo con datos que fueron precisados a LA PRENSA, se supo que las observaciones que hicieron una doméstica, el encargado del negocio Súper-Cocina, en la calle de Lima, y la que hizo un empleado en la misma calle, y un lapso de dos horas que nunca tuvieron explicación, fueron los errores en los que incurrió Lorena y que a la postre significaron el total esclarecimiento del caso.

Los errores que llamaron la atención fue, primero el cambió su trato jovial con una doméstica de uno de los departamentos de Salaberri 1074, a quien no le permitió ver al pequeño cuando salía el día 3 con él, pues argumentó: “Otro día, porque llevo prisa”.

Esa pérdida inexplicablemente de su jovialidad hizo dudar a la Policía Judicial, así como un lapso de dos horas, de 10 a 12 horas, en que según Lorena fue a ver a una amiga, a un tianguis y, finalmente al negocio Súper-Cocina donde “le robaron” a su hijito.

Los judiciales hicieron ese recorrido en varias ocasiones y emplearon un máximo de 25 minutos, ya que todo estaba en el mismo perímetro de Gustavo A. Madero; luego, el momento en que llegó a la Súper-Cocina. Le llamó la atención a un empleado, Arián Almeger Luna, quien se percató que no llevaba ningún niño consigo.

Otro aspecto utilizado como prueba por los investigadores, fue el hecho de que la señora Spada dijo que estando en dicho negocio salió a la puerta para ver desde lejos el coche donde “estaba mi hijo”; sin embargo, el dependiente del negocio dijo que la joven siempre estuvo adentro.

Confesó su crimen y cómo tramó la farsa

“Estaba desesperada por no poder callar al bebé que lloró durante media hora. De pronto, se me cayó de los brazos para estrellarse contra el piso de mármol de la recámara. Murió al momento. Sin saber lo que hacía, tomé un cordón y tras colocarlo en su cuello, apreté volteando hacia otro lado. Quería aparentar que algún loco lo había asesinado…”

El crudo relato hecho por Lorena a los medios de comunicación, reveló su responsabilidad en el homicidio de su propio hijo Aldo Bañuelos Spada, cuyo cuerpecito escondió en una bolsa, para después tirarlo ese mismo día 3 de enero, en que inventó el plan para deshacerse del fruto de sus entrañas.

LA PRENSA habló con la acusada por el delito de homicidio imprudencial y al preguntarle el motivo que tuvo para montar su macabra obra de teatro real, dijo que el fuerte llanto del bebé la había desesperado y por ello se tornó agresiva; “no podía calmarlo, tenía media hora intentándolo sin conseguirlo y eso me desesperó. No recuerdo qué le decía al niño, se cayó de mis brazos y se estrelló contra el piso de mármol. Murió enseguida”, dijo.

Fue aquí cuando señaló que tras levantarlo del piso y ver que estaba muerto, tomó el cinturón de tela de su vestido y con él ahorcó al pequeño sin verle la carita cuando apretó.

Enseguida ocultó el cadáver en la bolsa de polietileno y lo introdujo a un bambineto rojo, para salir alrededor de las 10 horas de su casa en la colonia Lindavista. Trató de visitar a una amiga, pero se arrepintió en el camino. Iba en su caribe roja.

“No sabía qué hacer. Estaba desesperada. Me encaminé a la calle Tequesquinahuac y allí fue donde se me ocurrió ir hacia Satélite. Fue por arboledas y luego al lago de Guadalupe… Allí arrojé la bolsa con el niño. Después, tiré el bambineto rojo para enseguida ir a la calle de Lima, en Lindavista y… lo demás ya todos ustedes lo saben”, dijo Lorena.

Al ser entrevistada sobre la trama que urdió y con la que engañó a familiares, amigos, vecinos, a las autoridades eclesiásticas, a medios de comunicación, a la opinión pública y a algunas autoridades, dijo que actuó sola y nadie la ayudó a la invención de su plan para eludir su responsabilidad.

Reconoció que al llegar a la Súper-Cocina en la calle de Lima, compró alimentos y luego aparentó que le habían robado a su hijito con el bambineto que “había dejado dentro de su Caribe roja”. Preguntó a un señor si había visto quién había sido el autor y allí empezó la inhumana mentira para cubrir el homicidio.

