/ sábado 16 de octubre de 2021

Atrasados en innovación

En la división mundial del trabajo México se ubica entre los países en vías de desarrollo con poco o casi nulo avance tecnológico, que no agrega nada de valor agregado a productos que sólo maquila, con un severo atraso educativo en materias matemáticas e ingenieriles, casi sin generación de patentes e inventos y con una economía que sobrevive mayoritariamente del sector servicios.

El Índice de Competitividad Internacional 2021 elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) coloca a México en el lugar 37 de 43, y en posición descendente, pues en el año 2005 ocupaba el lugar 30.

Pero vale la pena detenerse en el tema de innovación, que es al que ninguno de los gobiernos recientes, incluido el actual, le han puesto atención. Los anteriores gobiernos apostaron a subir a México al carro maquilador, al cabús del desarrollo mundial, y el de Andrés Manuel López Obrador a subsidiar pobres, pero no a generar nueva riqueza, vía el desarrollo tecnológico que nos coloque como creadores de tecnología de punta.

De acuerdo con el IMCO “México disminuyó su desempeño en el coeficiente de invención, en exportaciones de alta tecnología y en el PIB de servicios respecto al promedio de los demás países. Es decir, no hemos sido capaces de competir con éxito en la economía global, en sectores de alto valor agregado intensivos en conocimiento y tecnología de punta”.

En los años 80, no hace mucho, los países asiáticos, por ejemplo, sí supieron subirse a ese tren, educando a su infancia en materias de alto razonamiento matemático, tecnológico y de robótica, para pelear a EU y China una gran tajada del comercio mundial, sin apartarse del capitalismo, pero subiendo el poder adquisitivo de sus pueblos.

No optaron por ser competitivos en mano de obra barata, tampoco se enorgullecieron de vivir de remesas que generan ganancias en otras naciones, sino en desarrollar su propia industria, crear su propia planta de empleos bien pagados que exige trabajadores con habilidades muy sofisticadas e hicieron que el mundo les compre productos que solo ellos producen.

De acuerdo con los datos del IMCO, del año pasado al actual, México empeoró en su gasto en investigación y desarrollo (sólo 0.31% del PIB). Empeoró en coeficiente de innovación, bajaron sus exportaciones de alta tecnología y le fue mal en el índice de complejidad económica.

Mientras México no apueste por cambiar su modelo de producción, atrasado, dependiente de naciones innovadoras, cuya ventaja no resida en pagar bajos salarios, no podremos estar en condiciones revertir la pobreza.

No será repartiendo subsidios como vamos a hacer que millones de mexicanos salgan de su situación de pobreza, sino creando una industria con alto valor agregado, invirtiendo en ciencia y tecnología de manera agresiva, elevando de manera dramática y como prioridad nacional el nivel educativo de nuestra niñez, permitiendo a las universidades explotar mejor sus potencialidades y no verlas como meras escuelas marginales de futuros desempleados.

Hay que acelerar la educación superior como nunca, promover de manera selectiva y hasta quirúrgica posgrados que generen investigación y conocimientos nuevos. Invertir en laboratorios, en plantas industriales de nueva generación. De otra manera, el subdesarrollo nos acompañará muchas décadas más. Hay que entender los números que el IMCO nos entrega año con año.

En la división mundial del trabajo México se ubica entre los países en vías de desarrollo con poco o casi nulo avance tecnológico, que no agrega nada de valor agregado a productos que sólo maquila, con un severo atraso educativo en materias matemáticas e ingenieriles, casi sin generación de patentes e inventos y con una economía que sobrevive mayoritariamente del sector servicios.

El Índice de Competitividad Internacional 2021 elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) coloca a México en el lugar 37 de 43, y en posición descendente, pues en el año 2005 ocupaba el lugar 30.

Pero vale la pena detenerse en el tema de innovación, que es al que ninguno de los gobiernos recientes, incluido el actual, le han puesto atención. Los anteriores gobiernos apostaron a subir a México al carro maquilador, al cabús del desarrollo mundial, y el de Andrés Manuel López Obrador a subsidiar pobres, pero no a generar nueva riqueza, vía el desarrollo tecnológico que nos coloque como creadores de tecnología de punta.

De acuerdo con el IMCO “México disminuyó su desempeño en el coeficiente de invención, en exportaciones de alta tecnología y en el PIB de servicios respecto al promedio de los demás países. Es decir, no hemos sido capaces de competir con éxito en la economía global, en sectores de alto valor agregado intensivos en conocimiento y tecnología de punta”.

En los años 80, no hace mucho, los países asiáticos, por ejemplo, sí supieron subirse a ese tren, educando a su infancia en materias de alto razonamiento matemático, tecnológico y de robótica, para pelear a EU y China una gran tajada del comercio mundial, sin apartarse del capitalismo, pero subiendo el poder adquisitivo de sus pueblos.

No optaron por ser competitivos en mano de obra barata, tampoco se enorgullecieron de vivir de remesas que generan ganancias en otras naciones, sino en desarrollar su propia industria, crear su propia planta de empleos bien pagados que exige trabajadores con habilidades muy sofisticadas e hicieron que el mundo les compre productos que solo ellos producen.

De acuerdo con los datos del IMCO, del año pasado al actual, México empeoró en su gasto en investigación y desarrollo (sólo 0.31% del PIB). Empeoró en coeficiente de innovación, bajaron sus exportaciones de alta tecnología y le fue mal en el índice de complejidad económica.

Mientras México no apueste por cambiar su modelo de producción, atrasado, dependiente de naciones innovadoras, cuya ventaja no resida en pagar bajos salarios, no podremos estar en condiciones revertir la pobreza.

No será repartiendo subsidios como vamos a hacer que millones de mexicanos salgan de su situación de pobreza, sino creando una industria con alto valor agregado, invirtiendo en ciencia y tecnología de manera agresiva, elevando de manera dramática y como prioridad nacional el nivel educativo de nuestra niñez, permitiendo a las universidades explotar mejor sus potencialidades y no verlas como meras escuelas marginales de futuros desempleados.

Hay que acelerar la educación superior como nunca, promover de manera selectiva y hasta quirúrgica posgrados que generen investigación y conocimientos nuevos. Invertir en laboratorios, en plantas industriales de nueva generación. De otra manera, el subdesarrollo nos acompañará muchas décadas más. Hay que entender los números que el IMCO nos entrega año con año.