/ domingo 29 de marzo de 2020

La inminente crisis de la pandemia

Apenas tiene una semana que entramos a la fase dos de la pandemia por coronavirus o Covid-19 y ya está anunciada la siguiente y demoledora fase, la tercera, la de contagios locales y multitudinarios, sin duda enfrentamos un reto enorme que tal parece que millones de mexicanos no están listos para afrontarlo y otros tantos, no tienen ni ganas de hacerlo.

De sobra sabemos cuáles son los grupos vulnerables, los contagios casi llegan al millar y los sospechosos ya rondan las cifras alarmantes, es decir, que si bien vamos por debajo de los otros países en la curva de contagio, eso no significa que estemos haciendo las cosas bien.

Se viene una crisis enorme, una crisis no sólo en el sistema de salud, se viene una crisis en lo económico que millones de mexicanos no vamos a poder enfrentar, se empezarán a perder créditos, autos, casas, y todo lo que la clase media obtiene con mucho sudor y a pagos; el crédito al consumo simplemente se va a volver impagable.

A esto hay que sumarle que, habrá un desempleo masivo que ningún dinero alcanzará al gobierno para las tradicionales medidas populistas, no habrá efectivo para ningún programa social que alcance para aguantar tanto desempleo, se van a contar por miles, si no es que por millones e inevitablemente, la delincuencia común va a despuntar, y no por falta de empleo sino por exceso de hambre.

El escenario al que se enfrenta el país por la pandemia del coronavirus en materia económica no es nada alentador, pues vemos cómo empresas grandes están cerrando sus puertas y dejando a sus empleados a merced de nada, algunas otras cubrirán al menos el salario mínimo, pero esto no será suficiente para enfrentar una contingencia que si no es tratada con pinzas pudiera extenderse hasta agosto o septiembre.

Si las empresas grandes exigen no parar actividades y las que están parando no pueden sostener los gastos, qué podemos pensar de las micro, pequeñas y medianas empresas que viven al día, o esos comerciantes que simplemente si no venden nada no comen nada, esos están desahuciados desde antes de enfermarse, ellos tienen prohibido contagiarse, porque podría ser mortal para sus familias.

Ante esto, vemos que otros países toman medidas financieras para hacer frente a esta situación, en muchos de los casos es mediante una deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional, este esquema, por lo visto, no está en los planes del gobierno federal, eso es un acierto, pero ¿no podría pellizcarle un poco a los megaproyectos para ayudar a los mexicanos? Será más importante Santa Lucía, Dos Bocas o el Tren Maya, que salvar la vida de los mexicanos o por lo menos no dejar que caiga la economía… parece que sí, y eso que estamos en vísperas de un proceso electoral.

Apenas tiene una semana que entramos a la fase dos de la pandemia por coronavirus o Covid-19 y ya está anunciada la siguiente y demoledora fase, la tercera, la de contagios locales y multitudinarios, sin duda enfrentamos un reto enorme que tal parece que millones de mexicanos no están listos para afrontarlo y otros tantos, no tienen ni ganas de hacerlo.

De sobra sabemos cuáles son los grupos vulnerables, los contagios casi llegan al millar y los sospechosos ya rondan las cifras alarmantes, es decir, que si bien vamos por debajo de los otros países en la curva de contagio, eso no significa que estemos haciendo las cosas bien.

Se viene una crisis enorme, una crisis no sólo en el sistema de salud, se viene una crisis en lo económico que millones de mexicanos no vamos a poder enfrentar, se empezarán a perder créditos, autos, casas, y todo lo que la clase media obtiene con mucho sudor y a pagos; el crédito al consumo simplemente se va a volver impagable.

A esto hay que sumarle que, habrá un desempleo masivo que ningún dinero alcanzará al gobierno para las tradicionales medidas populistas, no habrá efectivo para ningún programa social que alcance para aguantar tanto desempleo, se van a contar por miles, si no es que por millones e inevitablemente, la delincuencia común va a despuntar, y no por falta de empleo sino por exceso de hambre.

El escenario al que se enfrenta el país por la pandemia del coronavirus en materia económica no es nada alentador, pues vemos cómo empresas grandes están cerrando sus puertas y dejando a sus empleados a merced de nada, algunas otras cubrirán al menos el salario mínimo, pero esto no será suficiente para enfrentar una contingencia que si no es tratada con pinzas pudiera extenderse hasta agosto o septiembre.

Si las empresas grandes exigen no parar actividades y las que están parando no pueden sostener los gastos, qué podemos pensar de las micro, pequeñas y medianas empresas que viven al día, o esos comerciantes que simplemente si no venden nada no comen nada, esos están desahuciados desde antes de enfermarse, ellos tienen prohibido contagiarse, porque podría ser mortal para sus familias.

Ante esto, vemos que otros países toman medidas financieras para hacer frente a esta situación, en muchos de los casos es mediante una deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional, este esquema, por lo visto, no está en los planes del gobierno federal, eso es un acierto, pero ¿no podría pellizcarle un poco a los megaproyectos para ayudar a los mexicanos? Será más importante Santa Lucía, Dos Bocas o el Tren Maya, que salvar la vida de los mexicanos o por lo menos no dejar que caiga la economía… parece que sí, y eso que estamos en vísperas de un proceso electoral.

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