/ viernes 23 de julio de 2021

Necesito un abogado

Apenas el pasado 12 de julio se celebró el Día del Abogado en México, una fecha que, según las versiones disponibles, podría remontarse a ese día de 1553 cuando se impartió la primera cátedra de derecho en América, en lo que a la postre sería la Universidad Autónoma de México. En el mundo el Día del Abogado se conmemora cada 3 de febrero.

Muy a propósito de la fecha mexicana, en la que se pondera a quienes ejercen esta profesión y a la profesión misma (una de las fuentes más inspiracionales de memes), vale la pena hacer una reflexión más allá de las felicitaciones que, entre los profesionales del derecho, una de las profesiones más antiguas y demandadas en todos los países, provoca la mencionada fecha.

Para ello qué mejor que la lectura de “Necesito un abogado. Cómo escoger a un abogado y qué puede hacer por ti” de Jordi Nieva Fenoll, reconocido catedrático de la Universidad de Barcelona, conferencista y autor de otros destacados libros sobre derecho procesal.

Desde cierta perspectiva el libro puede ser interpretado como una especie de manual de salvación para cualquier persona, ya que permite acercar, como el propio autor menciona, esta profesión a los ciudadanos, que generalmente la perciben y para muchos lo es, incomprensible; no en pocas ocasiones he escuchado a periodistas entrevistar abogados, aplicando la de “no me lo diga en abogañol”.

La anécdota da una idea de la relevancia de la profesión del especialista en derecho y de cómo su asesoría debería estar, invariablemente, ligada a un ejercicio ético y eficaz, pero que, por el contrario, en ocasiones aprovecha esta poca capacidad de comprensión de los ciudadanos para dar paso a un ejercicio muy lejano a esos principios, eternizando los conflictos con una mentalidad de monetización.

La profesión así ejercida no sólo contribuye a la corrupción de la profesión misma, sino que provoca pérdidas para los ciudadanos y para el Estado y sus instituciones, ya que entre más dura un conflicto, el entramado de personas y recursos que se destinan a su atención se extiende con la consecuente carga económica para todos.

Además, está también la afectación que un mal ejercicio de la profesión, por mala preparación, puede causar a las personas. “La mala actuación de un abogado puede destrozar completamente la vida de una persona o incluso mandarlo directamente a prisión”, apunta el autor.

Vista desde el ojo del profesional del derecho o de quien tiene una relación cercana a esta profesión, la obra se adentra en temas vitales, por ejemplo, el papel esencial de los abogados en el restablecimiento de la igualdad.

“El abogado iguala las armas de los contendientes, Al ponerse en el lugar de su defendido y hablar por él cubre todas las carencias de su cliente que pudieran representarle una desventaja”, señala.

Finalmente mencionaré la idea que aborda el autor sobre la necesidad de contar, desde la educación básica, con una instrucción jurídica “al menos en derechos humanos”. Más que nunca, actualmente ya nos damos cuenta de lo importante que es conocer y comprender el mundo del derecho, presente en prácticamente todas nuestras actividades e interacciones.

Apenas el pasado 12 de julio se celebró el Día del Abogado en México, una fecha que, según las versiones disponibles, podría remontarse a ese día de 1553 cuando se impartió la primera cátedra de derecho en América, en lo que a la postre sería la Universidad Autónoma de México. En el mundo el Día del Abogado se conmemora cada 3 de febrero.

Muy a propósito de la fecha mexicana, en la que se pondera a quienes ejercen esta profesión y a la profesión misma (una de las fuentes más inspiracionales de memes), vale la pena hacer una reflexión más allá de las felicitaciones que, entre los profesionales del derecho, una de las profesiones más antiguas y demandadas en todos los países, provoca la mencionada fecha.

Para ello qué mejor que la lectura de “Necesito un abogado. Cómo escoger a un abogado y qué puede hacer por ti” de Jordi Nieva Fenoll, reconocido catedrático de la Universidad de Barcelona, conferencista y autor de otros destacados libros sobre derecho procesal.

Desde cierta perspectiva el libro puede ser interpretado como una especie de manual de salvación para cualquier persona, ya que permite acercar, como el propio autor menciona, esta profesión a los ciudadanos, que generalmente la perciben y para muchos lo es, incomprensible; no en pocas ocasiones he escuchado a periodistas entrevistar abogados, aplicando la de “no me lo diga en abogañol”.

La anécdota da una idea de la relevancia de la profesión del especialista en derecho y de cómo su asesoría debería estar, invariablemente, ligada a un ejercicio ético y eficaz, pero que, por el contrario, en ocasiones aprovecha esta poca capacidad de comprensión de los ciudadanos para dar paso a un ejercicio muy lejano a esos principios, eternizando los conflictos con una mentalidad de monetización.

La profesión así ejercida no sólo contribuye a la corrupción de la profesión misma, sino que provoca pérdidas para los ciudadanos y para el Estado y sus instituciones, ya que entre más dura un conflicto, el entramado de personas y recursos que se destinan a su atención se extiende con la consecuente carga económica para todos.

Además, está también la afectación que un mal ejercicio de la profesión, por mala preparación, puede causar a las personas. “La mala actuación de un abogado puede destrozar completamente la vida de una persona o incluso mandarlo directamente a prisión”, apunta el autor.

Vista desde el ojo del profesional del derecho o de quien tiene una relación cercana a esta profesión, la obra se adentra en temas vitales, por ejemplo, el papel esencial de los abogados en el restablecimiento de la igualdad.

“El abogado iguala las armas de los contendientes, Al ponerse en el lugar de su defendido y hablar por él cubre todas las carencias de su cliente que pudieran representarle una desventaja”, señala.

Finalmente mencionaré la idea que aborda el autor sobre la necesidad de contar, desde la educación básica, con una instrucción jurídica “al menos en derechos humanos”. Más que nunca, actualmente ya nos damos cuenta de lo importante que es conocer y comprender el mundo del derecho, presente en prácticamente todas nuestras actividades e interacciones.

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