/ domingo 25 de julio de 2021

Responsabilidad al volante

La mayoría de los estudios a la mano demuestran que durante estos meses de pandemia bebimos más alcohol. En confinamiento, con los horarios alterados, se normalizó abrir una lata de cerveza antes del mediodía o llevar un poco de vino en un termo para café, mientras se asistía a una junta virtual. El fin de semana, tiempo de ocio en el cual se bebía, dejó de ser ese espacio para extenderse a cualquier momento.

Cada año las muertes o los accidentes graves por beber en exceso y conducir un automóvil no descienden significativamente y la mayoría, si no es que todos los incidentes, pudieron evitarse, es decir, son tragedias inútiles que afectan la vida de muchas personas para siempre.

Contrario a lo que creemos, el alcohol no se acumula en el sistema digestivo; lo hace en la sangre y conforme bebemos, y no nos hidratamos, esa acumulación es lo que nos produce la borrachera. En ese sentido, no hay remedio posible que baje el alcohol en la sangre, ni beber café, comer picante o cualquier de los remedios que la sabiduría convencional ha recomendado por generaciones.

Por medio de diferentes ejercicios y pruebas es fácil explicar lo que hace el exceso del alcohol en nosotros: nulifica todos nuestros sentidos y nos inutiliza, lo que desmonta el mito de que beber de más nos permite manejar mejor un coche o agudiza sentidos para compensar por los que ha cancelado.

Esas creencias mantienen la idea en jóvenes y adultos de combinar la conducción de un auto con un estado alcohólico alto, lo que es el equivalente a subirse a una montaña rusa sin cinturón de seguridad o cruzar una avenida con los ojos vendados.

Estamos recuperando la movilidad, al tiempo que miles de contagios llegan a los más jóvenes, quienes todavía no se vacunan, pero que ya han salido a fiestas y lugares cerrados de entretenimiento, en los que pasan muchas horas sin cubrebocas y bebiendo. Es doble el desafío ahí; por un lado la pandemia y por el otro manejar en estado de ebriedad.

Lo peor que podemos permitir como ciudadanos es que chelerías y puntos irregulares de venta de alcohol regresen por sus fueros y sigan con el círculo vicioso del abuso (en más de un sentido) y la exposición de sus clientes a conducir y ponerse en riesgo.

El llamado para taxistas, conductores de aplicación, y otros servicios de transporte privado es que sean corresponsables en la prevención de la salud de sus usuarios, ya que los servicios que prestan van a ir en aumento en los siguientes meses, lo cual es una buena noticia económica, aunque de fondo tenemos que trabajar mucho más en la prevención y en evitar que alguien beba y conduzca.

Nada a favor de prohibiciones o restricciones, simplemente se trata de un buen comportamiento el no abusar del alcohol y menos ponerse en una situación de peligro al manejar. La responsabilidad nunca ha estado peleada con la diversión.

Sin embargo, no podemos retornar a lo que sabemos que no nos brinda ningún beneficio y sí lleva años en que afecta nuestro buen y bien vivir. Hemos pasado meses muy complicados y vernos de nuevo es una necesidad de salud mental y de salud física, pero no puede convertirse en el detonante de fallecimientos, lesiones graves o aumento de contagios en esta etapa de la contingencia sanitaria.

Estamos en plenas vacaciones escolares, después de un periodo de educación a distancia que ha tenido sus costos, y viene septiembre con las fiestas patrias, para después tratar de alcanzar con esperanza las fiestas de final de año en las que, esperamos, podamos abrazarnos de nuevo y estar juntos de manera presencial.

Tomemos las previsiones y hagamos lo que nos toca para que ese mal hábito -beber y manejar- no regrese a nuestra rutina. También reduzcamos el consumo de alcohol que pudimos haber incrementado durante el confinamiento y seamos conscientes de que la moderación es, y será, la mejor opción para poder conducir en nuestra ciudad, convivir en sus miles de sitios, y recuperar ese esparcimiento que es bueno para nosotros, para la economía y para una sociedad corresponsable e inteligente.

