/ domingo 7 de marzo de 2021

Ni bien ni mal, ahí la llevamos

De la pandemia solo quedan secuelas, y no, no porqué ya haya pasado todo, porque al parecer en las calles de la capital mexicana las cosas han vuelto a ser como antes, o casi como antes, avenidas y plazas comerciales atestadas de gente sin cuidar la sana distancia solo que ahora aderezado con millones de cubrebocas y litros y litros de gel antibacterial.

Basta con darse la vuelta por cualquier plaza comercial, la gente camina con el cubrebocas puesto, pero no toma importancia en como lo hace, no deja de tocarlo como una prenda más de vestir, en lugar de darle el riguroso tratamiento higiénico y el valor a la protección que ofrece; pareciera que camina ya sin miedo.

Y es que justo es lo que sucedió, no se dominó la pandemia, no se aplanó la curva y mucho menos se concientizó a la gente sobre el peligro, lo único que pasó es que se aprendió a caminar, por un lado, sin miedo a contagiarse y por el otro, con la tristeza de que es un riesgo que se tiene que correr y la muerte es una posibilidad enorme.

El riesgo se conoce y hay familias enteras que han desaparecido, el problema no es siquiera haberle perdido el miedo a la enfermedad, el verdadero problema es que ya se le perdió el miedo a la muerte, ya se anda por la calle como si nada, muchos por necesidad, pero muchísimos más, solo por diversión.

El por qué haya tanta gente en la calle es solo el resultado de un año de encierro, un año de aguantar entre unas paredes para no enfermarse y que de todas maneras en un descuido el virus entre y termine, en el peor de los casos, matando a algún integrante de la familia.

A un año del encierro y tras casi 200 mil decesos y dos millones de contagiados, pareciera que aún es más importante el conservar las reuniones sociales, las convivencias y las fiestas de cumpleaños por mera tradición que, por cuidar de la salud, el problema es que los contagios se vuelven masivos, ojalá fueran selectivos.

Ya pasó un año de que el virus llegó a México y tal pareciera que no tiene para cuando irse, tristemente apenas llevamos poco más de dos millones de vacunados, a este paso, serán años para que los mexicanos estén inmunizados; ¿qué tan difícil es dejar de lado el tema electoral para permitir que gobierno-sociedad puedan participar en un asunto que es de salud pública y no de votos?

De la pandemia solo quedan secuelas, y no, no porqué ya haya pasado todo, porque al parecer en las calles de la capital mexicana las cosas han vuelto a ser como antes, o casi como antes, avenidas y plazas comerciales atestadas de gente sin cuidar la sana distancia solo que ahora aderezado con millones de cubrebocas y litros y litros de gel antibacterial.

Basta con darse la vuelta por cualquier plaza comercial, la gente camina con el cubrebocas puesto, pero no toma importancia en como lo hace, no deja de tocarlo como una prenda más de vestir, en lugar de darle el riguroso tratamiento higiénico y el valor a la protección que ofrece; pareciera que camina ya sin miedo.

Y es que justo es lo que sucedió, no se dominó la pandemia, no se aplanó la curva y mucho menos se concientizó a la gente sobre el peligro, lo único que pasó es que se aprendió a caminar, por un lado, sin miedo a contagiarse y por el otro, con la tristeza de que es un riesgo que se tiene que correr y la muerte es una posibilidad enorme.

El riesgo se conoce y hay familias enteras que han desaparecido, el problema no es siquiera haberle perdido el miedo a la enfermedad, el verdadero problema es que ya se le perdió el miedo a la muerte, ya se anda por la calle como si nada, muchos por necesidad, pero muchísimos más, solo por diversión.

El por qué haya tanta gente en la calle es solo el resultado de un año de encierro, un año de aguantar entre unas paredes para no enfermarse y que de todas maneras en un descuido el virus entre y termine, en el peor de los casos, matando a algún integrante de la familia.

A un año del encierro y tras casi 200 mil decesos y dos millones de contagiados, pareciera que aún es más importante el conservar las reuniones sociales, las convivencias y las fiestas de cumpleaños por mera tradición que, por cuidar de la salud, el problema es que los contagios se vuelven masivos, ojalá fueran selectivos.

Ya pasó un año de que el virus llegó a México y tal pareciera que no tiene para cuando irse, tristemente apenas llevamos poco más de dos millones de vacunados, a este paso, serán años para que los mexicanos estén inmunizados; ¿qué tan difícil es dejar de lado el tema electoral para permitir que gobierno-sociedad puedan participar en un asunto que es de salud pública y no de votos?