/ martes 13 de agosto de 2019

Trump, sin estrategia ante las drogas.

Todo indica que el presidente Donald Trump es una criatura errática sin compromisos fijos, sin objetivos de política estable y sin una estrategia clara para combatir o erradicar el consumo y trasiego de la droga en su país. De hecho, todo el gobierno que dirige se puede entender a través de la lente de su adherencia extraña, constante, inquebrantable al concepto de los años 80 de la guerra contra las drogas.

Esta adhesión unifica sus acciones de política: no sólo el nombramiento de Jeff Sessions como procurador general, sino también su enfoque sobre la inmigración y el muro, sus llamadas para revivir el stop and frisk y la ley y el orden, puntos clave del proyecto de ley de salud de la Cámara de Representantes, la obsesión con Rodrigo Duterte­ y Vladimir Putin, e incluso la propuesta inicial para retirarle fondos a la Oficina de la Casa Blanca de Política de Control de Drogas.

“Estados Unidos tiene el índice de muertes más alto por sobredosis de drogas tanto en hombres como en mujeres (35 muertes por cada 100.000 habitantes en hombres y 20 muertes por cada 100.000 habitantes en mujeres) en 2015, más del doble que los otros países en nuestro estudio”, escribió en un correo Yingxi Chen, uno de los investigadores y estudiante de posdoctorado en los Instituto Nacional de Cáncer de los Institutos Nacionales de Salud.

Para 2017, la evidencia de las falencias de Estados Unidos y sus aliados para contener la producción de opio se hizo imposible de ignorar. Cuatro días antes de que comenzara la operación Tempestad de Acero de 2017, la oficina de Drogas y el Crimen de Naciones Unidas anunció que el cultivo de amapolas en Afganistán había crecido en 120.000 hectáreas solo en un año. Este nuevo procedimiento facilita el contrabando de los productos e incrementa las ganancias para los traficantes de droga y los talibanes, quienes cobran un 20% de "impuesto" a estas ganancias.

Esto, a pesar de que el ejército de EE.UU. ha gastado US$1,5 millones por día en la lucha antinarcóticos desde la invasión en octubre de 2001. O casi US$9.000 millones en total. Para decirlo sin rodeos, estos números indican que Trump ha fracasado.

Todo indica que el presidente Donald Trump es una criatura errática sin compromisos fijos, sin objetivos de política estable y sin una estrategia clara para combatir o erradicar el consumo y trasiego de la droga en su país. De hecho, todo el gobierno que dirige se puede entender a través de la lente de su adherencia extraña, constante, inquebrantable al concepto de los años 80 de la guerra contra las drogas.

Esta adhesión unifica sus acciones de política: no sólo el nombramiento de Jeff Sessions como procurador general, sino también su enfoque sobre la inmigración y el muro, sus llamadas para revivir el stop and frisk y la ley y el orden, puntos clave del proyecto de ley de salud de la Cámara de Representantes, la obsesión con Rodrigo Duterte­ y Vladimir Putin, e incluso la propuesta inicial para retirarle fondos a la Oficina de la Casa Blanca de Política de Control de Drogas.

“Estados Unidos tiene el índice de muertes más alto por sobredosis de drogas tanto en hombres como en mujeres (35 muertes por cada 100.000 habitantes en hombres y 20 muertes por cada 100.000 habitantes en mujeres) en 2015, más del doble que los otros países en nuestro estudio”, escribió en un correo Yingxi Chen, uno de los investigadores y estudiante de posdoctorado en los Instituto Nacional de Cáncer de los Institutos Nacionales de Salud.

Para 2017, la evidencia de las falencias de Estados Unidos y sus aliados para contener la producción de opio se hizo imposible de ignorar. Cuatro días antes de que comenzara la operación Tempestad de Acero de 2017, la oficina de Drogas y el Crimen de Naciones Unidas anunció que el cultivo de amapolas en Afganistán había crecido en 120.000 hectáreas solo en un año. Este nuevo procedimiento facilita el contrabando de los productos e incrementa las ganancias para los traficantes de droga y los talibanes, quienes cobran un 20% de "impuesto" a estas ganancias.

Esto, a pesar de que el ejército de EE.UU. ha gastado US$1,5 millones por día en la lucha antinarcóticos desde la invasión en octubre de 2001. O casi US$9.000 millones en total. Para decirlo sin rodeos, estos números indican que Trump ha fracasado.

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