/ viernes 30 de abril de 2021

En pie lucha por justicia a violencias en la ENAT

El pasado 11 de abril aquí en La Prensa se destapó el movimiento que días atrás, es decir, desde el 18 de marzo, habían iniciado estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT) agrupadas en un colectivo denominado Morras ENAT.

“Señalamientos de violencia hacia las mujeres sin avances en la ENAT” fue el título de esta nota que acaparó la atención pública, y a partir de la cual el movimiento tomó relevancia en los medios de comunicación.

Al momento la situación sigue con algunos pendientes, si bien la tenacidad de estas jóvenes estudiantes, que buscan un lugar en la escena de nuestro país, ha provocado una serie de reacciones, entre estas destaca la renuncia de la directora de dicha escuela Gabriela Pérez Negrete, al menos eso fue lo que se comunicó por una vía no oficial en una carta en la que adujo “motivos personales”.

Por otro lado también está la atención del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) hacia las peticiones de las jóvenes organizadas que, hay que reconocerlo, han logrado avances que serán de gran impacto para todos y todas quienes estudian en este importante recinto universitario considerado el semillero nacional del teatro y sobre todo para la sociedad que se beneficia de abrir un espacio más hacia la igualdad y el respeto de los seres humanos.

Porque en realidad se trata de una cuestión de atención a casos señalados y de asegurar que en el futuro la escuela cumpla con los estándares internacionales y nacionales que se contemplan en convenios y en nuestro propio marco jurídico de ser un espacio seguro para todas y todos, con un mecanismo de atención a posibles víctimas, eficaz y protector para estas.

Más aún cuando se trata de un recinto universitario de esta naturaleza. No hay que olvidar que el movimiento Me Too revivió en 2017 en el ámbito del espectáculo y de la cultura a raíz de las denuncias contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein.

El movimiento que presenciamos en la ENAT debe servir también como una lección para la sociedad, que suele normalizar este tipo de abusos en una profesión donde el cuerpo y la estética son herramientas que hombres y mujeres utilizan para hacernos llegar obras de arte teatrales y cinematográficas.

El cine y el teatro, es innegable, son medios de expresión que nos permiten, como la literatura, conocer problemáticas, visualizan situaciones y panoramas que nos permiten salir de la caja y ver más allá de nuestro, a veces, limitado entorno diario.

Prestar atención a un llamado de esta naturaleza, en el que se habla de al menos una centena de casos de acoso y abuso sexual que se atribuyen o por los cuales se señala a maestros, alumnos y personal administrativo, es una obligación del Estado, de los medios y de la sociedad.

Cómo hacer oídos sordos a las voces de mujeres que han pasado por esta escuela y de quienes viven y vivirán una vida diaria en este recinto, mientras se preparan para ser profesionales de la escena.

Más allá de las consecuencias como la renuncia de la directora y la atención del INBAL a los puntos del pliego petitorio que las estudiantes organizadas entregaron el pasado 17 de abril, será fundamental que la propia ENAT preste total atención a los casos señalados, a la actualización de protocolos y mecanismos de apoyo a las víctimas para el esclarecimiento de los posibles abusos y que las y los jóvenes puedan reiniciar actividades en un ambiente seguro y digno, lo más pronto posible.

El pasado 11 de abril aquí en La Prensa se destapó el movimiento que días atrás, es decir, desde el 18 de marzo, habían iniciado estudiantes de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT) agrupadas en un colectivo denominado Morras ENAT.

“Señalamientos de violencia hacia las mujeres sin avances en la ENAT” fue el título de esta nota que acaparó la atención pública, y a partir de la cual el movimiento tomó relevancia en los medios de comunicación.

Al momento la situación sigue con algunos pendientes, si bien la tenacidad de estas jóvenes estudiantes, que buscan un lugar en la escena de nuestro país, ha provocado una serie de reacciones, entre estas destaca la renuncia de la directora de dicha escuela Gabriela Pérez Negrete, al menos eso fue lo que se comunicó por una vía no oficial en una carta en la que adujo “motivos personales”.

Por otro lado también está la atención del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) hacia las peticiones de las jóvenes organizadas que, hay que reconocerlo, han logrado avances que serán de gran impacto para todos y todas quienes estudian en este importante recinto universitario considerado el semillero nacional del teatro y sobre todo para la sociedad que se beneficia de abrir un espacio más hacia la igualdad y el respeto de los seres humanos.

Porque en realidad se trata de una cuestión de atención a casos señalados y de asegurar que en el futuro la escuela cumpla con los estándares internacionales y nacionales que se contemplan en convenios y en nuestro propio marco jurídico de ser un espacio seguro para todas y todos, con un mecanismo de atención a posibles víctimas, eficaz y protector para estas.

Más aún cuando se trata de un recinto universitario de esta naturaleza. No hay que olvidar que el movimiento Me Too revivió en 2017 en el ámbito del espectáculo y de la cultura a raíz de las denuncias contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein.

El movimiento que presenciamos en la ENAT debe servir también como una lección para la sociedad, que suele normalizar este tipo de abusos en una profesión donde el cuerpo y la estética son herramientas que hombres y mujeres utilizan para hacernos llegar obras de arte teatrales y cinematográficas.

El cine y el teatro, es innegable, son medios de expresión que nos permiten, como la literatura, conocer problemáticas, visualizan situaciones y panoramas que nos permiten salir de la caja y ver más allá de nuestro, a veces, limitado entorno diario.

Prestar atención a un llamado de esta naturaleza, en el que se habla de al menos una centena de casos de acoso y abuso sexual que se atribuyen o por los cuales se señala a maestros, alumnos y personal administrativo, es una obligación del Estado, de los medios y de la sociedad.

Cómo hacer oídos sordos a las voces de mujeres que han pasado por esta escuela y de quienes viven y vivirán una vida diaria en este recinto, mientras se preparan para ser profesionales de la escena.

Más allá de las consecuencias como la renuncia de la directora y la atención del INBAL a los puntos del pliego petitorio que las estudiantes organizadas entregaron el pasado 17 de abril, será fundamental que la propia ENAT preste total atención a los casos señalados, a la actualización de protocolos y mecanismos de apoyo a las víctimas para el esclarecimiento de los posibles abusos y que las y los jóvenes puedan reiniciar actividades en un ambiente seguro y digno, lo más pronto posible.