/ martes 17 de agosto de 2021

¿Qué hacer?

El gobierno de la 4T ha desplegado una amplia campaña para alentar el regreso a clases presenciales. Sin embargo, serán los padres y madres de familia de alumnos en educación básica los que tendrán la última palabra y en dos semanas deberán decidir si envían o no a sus hijos a la escuela, justo en el momento más álgido de contagios por la variante Delta.

El balance a casi 15 meses del cierre de los planteles escolares, es a todas luces negativo, con un pobre y deficiente desempeño de las autoridades, que nunca supieron estar a la altura de las circunstancias y, lo poco o mucho, que los niños y las niñas pudieron aprender o mantener su vínculo con el sistema educativo fue gracias a maestros ejemplares que no se dejaron vencer por la adversidad, acompañados por el esfuerzo de muchos padres de familia.

Al igual que el sector productivo; las comunidades escolares, integradas por profesores, directivos, administrativos, padres de familia y alumnos fueron olvidadas por las autoridades, que están más entretenidas en redactar nuevos libros de texto acordes a la ideología de la 4T que en diseñar una estrategia integral para llevar a cabo un regreso paulatino, seguro y saludable a las escuelas.

Todos aquellos que tienen hijos en edad escolar saben lo difícil que fue terminar el ciclo escolar 2019-2020 en línea y cursar a distancia todo el ciclo escolar 2020-2021. ¡Bueno, los que pudieron continuar!

Porque muchos otros niños –más de 5 millones según estima el INEGI- dejaron de plano la escuela por diferentes motivos, ya sea por enfermedad o muerte de alguno de los padres, pérdida de empleo, problemas económicos, falta de acceso a tecnologías o cambio de residencia; mientras los habitantes de la burbuja gubernamental anunciaban sus aburridas clases televisivas.

La devastación educativa pone en riesgo a una generación completa. El Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) advierte que la pandemia causó en México un rezago que equivale a dos años de escolaridad al descender del tercer año de secundaria al primer año de secundaria.

Ahora los padres y madres de familia deberán decidir: ¿Qué hacer? Enviar o no a sus hijos a la escuela, tomar en cuenta la tercera ola de contagios que se registra y evaluar costos-beneficios, porque si bien es necesario que los niños vuelvan a las aulas, ese regreso no será igual y estará marcado por una serie de restricciones y si alguno de los integrantes de la familia enferma, además de enfrentar la crisis emocional que esto provoca, también se deberán enfrentar gastos catastróficos en atención médica, justo cuando la economía de las familias se encuentra en niveles, prácticamente de sobrevivencia.

El gobierno de la 4T ha desplegado una amplia campaña para alentar el regreso a clases presenciales. Sin embargo, serán los padres y madres de familia de alumnos en educación básica los que tendrán la última palabra y en dos semanas deberán decidir si envían o no a sus hijos a la escuela, justo en el momento más álgido de contagios por la variante Delta.

El balance a casi 15 meses del cierre de los planteles escolares, es a todas luces negativo, con un pobre y deficiente desempeño de las autoridades, que nunca supieron estar a la altura de las circunstancias y, lo poco o mucho, que los niños y las niñas pudieron aprender o mantener su vínculo con el sistema educativo fue gracias a maestros ejemplares que no se dejaron vencer por la adversidad, acompañados por el esfuerzo de muchos padres de familia.

Al igual que el sector productivo; las comunidades escolares, integradas por profesores, directivos, administrativos, padres de familia y alumnos fueron olvidadas por las autoridades, que están más entretenidas en redactar nuevos libros de texto acordes a la ideología de la 4T que en diseñar una estrategia integral para llevar a cabo un regreso paulatino, seguro y saludable a las escuelas.

Todos aquellos que tienen hijos en edad escolar saben lo difícil que fue terminar el ciclo escolar 2019-2020 en línea y cursar a distancia todo el ciclo escolar 2020-2021. ¡Bueno, los que pudieron continuar!

Porque muchos otros niños –más de 5 millones según estima el INEGI- dejaron de plano la escuela por diferentes motivos, ya sea por enfermedad o muerte de alguno de los padres, pérdida de empleo, problemas económicos, falta de acceso a tecnologías o cambio de residencia; mientras los habitantes de la burbuja gubernamental anunciaban sus aburridas clases televisivas.

La devastación educativa pone en riesgo a una generación completa. El Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) advierte que la pandemia causó en México un rezago que equivale a dos años de escolaridad al descender del tercer año de secundaria al primer año de secundaria.

Ahora los padres y madres de familia deberán decidir: ¿Qué hacer? Enviar o no a sus hijos a la escuela, tomar en cuenta la tercera ola de contagios que se registra y evaluar costos-beneficios, porque si bien es necesario que los niños vuelvan a las aulas, ese regreso no será igual y estará marcado por una serie de restricciones y si alguno de los integrantes de la familia enferma, además de enfrentar la crisis emocional que esto provoca, también se deberán enfrentar gastos catastróficos en atención médica, justo cuando la economía de las familias se encuentra en niveles, prácticamente de sobrevivencia.

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