/ martes 7 de diciembre de 2021

Réquiem a las instituciones académicas

Hay buenas y malas noticias sobre la variante Ómicron. La buena es que el asesor médico del gobierno de Estados Unidos, Anthony Fauci informó que los primeros indicios son alentadores, porque hasta ahora la nueva variante no parece ser de alto grado de gravedad.

La mala noticia es que todavía faltan por responder otras interrogantes, como: ¿si la nueva variante es más transmisible a otras, si tiene resistencia a las vacunas y si genera síntomas fuertes?

Hasta hoy, al menos 40 países, incluido México, han reportado casos positivos de Ómicron, variante que apenas el 24 de noviembre notificó Sudáfrica.

Mientras la comunidad científica internacional trabaja afanosamente en la búsqueda de estas respuestas; en México, los investigadores y académicos están también muy ocupados; pero defendiéndose de los ataques, austericidios y medidas coercitivas que se lanzan en su contra, un día sí y el otro también, desde las más altas cúpulas del poder.

Destruir las escasas instituciones académicas que tanto esfuerzo han costado a los mexicanos es un contrasentido, justo ahora que la humanidad enfrenta una pandemia, que ha evidenciado la necesidad de que los países fomenten su propio conocimiento y desarrollo científico, como un tema de soberanía y seguridad nacional.

Esta dependencia obliga a los países de ingreso medio y bajo a consumir la producción científica y tecnológica de otras naciones. Lo que no se invierta ahora en formación de cuadros y fortalecimiento de instituciones académicas, se acabará pagando más caro a futuro, como ocurrió con las vacunas.

Tarde o temprano se sabrá cuál es el interés de desmantelar las instituciones académicas, cuando por otra parte se destinan grandes sumas de dinero público a escuelas “patito”, sobre los cuales hay fuertes cuestionamientos, que van desde quejas por ausentismo de profesores, suspensión del servicio de forma injustificada y sin previo aviso, hasta personal no capacitado.

El ingenio mexicano ha motejado estas escuelas como “La Casa del Payaso”, quizá por sus coloridas fachadas e instalaciones que asemejan un Kinder Garden. Ojalá que no sea por su nivel de enseñanza.


Hay buenas y malas noticias sobre la variante Ómicron. La buena es que el asesor médico del gobierno de Estados Unidos, Anthony Fauci informó que los primeros indicios son alentadores, porque hasta ahora la nueva variante no parece ser de alto grado de gravedad.

La mala noticia es que todavía faltan por responder otras interrogantes, como: ¿si la nueva variante es más transmisible a otras, si tiene resistencia a las vacunas y si genera síntomas fuertes?

Hasta hoy, al menos 40 países, incluido México, han reportado casos positivos de Ómicron, variante que apenas el 24 de noviembre notificó Sudáfrica.

Mientras la comunidad científica internacional trabaja afanosamente en la búsqueda de estas respuestas; en México, los investigadores y académicos están también muy ocupados; pero defendiéndose de los ataques, austericidios y medidas coercitivas que se lanzan en su contra, un día sí y el otro también, desde las más altas cúpulas del poder.

Destruir las escasas instituciones académicas que tanto esfuerzo han costado a los mexicanos es un contrasentido, justo ahora que la humanidad enfrenta una pandemia, que ha evidenciado la necesidad de que los países fomenten su propio conocimiento y desarrollo científico, como un tema de soberanía y seguridad nacional.

Esta dependencia obliga a los países de ingreso medio y bajo a consumir la producción científica y tecnológica de otras naciones. Lo que no se invierta ahora en formación de cuadros y fortalecimiento de instituciones académicas, se acabará pagando más caro a futuro, como ocurrió con las vacunas.

Tarde o temprano se sabrá cuál es el interés de desmantelar las instituciones académicas, cuando por otra parte se destinan grandes sumas de dinero público a escuelas “patito”, sobre los cuales hay fuertes cuestionamientos, que van desde quejas por ausentismo de profesores, suspensión del servicio de forma injustificada y sin previo aviso, hasta personal no capacitado.

El ingenio mexicano ha motejado estas escuelas como “La Casa del Payaso”, quizá por sus coloridas fachadas e instalaciones que asemejan un Kinder Garden. Ojalá que no sea por su nivel de enseñanza.


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