/ sábado 10 de octubre de 2020

Enciclica social del Papa

La encíclica difundida por el Vaticano el domingo anterior, 4 de octubre, Hermanos Todos, es el tercer documento de este nivel expedido por el Papa Francisco. Primero fue La Luz de la Fe, del 5 de julio de 2013, y la segunda Alabado Seas, del 24 de mayo de 2015. Dado su interés, entresacamos unos párrafos centrales de la nueva Encíclica.

1. El individualismo no nos hace más libres, más iguales, más hermanos. La mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad. Una sociedad fraternal será aquella que promueva la educación para el diálogo con el fin de derrotar al virus del individualismo radical y permita que todos den lo mejor de sí mismos.

2. El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico derrame o goteo –sin nombrarlo- como único camino para resolver los problemas sociales. La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos.

3. Los nacionalismos cerrados expresan en definitiva esta incapacidad de gratuidad, el error de creer que pueden desarrollarse al margen de la ruina de los demás y que cerrándose al resto estarán más protegidos. El inmigrante es visto como un usurpador que no ofrece nada. Así, se llega a pensar ingenuamente que los pobres son peligrosos o inútiles y que los poderosos son generosos benefactores. Sólo una cultura social y política que incorpore la acogida gratuita podrá tener futuro.

4. El desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos. En ambos casos se advierte la dificultad para pensar un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas. Hay un insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

La encíclica difundida por el Vaticano el domingo anterior, 4 de octubre, Hermanos Todos, es el tercer documento de este nivel expedido por el Papa Francisco. Primero fue La Luz de la Fe, del 5 de julio de 2013, y la segunda Alabado Seas, del 24 de mayo de 2015. Dado su interés, entresacamos unos párrafos centrales de la nueva Encíclica.

1. El individualismo no nos hace más libres, más iguales, más hermanos. La mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad. Una sociedad fraternal será aquella que promueva la educación para el diálogo con el fin de derrotar al virus del individualismo radical y permita que todos den lo mejor de sí mismos.

2. El mercado solo no resuelve todo, aunque otra vez nos quieran hacer creer este dogma de fe neoliberal. Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico derrame o goteo –sin nombrarlo- como único camino para resolver los problemas sociales. La especulación financiera con la ganancia fácil como fin fundamental sigue causando estragos.

3. Los nacionalismos cerrados expresan en definitiva esta incapacidad de gratuidad, el error de creer que pueden desarrollarse al margen de la ruina de los demás y que cerrándose al resto estarán más protegidos. El inmigrante es visto como un usurpador que no ofrece nada. Así, se llega a pensar ingenuamente que los pobres son peligrosos o inútiles y que los poderosos son generosos benefactores. Sólo una cultura social y política que incorpore la acogida gratuita podrá tener futuro.

4. El desprecio de los débiles puede esconderse en formas populistas que los utilizan demagógicamente para sus fines, o en formas liberales al servicio de los intereses económicos de los poderosos. En ambos casos se advierte la dificultad para pensar un mundo abierto que tenga lugar para todos, que incorpore a los más débiles y que respete las diversas culturas. Hay un insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder.

josedavalosmorales@yahoo.com.mx

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