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A partir de ese momento, hizo de su tragedia una representación teatral, en la que contribuyó en la elaboración de los volantes, solicitando ayuda en la “búsqueda” de su hijo “plagiado”; acudió a la Procuraduría del Distrito a iniciar la averiguación previa del presunto delito; recibió apoyo moral de infinidad de personas, del arzobispo primado de México, Ernesto Corripio Ahumada, y la solidaridad de los medios de comunicación en lo que a la postre resultó una falacia…

Durante 15 largos días, Lorena mantuvo en el más absoluto hermetismo el homicidio de su pequeño, así como el lugar donde fue a tirarlo. Aparentemente, no dijo nada a su esposo ni a sus progenitores, quienes colaboraron en la infructuosa búsqueda.

Aseguró no saber por qué lo hizo, aun cuando aceptó que el llanto del niño la desesperó. Descartó que hubiera mediado algún pleito o desavenencia conyugal o familiar. Tampoco tenía ningún problema con su pequeño hijo ni con su marido.

Lorena dijo no sufrir ningún padecimiento mental, pero aceptó que en un choque se golpeó la cabeza. “Estoy bien, tenía problemas de equilibrio pero me curé”. Alguien preguntó a dónde debería ir por lo ocurrido y ella dijo: “Yo creo que a un manicomio”. Se le preguntó si estaba arrepentida y no contestó. Sólo inclinaba la cabeza y en tres ocasiones se molestó por las preguntas.

Vestida con blusa blanca, chamarra de lana y pantalón vaquero azul y zapatillas claras, dijo que jamás pensó estar en esta situación y consideró que todo fue un accidente. “Ya no quiero contestar nada”, dijo finalmente.

Y así, pese a que el caso continuó, meses más tarde con un juicio largo, poco a poco el caso del niño Aldito quedó sepultado entre la pila de cadáveres que se acumulaban en la gran urbe de metal y concreto.

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Impactante fue la noticia que apareció en la edición de LA PRENSA el día 6 de enero de 1984. Una joven madre clamaba por que le devolvieran a su pequeño bebé, de un mes de nacido, a quien, según declaró, habían secuestrado días antes en la colonia Lindavista.

Esta es la crónica de un abominable caso de intriga, persecución, mentiras, asesinato y una horrible verdad que salió a la luz y selló el caso.

Así lo dio a conocer El Diario de las Mayorías: “En víspera de Reyes, joven madre lanzó angustioso llamado a las personas que plagiaron a su hijo de 36 días de nacido y [también] les implora: ‘Devuélvanme a mi hijito, está enfermo; si no lo atienden puede morir’”.

El drama se tornó complejo a partir de ese llamado, difundido a través de los medios de comunicación, pues pronto el asunto fue conocido a nivel nacional. Por otra parte, se reportó que la joven madre de 23 años, Lorena Spada, se encontraba en un estado de salud delicado también, puesto que convalecía del parto y padecía el rapto de su pequeño bebé, Aldo Bañuelos Spada.

Tan pronto como fue adquiriendo tintes mediáticos, LA PRENSA se dio a la tarea de seguir la pista en el acontecer del caso para dar a conocer un desenlace digno de alegría para la familia de Aldo.

Así pues, el reportero Sergio Mora Flores se dirigió a la Séptima Comandancia de la Policía Judicial del Distrito Federal, a cargo de Leonel Islas Rueda, quien estaba a cargo de la investigación correspondiente.

Allí contó al menos unos 30 agentes, quienes pronto se desplegaron en la colonia Lindavista, donde presuntamente había sido plagiado el bebé el 3 de enero alrededor del mediodía, según declaró la mujer que parecía agobiada por lo acontecido.

En relación con el caso, fueron parientes y conocidos de Lorena quienes revelaron que el plagio tuvo lugar en la esquina de Lima y Sierravista, colonia Lindavista.


Tal como lo había declarado la madre del niño días antes, dejó al pequeño en un bambineto dentro su Caribe roja durante cinco minutos, puesto que hacía frío y no quiso exponerlo al mal clima, máxime que había nacido con una enfermedad.

Dejó estacionado el vehículo frente a un negocio. Descendió y entró a comprar algunos alimentos; tan sólo tardó alrededor de cinco minutos, pero al regresar a su coche, el bebé había desaparecido.

Y ante los agentes de la policía, imploraba: “Está enfermo”, refiriéndose al pequeño Aldo, quien sufría una obstrucción en el píloro y, además, se encontraba sujeto a tratamiento médico con alimento y leche especiales por su padecimiento.

