/ martes 9 de junio de 2020

LÓPEZ–GATELL FALLÓ

La apuesta del Gobierno Federal para que Hugo López Gatell diera la cara ante la pandemia ha resultado un caso fallido más, de la política de salud implementada durante la presente administración. En los últimos días, la figura del subsecretario ha sido duramente cuestionada por el pésimo trabajo que está realizando, amén de los crecientes y lamentables casos sobre el Coronavirus en nuestro país, el hartazgo social va en aumento, por la irresponsable tranquilidad que muestra el presidente AMLO, en un escenario en el que la pandemia está cobrando cientos de miles de vidas en todo el mundo con el paso de los minutos, era un claro peligro para un país que, como México, debía aplicar medidas de contención para evitar su propagación.

López Gatell no solamente falló en su importante encomienda, también decidió mentir para contener la histeria colectiva en el país, antes que dominar el propio virus que amenaza a la sociedad. Sin embargo, el responsable de la salud de nuestro país nunca se dio la oportunidad para diseñar un plan de acción preventivo y operativo, prefirió dar mayor proyección a su imagen y al cargo que ostenta, incluso antes que mirar por la propia sociedad. Y es que, si algo busca el “servidor público de la cuarta transformación” son los reflectores, incluso, por encima de la protección de una sociedad incapaz de adoptar medidas, más allá del confinamiento, para acortar la intensidad del virus.

La situación es complicada, pero frenar la trayectoria de la pandemia es clave. Si hay algo clave para frenar los daños provocados por el COVID-19, tanto sanitarios como económicos, es detener el crecimiento del contagio. Es decir, el tiempo que dure la pandemia, así como los efectos de esta en la sociedad, mantiene una estrecha correlación con todos los daños que, por otro lado y consecuentemente, esta produce en la economía y en la vida de los ciudadanos.

Solo baste recordar que una parte de la crisis del AH1N1 en 2009 puede atribuírsele, quién como director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud, no reaccionó con la velocidad que requería un brote de neumonía atípica durante marzo y principios de abril de ese año. Tampoco fue lo suficientemente capaz para aportar información correcta al entonces subsecretario, Mauricio Hernández, que estaba proporcionando información errónea, por lo que estaba tomando decisiones equívocas. Hoy no hay nadie que lo corrija. ¿Acaso será pues un genocidio?

La apuesta del Gobierno Federal para que Hugo López Gatell diera la cara ante la pandemia ha resultado un caso fallido más, de la política de salud implementada durante la presente administración. En los últimos días, la figura del subsecretario ha sido duramente cuestionada por el pésimo trabajo que está realizando, amén de los crecientes y lamentables casos sobre el Coronavirus en nuestro país, el hartazgo social va en aumento, por la irresponsable tranquilidad que muestra el presidente AMLO, en un escenario en el que la pandemia está cobrando cientos de miles de vidas en todo el mundo con el paso de los minutos, era un claro peligro para un país que, como México, debía aplicar medidas de contención para evitar su propagación.

López Gatell no solamente falló en su importante encomienda, también decidió mentir para contener la histeria colectiva en el país, antes que dominar el propio virus que amenaza a la sociedad. Sin embargo, el responsable de la salud de nuestro país nunca se dio la oportunidad para diseñar un plan de acción preventivo y operativo, prefirió dar mayor proyección a su imagen y al cargo que ostenta, incluso antes que mirar por la propia sociedad. Y es que, si algo busca el “servidor público de la cuarta transformación” son los reflectores, incluso, por encima de la protección de una sociedad incapaz de adoptar medidas, más allá del confinamiento, para acortar la intensidad del virus.

La situación es complicada, pero frenar la trayectoria de la pandemia es clave. Si hay algo clave para frenar los daños provocados por el COVID-19, tanto sanitarios como económicos, es detener el crecimiento del contagio. Es decir, el tiempo que dure la pandemia, así como los efectos de esta en la sociedad, mantiene una estrecha correlación con todos los daños que, por otro lado y consecuentemente, esta produce en la economía y en la vida de los ciudadanos.

Solo baste recordar que una parte de la crisis del AH1N1 en 2009 puede atribuírsele, quién como director general de Epidemiología de la Secretaría de Salud, no reaccionó con la velocidad que requería un brote de neumonía atípica durante marzo y principios de abril de ese año. Tampoco fue lo suficientemente capaz para aportar información correcta al entonces subsecretario, Mauricio Hernández, que estaba proporcionando información errónea, por lo que estaba tomando decisiones equívocas. Hoy no hay nadie que lo corrija. ¿Acaso será pues un genocidio?

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