Antonio De Marcelo Esquivel

  / lunes 23 de diciembre de 2019

El país de las desaparecidas

México.- Aún sigue abierto el caso de Diana Cortés Carrizales, al menos para su familia que nunca la encontró, eso ocurrió hace poco menos de 30 años, únicamente la mandaron a las tortillas a una calle, no tenía que atravesar avenidas ni dar la vuelta a la esquina, solo ir y volver, pero bastó un parpadeo para que desapareciera, como si se la hubiera tragado la tierra. Seguí su caso unos diez años pero no hubo resultados.

Entonces no era tan común que la gente se perdiera, acaso aquellos recién llegados a la ciudad que perdían el rumbo, o algún chiquillo que echaba a caminar y luego la familia empezaba a buscarlo, claro era una ciudad pequeña y entonces se alquilaba un auto con altavoz en el techo y se hacía un recorrido por las calles. Muchas veces este sistema servía y resulta que alguien había encontrado al menor o a la niña perdidos y los tenía en su casa, hasta hallar a los padres.

Lo mismo sucedía con los abuelitos, que igual podían perderse, pero invariablemente aparecían, salvo sus excepciones.

A las señoritas les daban consejo sus madres: no hables con desconocidos, si necesitas algo busca a una persona mayor y pide su ayuda, no te vayas con gente que te haga la plática y a los niños no aceptar dulces, ni hablar con extraños, al fin daba resultado.

Pero pasaron los años y poco a poco se hace costumbre que se pierdan las personas, no hay día que no lleguen reportes de señoritas, jóvenes, niños y adultos que están en calidad de desaparecidos.

Entonces la gente, igual de solidaria, da compartir en las redes sociales y lee aquellas notas de personas que son esperadas por sus familiares.

La ciudad es diferente, no hay nada igual, ahora nos movemos unos 30 millones de personas en la Ciudad de México, eso sin contar el Valle del Estado de México, quizá haga falta un sistema más eficaz para que la gente no se pierda.

Tal vez es hora de volver al principio, porque ya se olvidó aquello de no hablar con desconocidos y no son pocos los casos de jovencitas que se fugan con hombres sacados de las redes sociales, personas que se relacionan con gente tóxica y en muchos casos la familia es la última que se entera, incluso hasta que el final de la historia es fatal.

A eso hay que sumarlo aquellos que le apuestan al amor y les vale el sufrimiento de la familia, simplemente se marchan hasta que son hallados en plena luna de miel.

Y lo peor, aquellos casos donde puede tratarse de trata de personas, aunque hasta ahora la autoridad se haya cuidado mucho de hablar del tema.

En fin, somos muchos ojos y entre todos podemos cuidarnos para que ninguna persona desaparezca de nuevo.


Sígueme en twitter @Antoniodemarcel

En el correo Antonio.marcelo@oem.com.mx

México.- Aún sigue abierto el caso de Diana Cortés Carrizales, al menos para su familia que nunca la encontró, eso ocurrió hace poco menos de 30 años, únicamente la mandaron a las tortillas a una calle, no tenía que atravesar avenidas ni dar la vuelta a la esquina, solo ir y volver, pero bastó un parpadeo para que desapareciera, como si se la hubiera tragado la tierra. Seguí su caso unos diez años pero no hubo resultados.

Entonces no era tan común que la gente se perdiera, acaso aquellos recién llegados a la ciudad que perdían el rumbo, o algún chiquillo que echaba a caminar y luego la familia empezaba a buscarlo, claro era una ciudad pequeña y entonces se alquilaba un auto con altavoz en el techo y se hacía un recorrido por las calles. Muchas veces este sistema servía y resulta que alguien había encontrado al menor o a la niña perdidos y los tenía en su casa, hasta hallar a los padres.

Lo mismo sucedía con los abuelitos, que igual podían perderse, pero invariablemente aparecían, salvo sus excepciones.

A las señoritas les daban consejo sus madres: no hables con desconocidos, si necesitas algo busca a una persona mayor y pide su ayuda, no te vayas con gente que te haga la plática y a los niños no aceptar dulces, ni hablar con extraños, al fin daba resultado.

Pero pasaron los años y poco a poco se hace costumbre que se pierdan las personas, no hay día que no lleguen reportes de señoritas, jóvenes, niños y adultos que están en calidad de desaparecidos.

Entonces la gente, igual de solidaria, da compartir en las redes sociales y lee aquellas notas de personas que son esperadas por sus familiares.

La ciudad es diferente, no hay nada igual, ahora nos movemos unos 30 millones de personas en la Ciudad de México, eso sin contar el Valle del Estado de México, quizá haga falta un sistema más eficaz para que la gente no se pierda.

Tal vez es hora de volver al principio, porque ya se olvidó aquello de no hablar con desconocidos y no son pocos los casos de jovencitas que se fugan con hombres sacados de las redes sociales, personas que se relacionan con gente tóxica y en muchos casos la familia es la última que se entera, incluso hasta que el final de la historia es fatal.

A eso hay que sumarlo aquellos que le apuestan al amor y les vale el sufrimiento de la familia, simplemente se marchan hasta que son hallados en plena luna de miel.

Y lo peor, aquellos casos donde puede tratarse de trata de personas, aunque hasta ahora la autoridad se haya cuidado mucho de hablar del tema.

En fin, somos muchos ojos y entre todos podemos cuidarnos para que ninguna persona desaparezca de nuevo.


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