El tono dramático subió de intensidad cuando se supo sobre su padecimiento, y, además, al saberse que si no era atendido podría agravarse hasta el punto de morir… Por ello, suplicaba a los raptores: “Devuélvanme a mi hijito antes de que sea demasiado tarde”.

Se agrava la salud de la mamá

Después de ciento veinte horas de permanente zozobra, noches en vela, así como de bromas que algunos maliciosos hacían, se comenzó a notar un grave deterioro en la salud de Lorena, ya que cayó en un estado depresivo y se desmayaba súbita y espontáneamente, por tal motivo fue sometida a un tratamiento con tranquilizantes.

Todo en la casa de Jujuy 571, colonia Lindavista -domicilio de los jóvenes padres y familiares de la familia Bañuelos Spada- era consternación:

“Nada, no hay noticias positivas ni alentadoras; sólo acciones engendradas por la maldad de inconscientes que gozan con el dolor ajeno y sólo comprenderían este doloroso momento que sufre Lorena si ellos lo vivieran en carne propia; pero por ningún motivo se lo deseamos a nadie”, declaró Dámaso Sanz, cuñado de la afectada.

Cinco días después del rapto, sólo reinaba la incertidumbre en Jujuy 571, donde el silencio y las conjeturas eran una constante angustia no mitigada…

“¿Dónde, cómo y con quién estará mi pequeño Aldo? ¿Estará grave? ¿Qué comerá? ¿Estará arropado; pasará frío?” Son algunas de las interrogantes que se hacía la joven madre, que en su desesperación clamaba al cielo… “¡Hijito mío, dónde estás…? ¡Dios mío, devuélvemelo sano y salvo…, por piedad!”

Un poco de esperanza

El martes 10 de enero de 1984 hubo un destello de esperanza para la familia Bañuelos Spada. LA PRENSA dio a conocer que en la casa de Jujuy se recibió una llamada telefónica que alentó a Lorena y Marco Antonio.

El informe telefónico señaló que un pequeño de aproximadamente 20 días de nacido había sido abandonado en un albergue del perímetro de Santa Isabel Tola. El dato fue tomado con nerviosismo por los padres de la inocente víctima.

Lorena, Marco Antonio y otros familiares acudieron con prontitud hasta el sitio donde, con tristeza, comprobaron que no se trataba Aldito. El destello de alegría fue fugaz y retornó la tristeza.

Tras el nuevo sobresalto registrado por esa posibilidad, la familia Bañuelos Spada mandó oficiar una misa en su propio domicilio, donde un sacerdote rezó, junto a los padres y familiares de Aldito.

Secuestro asesinato y mentira

Habían pasado al menos diez días desde la desaparición del pequeño y la expectativa de recuperarlo se difuminaba. No había mensajes de los probables raptores en busca de recompensa, sino sólo llamadas que jugaban con los sentimientos de la familia y despistaban sobre el auténtico paradero.

Por tal motivo, la Procuraduría General de la República dio instrucciones a través del director de la Policía Oficial, Andrés Manuel Barrera, para que se enviaran a todo el país circulares y fotografías del niño plagiado, Aldo Bañuelos Spada, con el fin de intensificar las investigaciones que permitieran dar con el paradero del pequeño.

Mientras esto sucedía, la Policía Judicial Federal del Distrito, así como personal médico de instituciones privadas y oficiales, se encontraban alertas en caso de que se reportara a un niño que padeciera obstrucción del píloro, ya que al ser un padecimiento raro, lo más probable sería que se tratara del pequeño Aldo.

Desinterés y apatía

Tras más de una semana del plagio, se comentó que a pesar del mensaje difundido a través de los medios y de una población de alrededor de ocho millones, parecía deprimente que ni una sola persona lo hubiera visto o supiera sobre su paradero, lo cual reveló la verdadera naturaleza de las personas, quienes se negaron a dar testimonio (sobre todo aquellos que pudieron aportar datos que ayudaran a esclarecer el caso), para no quedar involucradas en un delito.

Ante tal situación, la Policía Judicial del Distrito, a través de la Séptima Comandancia que dirigía Leonel Islas Rueda, afirmó que el interés radicaba en la pista que llevara al paradero del niño, sin que el informante aportara su nombre o acudiera en persona.

Además, se estableció que humana y jurídicamente el robo de infantes, plagio o secuestro, constituía un delito muy delicado, pero el homicidio de un infante arrancado del lado de sus padres era una cuestión de mucha mayor relevancia y gravedad.

