/ martes 11 de mayo de 2021

Ánimo social languidece

Durante los últimos 14 meses, la sociedad mexicana ha sido sometida a muy difíciles pruebas. Cerca de 220 mil hogares están en luto a causa de la pandemia, quiebre de negocios, pérdida de miles de empleos. Niños y jóvenes que han dejado la escuela sin saber si podrán regresar algún día y madres que ya no saben cómo estirar el gasto, tan solo para dar de comer a sus familias.

El ánimo colectivo ha decaído, lo dicen todos en la calle, es la plática común entre vecinos, conocidos, amigos y familiares; se percibe a cada paso, en los mercados y en el transporte; hay enojo por la tragedia ocurrida en la Línea 12 del Metro y por el egoísmo de un gobierno indiferente que se ha mostrado más interesado en las elecciones, que en atender las necesidades más urgentes de la sociedad.

Un estudio de la consultora internacional Ipsos señala que México es el cuarto país de América Latina en el que empeoró más la salud mental durante la pandemia, dado que el 43% de la población considera que su salud emocional se ha visto deteriorada desde que inició la crisis sanitaria.

La investigación detectó que entre toda la gama de emociones que ha traído la pandemia, la emoción que más destaca ha sido la languidez, la cual se ubica en un punto medio entre la ansiedad y la depresión, donde las personas perciben una sensación de estancamiento y vacío.

Según los psicoterapeutas, la languidez es un estado de desmotivación, donde las personas sienten que el tiempo se escapa de sus manos como si se tratara de un tren sin rumbo fijo y disminuyen su productividad por la incertidumbre que genera el contexto actual.

Es la otra pandemia que sigue sin encender alertas en el Sistema Nacional de Salud. Lamentablemente de este problema nadie habla, al contrario se trata de invisibilizar, o en el mejor de los casos, se trata con frivolidad, como ha sido la puesta en marcha del servicio telefónico de apoyo emocional, que a todas luces es insuficiente, no permite dar seguimiento a los pacientes, no asegura el acceso a tratamiento ni a una atención más especializada.

¿Qué se puede esperar cuando fueron esas mismas autoridades que minimizaron la emergencia sanitaria por Covid-19?


Durante los últimos 14 meses, la sociedad mexicana ha sido sometida a muy difíciles pruebas. Cerca de 220 mil hogares están en luto a causa de la pandemia, quiebre de negocios, pérdida de miles de empleos. Niños y jóvenes que han dejado la escuela sin saber si podrán regresar algún día y madres que ya no saben cómo estirar el gasto, tan solo para dar de comer a sus familias.

El ánimo colectivo ha decaído, lo dicen todos en la calle, es la plática común entre vecinos, conocidos, amigos y familiares; se percibe a cada paso, en los mercados y en el transporte; hay enojo por la tragedia ocurrida en la Línea 12 del Metro y por el egoísmo de un gobierno indiferente que se ha mostrado más interesado en las elecciones, que en atender las necesidades más urgentes de la sociedad.

Un estudio de la consultora internacional Ipsos señala que México es el cuarto país de América Latina en el que empeoró más la salud mental durante la pandemia, dado que el 43% de la población considera que su salud emocional se ha visto deteriorada desde que inició la crisis sanitaria.

La investigación detectó que entre toda la gama de emociones que ha traído la pandemia, la emoción que más destaca ha sido la languidez, la cual se ubica en un punto medio entre la ansiedad y la depresión, donde las personas perciben una sensación de estancamiento y vacío.

Según los psicoterapeutas, la languidez es un estado de desmotivación, donde las personas sienten que el tiempo se escapa de sus manos como si se tratara de un tren sin rumbo fijo y disminuyen su productividad por la incertidumbre que genera el contexto actual.

Es la otra pandemia que sigue sin encender alertas en el Sistema Nacional de Salud. Lamentablemente de este problema nadie habla, al contrario se trata de invisibilizar, o en el mejor de los casos, se trata con frivolidad, como ha sido la puesta en marcha del servicio telefónico de apoyo emocional, que a todas luces es insuficiente, no permite dar seguimiento a los pacientes, no asegura el acceso a tratamiento ni a una atención más especializada.

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