/ martes 31 de agosto de 2021

Cauteloso regreso

A pesar que los voceros oficiales no tardaron en calificar “como un éxito” el inicio del ciclo escolar 2021-2022 en la modalidad presencial, la mayoría de los padres de familia decidieron mantener una actitud cautelosa.

El arranque de las actividades educativas fue un tanto desangelado en una mañana lluviosa y fría que quedará –sin lugar a dudas- en la memoria de los niños, niñas y adolescentes, a quienes les ha tocado vivir situaciones que ninguna otra generación hubiera ni siquiera podido imaginar.

Pese al desastre provocado por los sismos de 1985, las escuelas de la Ciudad de México siguieron funcionando. Los niños que no pudieron regresar a sus planteles fueron reubicados, incluso, aquellas escuelas en proceso de reconstrucción o reforzamiento siguieron funcionando con aulas temporales habilitadas en el patio (como ocurrió en mi querida Secundaria 135).

A 17 meses de haber decretado el cierre de las escuelas y mandar a los niños a aburrirse con el ridículo programa Aprende en Casa, la reanudación de actividades escolares este 30 de agosto evidenció la falta de planeación y liderazgo de las autoridades educativas para preparar un regreso presencial seguro.

Las situaciones que se registraron este lunes fueron diversas. Desde escuelas cerradas y padres de familia denunciando que los planteles no estaban en condiciones para recibir a los alumnos por falta luz y agua; hasta escuelas con escasa asistencia, pero que pudieron reanudar sus actividades, gracias al esfuerzo de maestros y padres de familia que hicieron labores de pintura, rehabilitación, mantenimiento y limpieza con los recursos a su alcance.

La autoridad educativa en este año y medio quedó paralizada, desdibujada y sin liderazgo para encabezar una estrategia educativa integral que atendiera la emergencia educativa provocada por la pandemia, que rompió el vínculo escolar de más de 5.2 millones de alumnos, según datos del INEGI.

Con la reanudación de clases presenciales viene una nueva etapa de retos para las autoridades de Educación que, ahora, deberán trabajar a marchas forzadas para regularizar y atender el rezago; mientras que la autoridad de Salud deberá demostrar que efectivamente está preparada para detectar oportunamente y atender los casos positivos de Covid-19 que se presenten en las escuelas; establecer los protocolos y cercos sanitarios, y contener la cadena de contagio. Por lo pronto, muchos padres de familia mantienen una postura cautelosa y prefieren no asumir riesgos.

A pesar que los voceros oficiales no tardaron en calificar “como un éxito” el inicio del ciclo escolar 2021-2022 en la modalidad presencial, la mayoría de los padres de familia decidieron mantener una actitud cautelosa.

El arranque de las actividades educativas fue un tanto desangelado en una mañana lluviosa y fría que quedará –sin lugar a dudas- en la memoria de los niños, niñas y adolescentes, a quienes les ha tocado vivir situaciones que ninguna otra generación hubiera ni siquiera podido imaginar.

Pese al desastre provocado por los sismos de 1985, las escuelas de la Ciudad de México siguieron funcionando. Los niños que no pudieron regresar a sus planteles fueron reubicados, incluso, aquellas escuelas en proceso de reconstrucción o reforzamiento siguieron funcionando con aulas temporales habilitadas en el patio (como ocurrió en mi querida Secundaria 135).

A 17 meses de haber decretado el cierre de las escuelas y mandar a los niños a aburrirse con el ridículo programa Aprende en Casa, la reanudación de actividades escolares este 30 de agosto evidenció la falta de planeación y liderazgo de las autoridades educativas para preparar un regreso presencial seguro.

Las situaciones que se registraron este lunes fueron diversas. Desde escuelas cerradas y padres de familia denunciando que los planteles no estaban en condiciones para recibir a los alumnos por falta luz y agua; hasta escuelas con escasa asistencia, pero que pudieron reanudar sus actividades, gracias al esfuerzo de maestros y padres de familia que hicieron labores de pintura, rehabilitación, mantenimiento y limpieza con los recursos a su alcance.

La autoridad educativa en este año y medio quedó paralizada, desdibujada y sin liderazgo para encabezar una estrategia educativa integral que atendiera la emergencia educativa provocada por la pandemia, que rompió el vínculo escolar de más de 5.2 millones de alumnos, según datos del INEGI.

Con la reanudación de clases presenciales viene una nueva etapa de retos para las autoridades de Educación que, ahora, deberán trabajar a marchas forzadas para regularizar y atender el rezago; mientras que la autoridad de Salud deberá demostrar que efectivamente está preparada para detectar oportunamente y atender los casos positivos de Covid-19 que se presenten en las escuelas; establecer los protocolos y cercos sanitarios, y contener la cadena de contagio. Por lo pronto, muchos padres de familia mantienen una postura cautelosa y prefieren no asumir riesgos.

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