Marco Antonio Bañuelos, padre de Aldo, dijo que desde la desaparición de su querido hijo acudieron al llamado de ocho supuestos informantes que señalaban la existencia de pequeñitos abandonados que presuntamente correspondían a las señas de su hijo.

No obstante, ninguna resultó ser verídica, ni en el DIF, ni en casas particulares de San Juan de Aragón, o en albergues de Santa Isabel Tola, de Calzada de Tlalpan y de Coyoacán, según dijo, que fueron los lugares de los que llamaron.

Casi estaba por concluir la segunda semana de la desaparición, cuando los padres del bebé Aldo ofrecieron una recompensa monetaria, a fin de dar con el paradero de su vástago. Decidieron dar dinero a la persona o personas que aportaran datos que les permitieran llegar hasta su pequeño hijo ausente desde hacía 12 días.

Familiares y allegados deambulaban por la calle y repartían volantes con el deseo y la esperanza de que Aldo apareciera pronto. Dichos volantes señalaban:

“Recompensa. Se gratificará ampliamente y sin averiguación de ninguna especie a quien proporcione informes fidedignos que ayuden a la localización del pequeño Aldo Bañuelos Spada, de 36 días de nacido, quien desapareció el 3 de enero de 1984, en la calle Lima, entre Sierravista y Lindavista, en la colonia Lindavista”.

La vida es un calvario

“Estamos viviendo una dolorosa pesadilla”, dijo a LA PRENSA Lorena Spada, en tanto que su esposo Marco Antonio Bañuelos descartó que el plagio de su primogénito se debiera a una venganza.

El matrimonio recordó que la última atención médica que tuvo el bebé fue antes de Nochebuena de 1983; la próxima sería al cumplir los 30 días, es decir, el domingo 8 de enero de 1984, sin embargo, esto no pudo ser porque fue plagiado el martes 3.

Aldo precisaba sus gotas de Homatropil antes de cada alimento para ayudarle a su digestión; tenía vómitos, pero con ese medicamento soportaba la leche o el té, así como aguas de naranja o limón y cereal mixto líquido en leche.

“Sentimos que está bien, que nada le ha sucedido y que está en algún lugar y pronto lo recuperaremos. Tenemos fe en Dios y en nuestros semejantes. No descansaremos hasta encontrarlo y reunirnos de nuevo los tres…”, decía Marco Antonio Bañuelos, padre de Aldo.

Al ver a los padres del pequeño, parecían como ausentes mientras recordaban cuán felices estaban cuando nació su primogénito; la vida tenía un nuevo sentido para ellos y un auténtico motivo para seguir adelante.

Sin embargo, cuando todo parecía bello, sobrevino el impacto, doloroso y traumatizante golpe seco: el plagio de Aldo. Pasaron los días y no hubo pista alguna que esclareciera dónde estaba, qué le había pasado, quién se lo había llevado.

Engañar con la verdad

Durante un par de días no se publicó respecto al caso y parecía que pronto se olvidaría o acontecería otra miseria y se multiplicaría la desgracia en otras casas. El interés permanecía latente, por lo cual se recibieron llamadas en la redacción de LA PRENSA que preguntaban qué había sucedido, por qué no se había publicado nada respecto al paradero de Aldo.

¿Acaso había una horrible verdad detrás del silencio? Y lo cierto es que en realidad así ocurrió. Una sórdida verdad esclarecería poco a poco lo qué había pasado con Aldo, pero también abriría la puerta a cientos de incógnitas; cómo, por qué, cuándo, entre otras tantas.

Terrible anuncio: Aldito murió

El jueves 19 de enero de 1984 a doble piso en la contraportada de LA PRENSA se publicó: “A GOLPES FUE / MUERTO ALDO”.

Con severos golpes en la cabeza y presuntamente ahorcado fue descubierto el cadáver del bebé Aldo Bañuelos Spada dentro de una bolsa de polietileno a las orillas del lago de Guadalupe en la entonces Jurisdicción de Cuautitlán Izcalli, Estado de México, a 15 días de su secuestro en la colonia Lindavista.

Fue el policía municipal Cirilo Sánchez Mendoza quien hizo el macabro descubrimiento el miércoles 18 de enero de 1984 a las 12 horas -extraña casualidad, pues como se recordará, el niño “desapareció” alrededor del mediodía-, cuando realizaba su acostumbrado rondín de vigilancia de la zona boscosa del fraccionamiento Bosques del Lago.

