/ viernes 24 de enero de 2020

En carne propia

Sulla mia pelle (“En mi propia piel”) es una película italiana basada en el caso real de Stefano Cucchi, un joven adicto que fue detenido en 2009 en Roma y murió días después en una cárcel, adonde fue llevado luego de su detención.

“Estaba delgado como un papel de fumar, tenía dos vertebras rotas, todo el cuerpo amoratado y llevaba días suplicando que le trajesen sus pastillas para la epilepsia. Durante los siete días de arresto dio tumbos por centros de internamiento y calabozos y su familia no pudo visitarle”, se lee en una crónica publicada en 2018 por el diario El País.

La nota se publicó el día en que fue a dado a conocer el primer testimonio directo que confirmaba lo que la familia había denunciado: el joven murió a causa de la tortura de que fue víctima a manos de los carabineri (policía italiana), pero que también fue ocultada por las autoridades ministeriales y carcelarias médicos que lo atendieron, entre otros. Además, el caso se cerró por falta de pruebas y fue sólo por la lucha legal y la insistencia de su hermana que pudo reabrirse y conocerse lo que ahora se sabe. La proyección de esta película también fue un factor que puso el caso en el centro del debate.

Es decir, un caso en el que todo un aparato de justicia se aplicó armoniosamente para consumar no sólo una detención arbitraria, sino la tortura y muerte de un joven al que, probablemente, sólo debieron imputar posesión de mariguana.

A la tortura y muerte de Stefano y la tortuosa semana que vivió mientras estuvo detenido, lugar al que sus padres y hermana nunca pudieron acceder, se suma el agravio que representa la búsqueda de justicia durante una década. Giulia, su hermana, asegura que «los seis días en los que Stefano murió literalmente de dolor, solo, como un perro» nunca podrán ser restituidos, según declaraciones que hizo a La Razón Internacional.

La película, por su parte, muestra crudamente el verdadero calvario vivido por el joven, un adicto que intentaba por entonces salir de la adicción de las drogas duras.

Pese a su condición y a que su propia familia reconoce que no era un chico ejemplar, Stefano Cucchi representa el modelo de persona vulnerable ante los abusos policiales, la persona de a pie que no es vista como un ser humano y por la que, probablemente se piense, nadie llorará mucho. Sus padres, ignorantes de los procesos legales y de sus propios derechos, estuvieron solos primero en la búsqueda y luego en sus intentos por visitar a su hijo, incluso les fue dada a firmar el acta de defunción sin que pudieran siquiera tener acceso al cuerpo, al que inmediatamente le fue practicada una autopsia. Años más tarde, en un primer juicio en el que no hubo responsables, pudieron conocerse fotografías que revelaron en estado en que se encontraba Gucchi a raíz de la tortura policial que habría provocado su muerte.

Es este un caso más, otro recordatorio de por qué el respeto a los derechos humanos es fundamental en cualquier proceso y detención y por qué es totalmente justificado que las actuaciones de los aprehensores sean controladas y apegadas a derecho.

Sulla mia pelle (“En mi propia piel”) es una película italiana basada en el caso real de Stefano Cucchi, un joven adicto que fue detenido en 2009 en Roma y murió días después en una cárcel, adonde fue llevado luego de su detención.

“Estaba delgado como un papel de fumar, tenía dos vertebras rotas, todo el cuerpo amoratado y llevaba días suplicando que le trajesen sus pastillas para la epilepsia. Durante los siete días de arresto dio tumbos por centros de internamiento y calabozos y su familia no pudo visitarle”, se lee en una crónica publicada en 2018 por el diario El País.

La nota se publicó el día en que fue a dado a conocer el primer testimonio directo que confirmaba lo que la familia había denunciado: el joven murió a causa de la tortura de que fue víctima a manos de los carabineri (policía italiana), pero que también fue ocultada por las autoridades ministeriales y carcelarias médicos que lo atendieron, entre otros. Además, el caso se cerró por falta de pruebas y fue sólo por la lucha legal y la insistencia de su hermana que pudo reabrirse y conocerse lo que ahora se sabe. La proyección de esta película también fue un factor que puso el caso en el centro del debate.

Es decir, un caso en el que todo un aparato de justicia se aplicó armoniosamente para consumar no sólo una detención arbitraria, sino la tortura y muerte de un joven al que, probablemente, sólo debieron imputar posesión de mariguana.

A la tortura y muerte de Stefano y la tortuosa semana que vivió mientras estuvo detenido, lugar al que sus padres y hermana nunca pudieron acceder, se suma el agravio que representa la búsqueda de justicia durante una década. Giulia, su hermana, asegura que «los seis días en los que Stefano murió literalmente de dolor, solo, como un perro» nunca podrán ser restituidos, según declaraciones que hizo a La Razón Internacional.

La película, por su parte, muestra crudamente el verdadero calvario vivido por el joven, un adicto que intentaba por entonces salir de la adicción de las drogas duras.

Pese a su condición y a que su propia familia reconoce que no era un chico ejemplar, Stefano Cucchi representa el modelo de persona vulnerable ante los abusos policiales, la persona de a pie que no es vista como un ser humano y por la que, probablemente se piense, nadie llorará mucho. Sus padres, ignorantes de los procesos legales y de sus propios derechos, estuvieron solos primero en la búsqueda y luego en sus intentos por visitar a su hijo, incluso les fue dada a firmar el acta de defunción sin que pudieran siquiera tener acceso al cuerpo, al que inmediatamente le fue practicada una autopsia. Años más tarde, en un primer juicio en el que no hubo responsables, pudieron conocerse fotografías que revelaron en estado en que se encontraba Gucchi a raíz de la tortura policial que habría provocado su muerte.

Es este un caso más, otro recordatorio de por qué el respeto a los derechos humanos es fundamental en cualquier proceso y detención y por qué es totalmente justificado que las actuaciones de los aprehensores sean controladas y apegadas a derecho.

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