/ sábado 23 de mayo de 2020

La emergencia que no se quiere ver

A pesar de que algunas autoridades gubernamentales se resistan a ver el creciente fenómeno de violencia contra las mujeres durante la cuarentena por COVID-19, este hecho no solo ha sido documentado por instituciones académicas, organizaciones sociales e instituciones autónomas nacionales, sino también por agencias internacionales como ONU Mujeres en México.

Los datos son contundentes e irrefutables, (aunque siempre se quieran presentar otros datos), porque la realidad del día a día la están viviendo miles de mujeres mexicanas, precisamente en el hogar, que se supone es el lugar más seguro para ellas y sus hijos.

Algo anda mal cuando un gobierno que asegura proteger la seguridad e integridad de las mujeres informa como si fuera un gran logro que los feminicidios disminuyeron de 78 a 70 de marzo a abril, pero al mismo tiempo dice que la mayoría de las llamadas por violencia de género al número de emergencia 911 son “falsa alarma” y culpa al intangible conservadurismo de provocar confrontaciones con grupos feministas.

En reciente conferencia virtual, Belén Sanz Luque, representante de ONU Mujeres en México habló no solamente sobre la vulnerabilidad que viven las mujeres y sus hijos durante la cuarentena sanitaria dentro de los hogares, sino fuera de ellos, como ocurre con el caso de las enfermeras, trabajadoras domésticas, de limpieza y de otras muchas profesiones, que por su actividad no han podido quedarse en casa.

La especialista advirtió que la crisis sanitaria ha tenido un impacto diferenciado en las mujeres y los hombres, y como ejemplo de ello, mencionó que el 70% del personal del sector salud que está en la primera línea de respuesta de la pandemia, son mujeres.

Otro gran impacto de la pandemia que evalúa ONU Mujeres México es la pérdida de empleos y la precarización salarial de las mujeres, quienes además trabajan predominantemente en el sector informal, es decir, en trabajos fuera de la seguridad social que las ponen en mayor vulnerabilidad junto con sus hijos.

Durante la contingencia sanitaria también se ha duplicado y triplicado la carga de trabajo para las mujeres, quienes en “condiciones normales” ocupan 2.6 veces más tiempo que los hombres a las labores domésticas y cuidado de niños, adultos mayores y enfermos.

Belén Sanz informó que durante el confinamiento, las llamadas de auxilio de víctimas de violencia de género se han incrementado a nivel mundial. En España creció entre 18 y 20%; en Francia 30%, en China se triplicaron y México reporta un aumento de 25% de llamadas al 911 y un incremento de 60% en el número de solicitudes de ayuda a refugios de la Red Nacional de Refugios (RNR). Esta es otra emergencia, aunque haya algunos que no la quieren ver.

A pesar de que algunas autoridades gubernamentales se resistan a ver el creciente fenómeno de violencia contra las mujeres durante la cuarentena por COVID-19, este hecho no solo ha sido documentado por instituciones académicas, organizaciones sociales e instituciones autónomas nacionales, sino también por agencias internacionales como ONU Mujeres en México.

Los datos son contundentes e irrefutables, (aunque siempre se quieran presentar otros datos), porque la realidad del día a día la están viviendo miles de mujeres mexicanas, precisamente en el hogar, que se supone es el lugar más seguro para ellas y sus hijos.

Algo anda mal cuando un gobierno que asegura proteger la seguridad e integridad de las mujeres informa como si fuera un gran logro que los feminicidios disminuyeron de 78 a 70 de marzo a abril, pero al mismo tiempo dice que la mayoría de las llamadas por violencia de género al número de emergencia 911 son “falsa alarma” y culpa al intangible conservadurismo de provocar confrontaciones con grupos feministas.

En reciente conferencia virtual, Belén Sanz Luque, representante de ONU Mujeres en México habló no solamente sobre la vulnerabilidad que viven las mujeres y sus hijos durante la cuarentena sanitaria dentro de los hogares, sino fuera de ellos, como ocurre con el caso de las enfermeras, trabajadoras domésticas, de limpieza y de otras muchas profesiones, que por su actividad no han podido quedarse en casa.

La especialista advirtió que la crisis sanitaria ha tenido un impacto diferenciado en las mujeres y los hombres, y como ejemplo de ello, mencionó que el 70% del personal del sector salud que está en la primera línea de respuesta de la pandemia, son mujeres.

Otro gran impacto de la pandemia que evalúa ONU Mujeres México es la pérdida de empleos y la precarización salarial de las mujeres, quienes además trabajan predominantemente en el sector informal, es decir, en trabajos fuera de la seguridad social que las ponen en mayor vulnerabilidad junto con sus hijos.

Durante la contingencia sanitaria también se ha duplicado y triplicado la carga de trabajo para las mujeres, quienes en “condiciones normales” ocupan 2.6 veces más tiempo que los hombres a las labores domésticas y cuidado de niños, adultos mayores y enfermos.

Belén Sanz informó que durante el confinamiento, las llamadas de auxilio de víctimas de violencia de género se han incrementado a nivel mundial. En España creció entre 18 y 20%; en Francia 30%, en China se triplicaron y México reporta un aumento de 25% de llamadas al 911 y un incremento de 60% en el número de solicitudes de ayuda a refugios de la Red Nacional de Refugios (RNR). Esta es otra emergencia, aunque haya algunos que no la quieren ver.

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