Detectó una bolsa de polietileno con aparente basura en su interior al pie de un árbol, por lo que quiso recogerla, pero al acercarse, se percató que contenía lo que parecía ser el cuerpo de un infante.

Ante tal situación, reportó el hecho al licenciado Jorge Nahuac Gamboa, agente del Ministerio Público de Cuautitlán Izcalli, así como al comandante de la Policía Judicial del lugar, Carlos Maldonado Mora, quienes de inmediato se relacionaron con la investigación y ordenaron que el pequeño cadáver fuera llevado al anfiteatro correspondiente.

Ante el conocimiento de que se buscaba a un pequeño plagiado en el Distrito Federal, el Ministerio Público del lugar solicitó información y la presencia tanto de agentes de la Séptima Comandancia de la Policía Judicial del Distrito Federal como de la señora Lorena Spada y Marco Antonio Bañuelos, padres del bebé.

Impactante y brutal fue la identificación que de la inocente víctima hicieron sus progenitores, al ver que la ropa era la misma con la que había desaparecido: una chambrita amarilla, pantaloncito blanco, camiseta blanca, un calcetín rojo y uno blanco.

El funcionario judicial Nahuac Gamboa inició la averiguación por el delito de homicidio, en tanto que los médicos legistas del Servicio Médico Forense del lugar, María de Lourdes Islas, Manuel Garduño Valdés y Álvaro Torres Celaya, practicaron la necropsia de ley.

Sus primeras conclusiones revelaron que la muerte de Aldo había sido provocada por fuertes golpes contusos en el lado izquierdo de rostro y la cabeza, además de que presentaba surcos alrededor del cuello que, presuntamente, correspondían a huellas de ahorcamiento.

Asimismo, El Diario de las Mayorías dio a conocer que, según estimaciones de los médicos legistas, la pequeña criatura habría muerto quizás siete días antes de su hallazgo, esto es, el 8 u 11 de enero -cuando posiblemente hubiera acudido a su cita para determinar su estado de salud debido a su padecimiento médico-, aunque no se trataba de datos concluyentes aún y todavía faltaban realizar más pruebas.

Por otra parte, dramático y doloroso fue el momento en que Marco Antonio Bañuelos y el doctor Óscar Spada Trampero, padre y abuelo respectivamente del pequeño, realizaron la identificación del bebé que, durante 15 largos eternos días, buscaron afanosamente y con desesperación, pero sin perder la fe y la esperanza de encontrarlo con vida…

En cuanto a la joven madre, Lorena Spada, quien fue llamada para concretar la identificación del pequeño cadáver de su hijito, no tuvo el valor de afrontar la desgarradora realidad y prefirió que su esposo y su padre realizaran ese trámite legal.

La hipótesis sugerida entre los elementos de la Policía Judicial del Estado de México que conocieron el homicidio, señala que presuntamente el delito habría tenido como móvil la venganza, dado que jamás recibieron alguna llamada que les exigiera rescate.

Judiciales, sin pistas de los criminales

Hasta ese momento, las procuradurías generales de Justicia del Distrito Federal y del Estado de México no contaban con pista alguna sobre los plagiarios y homicidas del pequeño Aldo Bañuelos Spada, que fueron buscados en ambas entidades sin haber detenido a sospechoso alguno.

Elementos de la Séptima Comandancia, bajo las órdenes de su titular, Leonel Islas Rueda, investigaron durante 16 días lo que se relacionó con el secuestro del bebé. El comandante reveló que tenía a varios de sus mejores elementos en el caso, del cual no se había podido establecer si una o más personas llevaron a cabo el plagio y tampoco si eran hombres o mujeres.

Durante el tiempo que investigaron en el lugar donde fue raptado el pequeño del interior del automóvil de Lorena, no se logró dato alguno, pero sí se pudo detectar que la gente se negó a colaborar con la policía.

Nada se sacó en claro y no había un solo indicio que permitiera establecer alguna hipótesis verosímil y sostenible. No obstante, pese a la insistencia, resultaba extraño que nadie hubiera visto nada y sólo Lorena Spada sostuviera toda la historia.

Respecto a las hipótesis en torno al caso, la venganza o represalia no pudo cobrar forma como móvil del secuestro y asesinato, dado que aparentemente no había problema de alguno de los integrantes del matrimonio Bañuelos Spada.