La mayoría de los estudios a la mano demuestran que durante estos meses de pandemia bebimos más alcohol. En confinamiento, con los horarios alterados, se normalizó abrir una lata de cerveza antes del mediodía o llevar un poco de vino en un termo para café, mientras se asistía a una junta virtual. El fin de semana, tiempo de ocio en el cual se bebía, dejó de ser ese espacio para extenderse a cualquier momento.

Cada año las muertes o los accidentes graves por beber en exceso y conducir un automóvil no descienden significativamente y la mayoría, si no es que todos los incidentes, pudieron evitarse, es decir, son tragedias inútiles que afectan la vida de muchas personas para siempre.

Contrario a lo que creemos, el alcohol no se acumula en el sistema digestivo; lo hace en la sangre y conforme bebemos, y no nos hidratamos, esa acumulación es lo que nos produce la borrachera. En ese sentido, no hay remedio posible que baje el alcohol en la sangre, ni beber café, comer picante o cualquier de los remedios que la sabiduría convencional ha recomendado por generaciones.

Por medio de diferentes ejercicios y pruebas es fácil explicar lo que hace el exceso del alcohol en nosotros: nulifica todos nuestros sentidos y nos inutiliza, lo que desmonta el mito de que beber de más nos permite manejar mejor un coche o agudiza sentidos para compensar por los que ha cancelado.

Esas creencias mantienen la idea en jóvenes y adultos de combinar la conducción de un auto con un estado alcohólico alto, lo que es el equivalente a subirse a una montaña rusa sin cinturón de seguridad o cruzar una avenida con los ojos vendados.

Estamos recuperando la movilidad, al tiempo que miles de contagios llegan a los más jóvenes, quienes todavía no se vacunan, pero que ya han salido a fiestas y lugares cerrados de entretenimiento, en los que pasan muchas horas sin cubrebocas y bebiendo. Es doble el desafío ahí; por un lado la pandemia y por el otro manejar en estado de ebriedad.

Lo peor que podemos permitir como ciudadanos es que chelerías y puntos irregulares de venta de alcohol regresen por sus fueros y sigan con el círculo vicioso del abuso (en más de un sentido) y la exposición de sus clientes a conducir y ponerse en riesgo.

El llamado para taxistas, conductores de aplicación, y otros servicios de transporte privado es que sean corresponsables en la prevención de la salud de sus usuarios, ya que los servicios que prestan van a ir en aumento en los siguientes meses, lo cual es una buena noticia económica, aunque de fondo tenemos que trabajar mucho más en la prevención y en evitar que alguien beba y conduzca.

Nada a favor de prohibiciones o restricciones, simplemente se trata de un buen comportamiento el no abusar del alcohol y menos ponerse en una situación de peligro al manejar. La responsabilidad nunca ha estado peleada con la diversión.

Sin embargo, no podemos retornar a lo que sabemos que no nos brinda ningún beneficio y sí lleva años en que afecta nuestro buen y bien vivir. Hemos pasado meses muy complicados y vernos de nuevo es una necesidad de salud mental y de salud física, pero no puede convertirse en el detonante de fallecimientos, lesiones graves o aumento de contagios en esta etapa de la contingencia sanitaria.

Estamos en plenas vacaciones escolares, después de un periodo de educación a distancia que ha tenido sus costos, y viene septiembre con las fiestas patrias, para después tratar de alcanzar con esperanza las fiestas de final de año en las que, esperamos, podamos abrazarnos de nuevo y estar juntos de manera presencial.

Tomemos las previsiones y hagamos lo que nos toca para que ese mal hábito -beber y manejar- no regrese a nuestra rutina. También reduzcamos el consumo de alcohol que pudimos haber incrementado durante el confinamiento y seamos conscientes de que la moderación es, y será, la mejor opción para poder conducir en nuestra ciudad, convivir en sus miles de sitios, y recuperar ese esparcimiento que es bueno para nosotros, para la economía y para una sociedad corresponsable e inteligente.

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