/ martes 21 de enero de 2020

Pobreza urbana crece en México

En México, la pobreza y la pobreza extrema históricamente han tenido un rostro rural; sin embargo en la actualidad nuestro País es predominantemente urbano y la concentración demográfica en las ciudades y zonas metropolitanas ha traído consigo fenómenos de exclusión, desigualdad, desempleo y pobreza. En 2012, la pobreza en las localidades urbanas afectaba a 36.6 millones de personas. Esta situación implicó que del total de personas en situación de pobreza en el país (53.3 millones), poco más de dos terceras partes se localizan en zonas urbanas, es decir, 68.6% de la población en situación de pobreza.

La pobreza como fenómeno multifactorial afecta de diferente forma a la población del País; esta situación se ha convertido en un tema relevante que ha despertado el interés de amplios sectores de la sociedad y el gobierno. El análisis de la pobreza urbana ha cobrado mayor importancia en las últimas décadas debido a que la población urbana se ha incrementado de forma acelerada.

Asimismo, poco más de la mitad de la población en México (60.6 millones de personas) tuvo ingresos inferiores a la línea de bienestar que representa el valor de una canasta de bienes y 56 servicios básicos. El CONEVAL afirma que en las zonas urbanas se concentraron 43.5 millones de personas con ingresos insuficientes para adquirir la canasta básica, lo que significó que siete de cada diez personas con este problema en el país se ubicaran en localidades mayores a 2,500 habitantes.

Estos datos parecerían ser una mala broma si vemos que esos millones de ciudadanos pobres viven en un país que tiene una reserva monetaria de 180 mil millones de dólares, con ingresos petroleros en los últimos 20 años de casi mil millones de dólares, de los cuales una buena parte se utiliza para cubrir el déficit tributario y los salarios de la burocracia. Pero no es así. La broma se ha convertido en un panorama desolador, pues observamos que las oportunidades de empleo se han cerrado paulatinamente, lo mismo que las posibilidades de educación superior, y que la pobreza ha impactado principalmente los centros urbanos.

En años anteriores, una de las opciones para los más necesitados era saltar la línea fronteriza del norte para ganar dinero, pero el endurecimiento de las leyes migratorias estadunidenses y canadienses han cerrado poco a poco estas puertas. Clausuradas las vías de la movilización social a través del empleo, la educación y la migración, la población más necesitada, sobre todo los jóvenes, se han convertido lamentablemente en el ejército de reserva del crimen organizado, que al paso de tiempo se ha erigido como una fuente de empleo y un símbolo de oportunidad.

En México, la pobreza y la pobreza extrema históricamente han tenido un rostro rural; sin embargo en la actualidad nuestro País es predominantemente urbano y la concentración demográfica en las ciudades y zonas metropolitanas ha traído consigo fenómenos de exclusión, desigualdad, desempleo y pobreza. En 2012, la pobreza en las localidades urbanas afectaba a 36.6 millones de personas. Esta situación implicó que del total de personas en situación de pobreza en el país (53.3 millones), poco más de dos terceras partes se localizan en zonas urbanas, es decir, 68.6% de la población en situación de pobreza.

La pobreza como fenómeno multifactorial afecta de diferente forma a la población del País; esta situación se ha convertido en un tema relevante que ha despertado el interés de amplios sectores de la sociedad y el gobierno. El análisis de la pobreza urbana ha cobrado mayor importancia en las últimas décadas debido a que la población urbana se ha incrementado de forma acelerada.

Asimismo, poco más de la mitad de la población en México (60.6 millones de personas) tuvo ingresos inferiores a la línea de bienestar que representa el valor de una canasta de bienes y 56 servicios básicos. El CONEVAL afirma que en las zonas urbanas se concentraron 43.5 millones de personas con ingresos insuficientes para adquirir la canasta básica, lo que significó que siete de cada diez personas con este problema en el país se ubicaran en localidades mayores a 2,500 habitantes.

Estos datos parecerían ser una mala broma si vemos que esos millones de ciudadanos pobres viven en un país que tiene una reserva monetaria de 180 mil millones de dólares, con ingresos petroleros en los últimos 20 años de casi mil millones de dólares, de los cuales una buena parte se utiliza para cubrir el déficit tributario y los salarios de la burocracia. Pero no es así. La broma se ha convertido en un panorama desolador, pues observamos que las oportunidades de empleo se han cerrado paulatinamente, lo mismo que las posibilidades de educación superior, y que la pobreza ha impactado principalmente los centros urbanos.

En años anteriores, una de las opciones para los más necesitados era saltar la línea fronteriza del norte para ganar dinero, pero el endurecimiento de las leyes migratorias estadunidenses y canadienses han cerrado poco a poco estas puertas. Clausuradas las vías de la movilización social a través del empleo, la educación y la migración, la población más necesitada, sobre todo los jóvenes, se han convertido lamentablemente en el ejército de reserva del crimen organizado, que al paso de tiempo se ha erigido como una fuente de empleo y un símbolo de oportunidad.

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