Por su parte, el comandante de la Policía Judicial del Estado de México, en Cuautitlán Izcalli, Carlos Maldonado Mora, reveló que por disposición del director de la PJ en esa entidad, coronel León Teutle Altamirano, dicha investigación tenía prioridad y orden de realizarla con bastante empeño.

Precisó que seis agentes a su mando realizaban las pesquisas en el caso de homicidio, pero aseguró no tener pistas pese a que no dejaron de hablar con la gente que vivía cerca del lugar donde fue descubierto el cadáver del pequeño.

Mencionó que hasta el momento no se explican ellos el móvil que tuvieron los plagiarios para llevarse al niño y luego quitarle la vida. De acuerdo con las entrevistas realizadas con los encargados de las investigaciones judiciales, se conoció que alguien debió haber visto el momento en que raptaron al pequeño en Lindavista y también cuando fue abandonado cerca del lago de Guadalupe.

Por tal motivo, los agentes interrogarían de nueva cuenta a todos los relacionados, incluyendo a sus padres, en espera de esclarecer la identidad de los plagiarios y secuestradores.

"Que los detengan"

Durante el sepelio del pequeño Aldo, Marco Antonio, su padre, declaró: “Que los detengan… y que todo el peso de la ley caiga sobre ellos”; además, pidió con voz entrecortada y casi inaudible: “Que los detenga la policía y que sean castigados con todo el peso de la ley por el delito que cometieron”.

En medio de decenas de dolientes, el joven matrimonio recibió el pésame de familiares, amigos, vecinos y personas que, sin ser lo uno y lo otro, acudieron a manifestar solidaridad humana.

La familia Bañuelos Spada fue acompañada por un grupo de dolientes que compartieron su angustia y sintieron en carne propia el epílogo traumático: la muerte de una vida inocente que fue arrancada de cuajo y sin misericordia por algún desequilibrado.

Parecía que tras el entierro concluiría uno de los casos que más habían atrapado la atención de la población. Habían transcurrido quince angustiosos días en los que diversas voces se habían manifestado por el pequeño. Así fue el caso de la Iglesia católica, que llamó al corazón de quienes tenían al niño en su poder; se recurrió a la recompensa, pero nada valió a los autores del atentado, quienes aniquilaron al bebé y tras introducirlo en una bolsa de polietileno lo tiraron.

Dos detenidos

El sábado 21 de enero de 1984 se tenía la noticia de que había dos presuntos responsables en torno al secuestro y asesinato del niño Aldo Bañuelos Spada, quienes se encontraban bajo interrogatorio.

Además, casi un centenar de elementos de la Policía Judicial del Distrito se habían desplazado por diferentes partes del Estado de México para dar con el paradero de los cómplices de los homicidas.

El 20 de enero, al filo de las 11 horas, poco después de que se tuviera conocimiento de la detención de los dos presuntos responsables del asesinato del recién nacido, la Judicial del Distrito incorporó a otra comandancia para que los agentes se desplazaran por diferentes entidades del Valle de México.

No obstante de que en el medio policiaco se tuvo conocimiento de la detención de dos de los presuntos responsables, las autoridades correspondientes negaron todo, pero dejaron entrever que existían dos detenidos.

Según consta en los registros de la investigación, un presunto secuestrador exigió vía telefónica un rescate de cinco millones de pesos a cambio de la vida del pequeño Aldo Bañuelos Spada. Fijó lugar y hora para la entrega y… nunca llegó.

Aquella nueva pista fue mantenida bajo el más completo hermetismo y sólo se conoció de manera extraoficial entre los elementos que realizaron la investigación.

En tanto la averiguación iniciada por homicidio en agravio de Aldo se tornó confusa y hermética, lo más trascendente, para el 22 de enero de 1984, fue que de los numerosos interrogados, los dos últimos fueron liberados al no encontrarles responsabilidad alguna en el doble delito.

La pesquisa periodística de LA PRENSA arrojó que la exigencia de la suma millonaria pedida a Lorena Spada y Marco Antonio Bañuelos, vía telefónica, fue realizada en tres ocasiones.

También se pudo establecer que el sujeto no identificado, citó a los padres de Aldo en tres ocasiones diferentes y en lugares y horas distintas. Siempre fue la misma persona que en forma insistente pedía que le llevaran el dinero.

