/ martes 5 de mayo de 2020

Necesitamos un estadista

Es notoria la falta de conocimiento del Presidente sobre el México actual y de los grandes problemas que vivimos los mexicanos, el desinterés y las respuestas tardías o evasivas de Andrés Manuel López Obrador, le han costado un sin fin de críticas por los desaciertos, terquedad y hasta “berrinches” en lo que va de su administración, los temas que le han evidenciado son: violencia, economía y la pandemia del coronavirus, lo que aviva una potencial crisis de ingobernabilidad. En replica a esta incapacidad institucional y política para responder adecuadamente a los temas prioritarios para el país, miles de mexicanos vierten sus críticas contra el mandatario, advirtiendo que durante su “gobierno”, existe un vacío de autoridad.

Ante la falta de un verdadero cambio en nuestro país y el vació de autoridad que lamentablemente vivimos los mexicanos, necesitamos un estadista. Y ¿qué es un estadista? Como su nombre lo indica, es un hombre de estado. Un político que tiene la capacidad comprensiva de los aspectos más significativos de las variables política, económica, social, cultural, ambiental y de la manera como deben dirigirse las relaciones internacionales, ante la globalización del mundo.

Es pues un Hombre de Estado, el que se distingue entre todos los responsables políticos de un país, aquellos que dirigen el Estado y controlan en forma significativa al Poder Ejecutivo o al Poder Legislativo, junto al Jefe de Estado (aun cuando ese cargo reúna pocas funciones concernientes más bien a representación y a imagen pública, como por ejemplo las que se encuentran implementadas en las monarquías constitucionales), así como junto al Jefe del gobierno y a sus ministros.

El hartazgo social a la politiquería exige de servidores públicos respetuoso de los derechos humanos y del fuero de los militares, que ejerza legítimamente como Comandante en Jefe de las fuerzas armadas. Que conozca el funcionamiento complementario de las tres ramas del poder público y que, consecuente con las tendencias del último decenio en América Latina y el mundo, gobierne organizando estructuralmente el sistema de pesos y contrapesos e impida la concentración del poder en el ejecutivo. Necesitamos un Jefe de Estado que sea capaz de conducir y definir el proyecto de nación que todos deseamos.

La política debe ser transparente en lo que dice, en lo que hace, en lo que logra, y por ello, nos urge un estadista en México.

Es notoria la falta de conocimiento del Presidente sobre el México actual y de los grandes problemas que vivimos los mexicanos, el desinterés y las respuestas tardías o evasivas de Andrés Manuel López Obrador, le han costado un sin fin de críticas por los desaciertos, terquedad y hasta “berrinches” en lo que va de su administración, los temas que le han evidenciado son: violencia, economía y la pandemia del coronavirus, lo que aviva una potencial crisis de ingobernabilidad. En replica a esta incapacidad institucional y política para responder adecuadamente a los temas prioritarios para el país, miles de mexicanos vierten sus críticas contra el mandatario, advirtiendo que durante su “gobierno”, existe un vacío de autoridad.

Ante la falta de un verdadero cambio en nuestro país y el vació de autoridad que lamentablemente vivimos los mexicanos, necesitamos un estadista. Y ¿qué es un estadista? Como su nombre lo indica, es un hombre de estado. Un político que tiene la capacidad comprensiva de los aspectos más significativos de las variables política, económica, social, cultural, ambiental y de la manera como deben dirigirse las relaciones internacionales, ante la globalización del mundo.

Es pues un Hombre de Estado, el que se distingue entre todos los responsables políticos de un país, aquellos que dirigen el Estado y controlan en forma significativa al Poder Ejecutivo o al Poder Legislativo, junto al Jefe de Estado (aun cuando ese cargo reúna pocas funciones concernientes más bien a representación y a imagen pública, como por ejemplo las que se encuentran implementadas en las monarquías constitucionales), así como junto al Jefe del gobierno y a sus ministros.

El hartazgo social a la politiquería exige de servidores públicos respetuoso de los derechos humanos y del fuero de los militares, que ejerza legítimamente como Comandante en Jefe de las fuerzas armadas. Que conozca el funcionamiento complementario de las tres ramas del poder público y que, consecuente con las tendencias del último decenio en América Latina y el mundo, gobierne organizando estructuralmente el sistema de pesos y contrapesos e impida la concentración del poder en el ejecutivo. Necesitamos un Jefe de Estado que sea capaz de conducir y definir el proyecto de nación que todos deseamos.

La política debe ser transparente en lo que dice, en lo que hace, en lo que logra, y por ello, nos urge un estadista en México.

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