/ sábado 20 de junio de 2020

El desmantelamiento del Sector Salud

Muy sorpresiva fue la renuncia que presentó la doctora Asa Cristina Laurell, ante la desaparición de la subsecretaria de Integración y Desarrollo del Sistema de Salud (SIDSS) que ella encabeza y, cuya encomienda era llevar a buen puerto la integración de un sistema de salud único y cristalizar aquella promesa de tener servicios de salud iguales a los de países nórdicos.

La doctora Laurell, quien fuera Secretaria de Salud durante la administración de Andrés Manuel López Obrador al frente del gobierno de la ciudad de México, cuenta con una destacada trayectoria en el campo de la investigación científica, la academia y la administración pública, al ser la primera en abordar temas controvertidos, que hasta hace algunos años se venían menos que imposibles, como la equidad de género, la salud materno-infantil y VIH, entre otros.

Fiel a su estilo científico implacable, la doctora Laurell acompañó su renuncia con una fuerte crítica: “la pretensión de secretario de Salud, doctor Jorge Alcocer, apoyado por el titular del INSABI, el antropólogo Juan Ferrer, aún más inexperto sobre el sistema de salud mexicano, de desmontar la SIDSS es una amenaza para el futuro. La SPP con su estructura vertical de programas, tampoco ha mostrado tener una visión de futuro”.

La subsecretaría que encabezaba la doctora Asa Cristina Laurell se integraría a la subsecretaria de Prevención y Promoción de la Salud, que dirige el súper funcionario Hugo López-Gatell, que apenas puede con la pandemia por COVID-19.

Pero el desmantelamiento de las distintas áreas e instituciones de la administración pública, que dan solidez al Estado mexicano continúa, y solo bastó un tuitazo, para que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) esté a punto de desaparecer y su ardua labor de muchos años quede borrada del mapa.

Lo anterior resultaría un contrasentido en un país altamente discriminador, donde se discrimina por edad, género, religión, posición social y económica, origen étnico y características físicas, como color de piel, estatura o peso, lo que podría hacer pensar que la discriminación no solo es uno de los aspectos culturales más arraigados entre los mexicanos, sino también el más democrático, en el que nadie o casi nadie sale bien librado.

Culturalmente, los mexicanos han aprendido a reírse y burlarse de sí mismos, pero la discriminación deja de ser una broma cuando resta oportunidades, limita el acceso a derechos o incluso llega a cobrar vidas, como se observa en Estados Unidos y otros países del mundo, donde los mensajes de odio y división social son lanzados desde las más altas esferas del poder. Ojalá en México no llegue a ser el caso.

Muy sorpresiva fue la renuncia que presentó la doctora Asa Cristina Laurell, ante la desaparición de la subsecretaria de Integración y Desarrollo del Sistema de Salud (SIDSS) que ella encabeza y, cuya encomienda era llevar a buen puerto la integración de un sistema de salud único y cristalizar aquella promesa de tener servicios de salud iguales a los de países nórdicos.

La doctora Laurell, quien fuera Secretaria de Salud durante la administración de Andrés Manuel López Obrador al frente del gobierno de la ciudad de México, cuenta con una destacada trayectoria en el campo de la investigación científica, la academia y la administración pública, al ser la primera en abordar temas controvertidos, que hasta hace algunos años se venían menos que imposibles, como la equidad de género, la salud materno-infantil y VIH, entre otros.

Fiel a su estilo científico implacable, la doctora Laurell acompañó su renuncia con una fuerte crítica: “la pretensión de secretario de Salud, doctor Jorge Alcocer, apoyado por el titular del INSABI, el antropólogo Juan Ferrer, aún más inexperto sobre el sistema de salud mexicano, de desmontar la SIDSS es una amenaza para el futuro. La SPP con su estructura vertical de programas, tampoco ha mostrado tener una visión de futuro”.

La subsecretaría que encabezaba la doctora Asa Cristina Laurell se integraría a la subsecretaria de Prevención y Promoción de la Salud, que dirige el súper funcionario Hugo López-Gatell, que apenas puede con la pandemia por COVID-19.

Pero el desmantelamiento de las distintas áreas e instituciones de la administración pública, que dan solidez al Estado mexicano continúa, y solo bastó un tuitazo, para que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) esté a punto de desaparecer y su ardua labor de muchos años quede borrada del mapa.

Lo anterior resultaría un contrasentido en un país altamente discriminador, donde se discrimina por edad, género, religión, posición social y económica, origen étnico y características físicas, como color de piel, estatura o peso, lo que podría hacer pensar que la discriminación no solo es uno de los aspectos culturales más arraigados entre los mexicanos, sino también el más democrático, en el que nadie o casi nadie sale bien librado.

Culturalmente, los mexicanos han aprendido a reírse y burlarse de sí mismos, pero la discriminación deja de ser una broma cuando resta oportunidades, limita el acceso a derechos o incluso llega a cobrar vidas, como se observa en Estados Unidos y otros países del mundo, donde los mensajes de odio y división social son lanzados desde las más altas esferas del poder. Ojalá en México no llegue a ser el caso.

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