Tanto para los progenitores del pequeño desaparecido como para los judiciales, tales llamadas telefónicas, una vez checadas, fueron consideradas “falsas alarmas”, como algunas otras que lastimaron al matrimonio Bañuelos Spada, en plena búsqueda.

Presuntamente, en cada una de esas ocasiones, los familiares del plagiado llevaron el dinero que fue solicitado y que estuvieron dispuestos a dar de inmediato; el desconocido interlocutor nunca se dejó ver, pero sí pidió que una persona en especial llevara el rescate.

Tras los infructuosos “contactos” con el desconocido personaje, se conoció posteriormente el triste y doloroso fin del pequeño. El diario de las mayorías habló con Carlos Maldonado Mora, comandante de la Policía Judicial del Estado de México, con sede en Cuautitlán Izcalli, quien con base en los resultados de la necropsia practicada al pequeño victimado, dijo que cuando fue encontrado el cuerpo tenía al menos 36 horas o más de haber perdido la vida. Dato que, por lo demás, dejó abierta una gran incógnita sobre los previos resultados que habían aportado los médicos legistas.

Lo mató su mamá

Impactante e insólita fue la noticia que apareció el domingo 22 de enero de 1984. En efecto, luego de interrogar de nuevo a Lorena Spada, ésta reveló una tétrica verdad. El sábado al mediodía, la joven madre, involucrada en el homicidio de su pequeño, habló para LA PRENSA, y, a las 13:30 horas, la Procuraduría del Distrito la consignó por los delitos de homicidio, falsedad en declaraciones e inhumación clandestina.

Mientras la dependencia perfeccionó la consignación respectiva, la defensa actuó con celeridad y a las 14:30 horas llegó Lorena al juzgado y rindió su declaración preparatoria, para luego hacer uso del beneficio de la libertad provisional bajo fianza.

Sólo tres horas permaneció Lorena en dicho juzgado. De tal forma, el sonado caso del falseado plagio que creó Lorena y cuya prefabricación engañó a propios y extraños y los mantuvo angustiados e indignados durante 15 días, fue esclarecido con la confesión y concluido provisionalmente con su libertad bajo fianza, todo ello en casi 24 horas.

Se descubre la farsa

Fueron fundamentalmente cuatro errores los que cometió Lorena para que la Policía Judicial del Distrito esclareciera el supuesto plagio del niño Aldo Bañuelos Spada y permitiera la detención de su progenitora Lorena Spada, quien señaló que por estar “baboseando” durante un programa de televisión, el pequeño se le cayó de los brazos al tratar de colocarlo en un moisés.

La investigación se centró en un principio en Lorena, quien se hizo sospechosa. De acuerdo con datos que fueron precisados a LA PRENSA, se supo que las observaciones que hicieron una doméstica, el encargado del negocio Súper-Cocina, en la calle de Lima, y la que hizo un empleado en la misma calle, y un lapso de dos horas que nunca tuvieron explicación, fueron los errores en los que incurrió Lorena y que a la postre significaron el total esclarecimiento del caso.

Los errores que llamaron la atención fue, primero el cambió su trato jovial con una doméstica de uno de los departamentos de Salaberri 1074, a quien no le permitió ver al pequeño cuando salía el día 3 con él, pues argumentó: “Otro día, porque llevo prisa”.

Esa pérdida inexplicablemente de su jovialidad hizo dudar a la Policía Judicial, así como un lapso de dos horas, de 10 a 12 horas, en que según Lorena fue a ver a una amiga, a un tianguis y, finalmente al negocio Súper-Cocina donde “le robaron” a su hijito.

Los judiciales hicieron ese recorrido en varias ocasiones y emplearon un máximo de 25 minutos, ya que todo estaba en el mismo perímetro de Gustavo A. Madero; luego, el momento en que llegó a la Súper-Cocina. Le llamó la atención a un empleado, Arián Almeger Luna, quien se percató que no llevaba ningún niño consigo.

Otro aspecto utilizado como prueba por los investigadores, fue el hecho de que la señora Spada dijo que estando en dicho negocio salió a la puerta para ver desde lejos el coche donde “estaba mi hijo”; sin embargo, el dependiente del negocio dijo que la joven siempre estuvo adentro.

