/ sábado 30 de abril de 2022

Dos estampas de ultraderecha gringa

Por Alejandro Jiménez


MIAMI.- Con solo apenas poner pie en esta ciudad es posible constatar el daño hecho por la narrativa populista de derecha y enfermizamente republicana de Donald Trump y sus aliados mediáticos: los think tanks del Partido Republicano, los televangelistas y la cadena Fox News y similares.

Dos diálogos sostenidos de manera aleatoria con un par de latinos radicados en esta ciudad, un chofer de camión y un ejecutivo comercial, nos revelan la profundidad y orientación de sus creencias.

--“¿Es usted mexicano? Qué opina de su presidente…”

Le respondí con reservas, explicándole que acá vivimos en un momento muy polarizado, donde las posiciones políticas están encontradas, a favor y en contra de López Obrador, y que yo era de los que creía que nos ha quedado a deber...

--“Los está llevando al comunismo…”, me dijo el ejecutivo de una trasnacional de exportaciones.

“No creo”, rebatí, “es de una izquierda peculiar, pero no anticapitalista…”

--“¿Y sabe quién tiene la culpa de eso?”, me dijo sin apenas escucharme.

“--Este viejito del Biden, débil, decrépito. Es el que ha permitido que el comunismo se instale en Venezuela, en México y próximamente en Colombia, si llega Petro de presidente. Trump no lo hubiera permitido. Tampoco hubiera dejado que Putin hiciera lo que quisiera en Ucrania. Biden es lo peor que le ha pasado a la raza humana. ¿Sabe quién sí es presidente? El Bukele de El Salvador, ése sí tiene arrestos para fajarse a los criminales. No se anda por las ramas y manda a matar a la escoria sin miramientos. Ése sí que vale la pena… Y es que yo sí estoy enterado, mi amigo, yo veo Telemundo y Fox News.”

“Se nota”, apenas alcancé a contestar.

“¿El Covid?, una patraña”

Amigable, el chofer del camioncito que diariamente nos trasladaba, un día se sinceró:

"--Eso del Covid fue una patraña para tenernos controlados. Le puedo asegurar que aquí en Estados Unidos nadie murió de Covid, mi señor... ¡nadie!

Venezolano de origen, me dice que en Miami lo obligaron a vacunarse para poder trabajar. "--Y pues soy pobre y no me pude negar, pero le aseguro que nadie vio a nadie morir. Nadie de mi familia se enfermó, ningún amigo, ningún compañero de trabajo. Todo eso fue inventado por las noticias, por el gobierno. Nos obligaron a usar un estúpido tapabocas que por fortuna ya nos quitaron... Nos querían ver humillados y callados y lo lograron... por un tiempo..."

Le refuté al operador de transporte, con cifras. Que el cubrebocas no era para humillarnos (aunque mi Presidente sí lo considerara así y su nefasto peón López Gatell). Le conté de la experiencia mexicana, de los hospitales saturados, los amigos y conocidos muertos. Las revistas internacionales que referían los peores tiempos de la pandemia en otros países... nada lo convenció... la puntilla final para mí fue cuando me preguntó en qué trabajaba...

"Soy periodista".

-"Ah, pues no. ¿Ya ve? A usted le pagan para decir eso... Usted lee eso y lo cree por que trabaja en eso..."

Le juré que no, pero ya no insistí. No había forma de convencerlo de lo contrario...

Llegamos a nuestro destino. Me despidió amable..."Disfrute su estancia".

Por Alejandro Jiménez


MIAMI.- Con solo apenas poner pie en esta ciudad es posible constatar el daño hecho por la narrativa populista de derecha y enfermizamente republicana de Donald Trump y sus aliados mediáticos: los think tanks del Partido Republicano, los televangelistas y la cadena Fox News y similares.

Dos diálogos sostenidos de manera aleatoria con un par de latinos radicados en esta ciudad, un chofer de camión y un ejecutivo comercial, nos revelan la profundidad y orientación de sus creencias.

--“¿Es usted mexicano? Qué opina de su presidente…”

Le respondí con reservas, explicándole que acá vivimos en un momento muy polarizado, donde las posiciones políticas están encontradas, a favor y en contra de López Obrador, y que yo era de los que creía que nos ha quedado a deber...

--“Los está llevando al comunismo…”, me dijo el ejecutivo de una trasnacional de exportaciones.

“No creo”, rebatí, “es de una izquierda peculiar, pero no anticapitalista…”

--“¿Y sabe quién tiene la culpa de eso?”, me dijo sin apenas escucharme.

“--Este viejito del Biden, débil, decrépito. Es el que ha permitido que el comunismo se instale en Venezuela, en México y próximamente en Colombia, si llega Petro de presidente. Trump no lo hubiera permitido. Tampoco hubiera dejado que Putin hiciera lo que quisiera en Ucrania. Biden es lo peor que le ha pasado a la raza humana. ¿Sabe quién sí es presidente? El Bukele de El Salvador, ése sí tiene arrestos para fajarse a los criminales. No se anda por las ramas y manda a matar a la escoria sin miramientos. Ése sí que vale la pena… Y es que yo sí estoy enterado, mi amigo, yo veo Telemundo y Fox News.”

“Se nota”, apenas alcancé a contestar.

“¿El Covid?, una patraña”

Amigable, el chofer del camioncito que diariamente nos trasladaba, un día se sinceró:

"--Eso del Covid fue una patraña para tenernos controlados. Le puedo asegurar que aquí en Estados Unidos nadie murió de Covid, mi señor... ¡nadie!

Venezolano de origen, me dice que en Miami lo obligaron a vacunarse para poder trabajar. "--Y pues soy pobre y no me pude negar, pero le aseguro que nadie vio a nadie morir. Nadie de mi familia se enfermó, ningún amigo, ningún compañero de trabajo. Todo eso fue inventado por las noticias, por el gobierno. Nos obligaron a usar un estúpido tapabocas que por fortuna ya nos quitaron... Nos querían ver humillados y callados y lo lograron... por un tiempo..."

Le refuté al operador de transporte, con cifras. Que el cubrebocas no era para humillarnos (aunque mi Presidente sí lo considerara así y su nefasto peón López Gatell). Le conté de la experiencia mexicana, de los hospitales saturados, los amigos y conocidos muertos. Las revistas internacionales que referían los peores tiempos de la pandemia en otros países... nada lo convenció... la puntilla final para mí fue cuando me preguntó en qué trabajaba...

"Soy periodista".

-"Ah, pues no. ¿Ya ve? A usted le pagan para decir eso... Usted lee eso y lo cree por que trabaja en eso..."

Le juré que no, pero ya no insistí. No había forma de convencerlo de lo contrario...

Llegamos a nuestro destino. Me despidió amable..."Disfrute su estancia".