Confesó su crimen y cómo tramó la farsa

“Estaba desesperada por no poder callar al bebé que lloró durante media hora. De pronto, se me cayó de los brazos para estrellarse contra el piso de mármol de la recámara. Murió al momento. Sin saber lo que hacía, tomé un cordón y tras colocarlo en su cuello, apreté volteando hacia otro lado. Quería aparentar que algún loco lo había asesinado…”

El crudo relato hecho por Lorena a los medios de comunicación, reveló su responsabilidad en el homicidio de su propio hijo Aldo Bañuelos Spada, cuyo cuerpecito escondió en una bolsa, para después tirarlo ese mismo día 3 de enero, en que inventó el plan para deshacerse del fruto de sus entrañas.

LA PRENSA habló con la acusada por el delito de homicidio imprudencial y al preguntarle el motivo que tuvo para montar su macabra obra de teatro real, dijo que el fuerte llanto del bebé la había desesperado y por ello se tornó agresiva; “no podía calmarlo, tenía media hora intentándolo sin conseguirlo y eso me desesperó. No recuerdo qué le decía al niño, se cayó de mis brazos y se estrelló contra el piso de mármol. Murió enseguida”, dijo.

Fue aquí cuando señaló que tras levantarlo del piso y ver que estaba muerto, tomó el cinturón de tela de su vestido y con él ahorcó al pequeño sin verle la carita cuando apretó.

Enseguida ocultó el cadáver en la bolsa de polietileno y lo introdujo a un bambineto rojo, para salir alrededor de las 10 horas de su casa en la colonia Lindavista. Trató de visitar a una amiga, pero se arrepintió en el camino. Iba en su caribe roja.

“No sabía qué hacer. Estaba desesperada. Me encaminé a la calle Tequesquinahuac y allí fue donde se me ocurrió ir hacia Satélite. Fue por arboledas y luego al lago de Guadalupe… Allí arrojé la bolsa con el niño. Después, tiré el bambineto rojo para enseguida ir a la calle de Lima, en Lindavista y… lo demás ya todos ustedes lo saben”, dijo Lorena.

Al ser entrevistada sobre la trama que urdió y con la que engañó a familiares, amigos, vecinos, a las autoridades eclesiásticas, a medios de comunicación, a la opinión pública y a algunas autoridades, dijo que actuó sola y nadie la ayudó a la invención de su plan para eludir su responsabilidad.

Reconoció que al llegar a la Súper-Cocina en la calle de Lima, compró alimentos y luego aparentó que le habían robado a su hijito con el bambineto que “había dejado dentro de su Caribe roja”. Preguntó a un señor si había visto quién había sido el autor y allí empezó la inhumana mentira para cubrir el homicidio.

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A partir de ese momento, hizo de su tragedia una representación teatral, en la que contribuyó en la elaboración de los volantes, solicitando ayuda en la “búsqueda” de su hijo “plagiado”; acudió a la Procuraduría del Distrito a iniciar la averiguación previa del presunto delito; recibió apoyo moral de infinidad de personas, del arzobispo primado de México, Ernesto Corripio Ahumada, y la solidaridad de los medios de comunicación en lo que a la postre resultó una falacia…

Durante 15 largos días, Lorena mantuvo en el más absoluto hermetismo el homicidio de su pequeño, así como el lugar donde fue a tirarlo. Aparentemente, no dijo nada a su esposo ni a sus progenitores, quienes colaboraron en la infructuosa búsqueda.

Aseguró no saber por qué lo hizo, aun cuando aceptó que el llanto del niño la desesperó. Descartó que hubiera mediado algún pleito o desavenencia conyugal o familiar. Tampoco tenía ningún problema con su pequeño hijo ni con su marido.

Lorena dijo no sufrir ningún padecimiento mental, pero aceptó que en un choque se golpeó la cabeza. “Estoy bien, tenía problemas de equilibrio pero me curé”. Alguien preguntó a dónde debería ir por lo ocurrido y ella dijo: “Yo creo que a un manicomio”. Se le preguntó si estaba arrepentida y no contestó. Sólo inclinaba la cabeza y en tres ocasiones se molestó por las preguntas.

Vestida con blusa blanca, chamarra de lana y pantalón vaquero azul y zapatillas claras, dijo que jamás pensó estar en esta situación y consideró que todo fue un accidente. “Ya no quiero contestar nada”, dijo finalmente.

Y así, pese a que el caso continuó, meses más tarde con un juicio largo, poco a poco el caso del niño Aldito quedó sepultado entre la pila de cadáveres que se acumulaban en la gran urbe de metal y concreto.

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